martes, 4 de julio de 2017

¡Una entrevista a Juan Chía!

Sí, Mario Adalid de Argoff TV entrevistó a Chía. A principios de la década de los años noventa Juan era uno de los escépticos que invitaba Nino Canún a sus programas de televisión. Con su participación en esos programas y con su columna Parapsicología: lo cierto y lo falso en la revista Duda aprendí pensamiento crítico y por ello le estoy muy agradecido. ¡Muchas gracias Juan! Me emocionó ver esta entrevista (tengo mi corazoncito). 

Busque usted videos de Chía en YouTube, lo verá realizando cirugías psíquicas y recreando con lámparas de vidrio soplado las imágenes que presentaba como evidencia un supuesto contactado.


Por cierto, hace un par de años participé en la antología (coordinada por Jorge Armando Romo) Escepticismo a la mexicana. También colaboró Chía, además de los antiguos miembros de la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica (SOMIE) y otros escépticos. La encuentra usted aquí.

lunes, 3 de julio de 2017

El universo de Ender

Primero leí Consejera de inversiones (novela corta que aparece en la antología Horizontes lejanos), después La voz de los muertos, a continuación vi la película El juego de Ender y días después leí La sombra del Hegemón. Tal vez no sea el orden correcto pero es así como he ido encontrando la obra de Orson Scott Card.



No en todas las obras de Scott Card sobre el "universo de Ender" aparece Andrew Wiggin.

Aparece en El juego de Ender, La voz de los muertos, Ender el Xenocida, Hijos de la Mente y Consejera de Inversiones.

No aparece en La sombra de Ender (en ésta OSC narra lo que sucede en la Tierra después de la guerra con los insectores/fórmicos, Ender y su hermana Valentine se van de nuestro planeta pero quedan los que fueran compañeros de Ender en la Escuela de Batalla, entre ellos Bean y Peter, el hermano mayor de Ender), La sombra del Hegemón, La sombra de la muerte y La sombra del gigante, además de La tierra desprevenida, que escribió con Aaron Johnston (la obra cuenta cosas sucedidas antes de la Escuela de Batalla).



Aquí todos los títulos de la saga.

En La sombra del Hegemón, OSC cuenta lo sucedido en la Tierra dos siglos después de concluida la guerra con los insectores: los niños de la Escuela de Batalla son secuestrados por diversas potencias, ya que se avecina una nueva guerra, los mencionados Bean y Peter se asocian para enfrentar la situación. En La voz de los muertos cuenta lo sucedido con Ender tres mil años después del fin de la mencionada guerra (por los efectos de la relatividad Ender tiene sólo 35 años