martes, 22 de noviembre de 2011

Adonis García, un entrañable chichifo

Una de mis novelas favoritas es El vampiro de la colonia Roma. En una visita que realicé a la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria encontré el libro El personaje gay en la obra de Luis Zapata de Oscar Eduardo Rodríguez (Editorial Fontamara).

Oscar Eduardo Rodríguez considera que Luis Zapata es “el más prolífico escritor de literatura homosexual mexicana, su obra no sólo es reconocida en nuestro país, sino también en el extranjero.” De ahí que Oscar Eduardo se diera a la tarea de realizar un análisis de algunas de las obras de Zapata. Analiza cuentos y novelas, pero sólo me referiré a lo que comenta sobre El vampiro de la colonia Roma.




EN EL PRINCIPIO FUE LA FIESTA DE LOS LILOS

En la introducción el autor dedica algunas líneas a la forma en la que ha evolucionado en México la literatura homosexual. Se hace alusión al “baile de los 41” ya que Luis Mario Scheider lo señala como antecedente histórico de esta literatura en nuestro país.

El “baile nefando” dio lugar a una serie de textos “con formato de narraciones, chistes satíricos, artículos de fondo, cartas amorosas o poemas que ridiculizaban el acontecimiento.” En 1906 se publicó la obra Los cuarenta y uno. Novela crítico social de Eduardo A. Castrejón; esta novela condena y satiriza los actos homosexuales.

El repaso que Luis Mario Scheider hace de la literatura mexicana con temática gay va de los textos que se produjeron a raíz del baile de los 41 a la obra Utopía gay, escrita por José Rafael Calva y publicada en 1983.

Sobre el baile de los 41, Oscar Eduardo anota: “Ese comentado escándalo dio como resultado el anatemizar, en nuestro país, el número 41 en todas sus aplicaciones convirtiéndolo en sinónimo de afeminamiento y mariconería. Como dato curioso, hasta la fecha, en la ciudad de Mérida algunos taxistas dicen, con cierto dejo despectivo, ‘empieza la cuarentera’ para referirse al momento en que los gays salen de los bares buscando un taxi.”

Hace varios años, durante la Semana Cultural Lésbica Gay en el Museo Universitario del Chopo, asistí a una conferencia sobre la homosexualidad en el cine mexicano. En dicha conferencia se presentó un extracto de la película “Modisto de señoras” (1969), misma que protagonizó Mauricio Garcés. El personaje interpretado por Garcés es un diseñador de modas que para tener éxito tiene que hacerse pasar por homosexual, en cierto momento le preguntan cuántos años tiene, a lo que responde que 41.


¿ANTECEDENTE?

Luis Mario Scheider, en el repaso mencionado, menciona la obra El desconocido de Raúl Rodríguez Cetina, misma que se publicó en 1977. Esta obra muestra la vida de un “fichero”, es decir, de un chichifo o talonero. El vampiro se publicó en 1979. Anota Oscar Eduardo: “Deseo subrayar la cercanía en la figura protagónica que hay entre la mencionada novela de Rodríguez Cetina y la de Zapata, pues en ambas los personajes centrales son chichifos, y se podría considerar El desconocido como un antecedente literario de El vampiro de la colonia Roma.”

¿Influyó en Zapata la obra de Rodríguez Cetina? Al hacérsele esta pregunta, Zapata respondió: “La verdad es que la leí después de escribir El vampiro. Así que por ello no se puede decir que haya ejercido influencia alguna. Lo cierto es que hay temas que están ‘como en el aire’ y uno puede coincidir con otro escritor, pero no hubo influencia puesto que no la había leído antes de El vampiro.”


¿UN EXPERIMENTO MALOGRADO?

¿Qué rasgos de la obra de Zapata analiza Oscar Eduardo Rodríguez? Los aspectos formales y estructurales, estilísticos, psicológicos y sociológicos.

El humor y el cine son dos de los factores que pueden encontrarse en los textos de Zapata.

Oscar Eduardo afirma que el humor de Zapata en ocasiones es blanco, en ocasiones negro o ácido, frecuentemente irónico, esto “permite enfocar la figura del homosexual a través de una lente más humanizada, menos estereotipada y más libre de prejuicios." Resalta Melodrama (1983) “obra con la que el autor busca hacer una parodia del género cuyo nombre utiliza como título de su novela.”

Por otro lado, Zapata construye, en El vampiro, un personaje con gran sentido del humor: “Ante sucesos que podrían haber amargado la vida de cualquier otra persona, Adonis reacciona con sarcasmo o con gran sentido del humor o con una mezcla de ambos (...) En Adonis, como en cualquier otro personaje de la picaresca, hay inteligencia, una voluntad muy determinada para no dejarse abatir ante la adversidad y un gran sentido del humor como armas de supervivencia.”

La relación de Zapata con el cine es un factor que influye en la estructura narrativa de algunas de sus historias, sobre todo en la composición de La hermana secreta de Angélica María (1989). Sin embargo, en El vampiro de la colonia Roma son pocas las alusiones al séptimo arte; tal vez porque Adonis descubre que es posible ir al cine a hacer algo más que ver películas.

¿Literatura homosexual o simplemente literatura? ¿De qué sirve el término “literatura homosexual”?, ¿es adecuado?, ¿es algo más que una mera etiqueta? A pesar de haber estado utilizando este término, Oscar Eduardo reflexiona sobre las preguntas anteriores. Otra pregunta: ¿Cómo clasificar adecuadamente El vampiro de la colonia Roma? Oscar Eduardo escribe: “Por su temática puede ser inscrita en varias categorías tales como: literatura gay, novela de género picaresco e incluso como material de referencia para estudios sociales y antropológicos en torno a la prostitución masculina. Todo lo cual habla de su riqueza como obra literaria y de su actualidad, vigente en muchos aspectos aún a veinticinco años de su primera aparición.”

En una entrevista de 1987 el mismo Zapata expresaba que la novela fue mejor recibida en Estados Unidos que en México, ya que llegó a un medio sin prejuicios como el machismo. Sin embargo, Oscar Eduardo hace referencia a una crítica de J.S. Brushwood: Zapata “oscurece su capacidad narrativa al elaborar un malogrado experimento, usando espacios en blanco en lugar de puntuación.”

¡¿Experimento malogrado?! Esta es una de las cosas que me gustan de la novela. Oscar Eduardo expresa: “Estos espacios son un recurso utilizado magistralmente a lo largo de toda la novela y, en mi opinión, distan mucho de ser, como opina Brushwood un malogrado experimento debido a la falta de puntuación, ya que al jugar con tales espacios, en combinación con el contenido del monólogo, sirve al autor para dirigir el curso del mismo y, por ende, de la historia. Es admirable constatar como se cumple lo que tan bien señala J.J. Blanco ‘el truco de Zapata es acertado: excluirse de la novela para dejarle al personaje toda la cancha.’ Y este truco tiene su sustento justamente tanto en el uso de los espacios en blanco como en el hábil manejo del discurso narrativo.”


ENTREVISTA CON EL VAMPIRO

He aquí un dato que -además de sorprenderme- me fascinó.

Zapata creó su personaje a partir de una persona que realmente existió: Osiris Pérez Castañeda, quien murió a principios de los 90. Al respecto ha afirmado lo siguiente: “El vampiro es una novela hecha a partir de grabaciones que llevé a cabo con un muchacho que se dedicaba a la prostitución (a la prostitución con hombres, masculina). Hice como seis horas de grabaciones y tomé ciertos elementos, y fui añadiendo otros. La historia en una parte sería verídica, y en otra sería ficticia.”

Una crítica señaló que el relato de Adonis es recuperado del diván de un psiquiatra, pero el propio Adonis está consciente de que con su testimonio se escribirá un libro (“no le pongas ‘gacho’ en el libro ¿eh?’, ‘pero ps ésa ya la dejamos para otra ocasión ¿no? para otro libro’).


UNA VÍA PARA EL AUTOCONOCIMIENTO

Adonis García no es un tipo maleado, chichifea pero jamás trata de hacer daño, y en muchas ocasiones tiene la oportunidad de hacerlo. No leemos que haya robado para conseguir alcohol o comida. No leemos que le haya robado la cartera a alguno de sus clientes. Con Zabaleta (que es millonario) tiene la oportunidad de robar en grande, y no lo hace.

Afirma Oscar Eduardo que a Adonis su primera experiencia sexual le hace llegar a la convicción de que lo único que vale es el hedonismo puro. Sin embargo no se convierte en un vividor o en alguien sin código moral, tiene sus propias reglas y límites. Según Oscar Eduardo, Adonis, en sus experiencias como chichifo, procura comportarse como un buen cuate: “Sin embargo, salta a la vista que Adonis es alguien a quien le gusta la vida fácil, sin más ambición que sus propias ensoñaciones, en cuya realización no pone gran empeño. Considero que vivir inmenso en la complacencia de los sentidos, obviamente en la medida de sus posibilidades, lo llevan hacia el narcisismo observable en sus fantasías, como la de que algún día, al alcanzar la fama en su oficio, vería su propia estatua en la esquina que más frecuentaba.”

Ejercer la prostitución no lo malea sino que le permite aprender sobre el ser humano y sobre sí mismo, en palabras de Oscar Eduardo: “(con el comercio sexual) logra, sin realmente habérselo propuesto, aprender a conocer un amplio espectro de la naturaleza humana al mismo tiempo que conocerse mejor a sí mismo. El narrador no pretende nunca justificarse, ni ser justificado. Nada de lo que dice tiende a ello, entonces es fácil deducir que sólo se limita a dejar abierta la puerta de su ‘yo’ interno para ser conocido también por dentro.”


JOTEAR O NO JOTEAR

En un apartado titulado Un vampiro de ambiente, el autor afirma que Adonis no suele jotear, y que cuando usa expresiones de ambiente, aclara su significado. También nota que una frase muy usada por Adonis es “de repente”, lo que indica que carecía de planeación en su vida: “Ciertamente es propio del héroe de la picaresca vivir al día.”

Sobre el lenguaje de Adonis, leemos: “el narrador tiene una amplia competencia lingüística, no tanto en riqueza léxica, como en su capacidad de contextualizar su azarosa experiencia de la vida. Su manera de expresarse arroja muchos modismos del caló de la clase media de la ciudad de México de los años 70 (...) Algo que llama mucho la atención es que, aunque el personaje se ve y se identifica a sí mismo como un homosexual (...) su habla difiere mucho del estereotipo gay. Con contadas excepciones, no ‘jotea’, es decir, no hace uso de los vocablos, giros y expresiones atribuidas al habla homosexual que, según Susan Sontag, son ‘una especie de código privado’.”

Adonis no jotea porque no es una loca. El vampiro dice que las locas son las que desprestigian a los “homosexuales de corazón”, a los “homosexuales serios”, “a los que no tenemos que andar gritando a los cuatro vientos que somos putos.”

En las novelas y cuentos de Zapata aparecen homosexuales muy diferentes, lo mismo se puede afirmar de El vampiro. Oscar Eduardo dice que ha contado 49 homosexuales en esta novela, todos ellos con personalidades y preocupaciones distintas. Para Adonis se puede diferenciar entre jotos, locas, closeteros, chichifos y bisexuales; todos ellos son parte de “la gran comunidad gaya”.

La homofobia se presenta de distintas formas en los medios de comunicación, dos de ellas son las siguientes: se personifican homosexuales que puedan ser ridiculizados, o se representa al homosexual como alguien destinado al sufrimiento (no podía ser de otra forma, una perversión así impide el bienestar o la felicidad). Sobre esto y sobre Adonis García, Zapata ha expresado lo siguiente: “Ahí es donde planteo más concretamente la necesidad de presentar un personaje homosexual que no fuera el típico, el que ha aparecido en el cine o la literatura, ya sea ridiculizado como objeto nada más de burla, o bien desde un punto de vista como muy atormentado por su sexualidad. En este sentido el propósito de la novela era presentar un personaje libre, que ejerce libremente su sexualidad, como le da la gana, sin culpas, ¿no?”


Enlaces sobre Luis Zapata:

La literatura de Luis Zapata

Notas para una generación perdida: literatura mexicana de finales del siglo XX

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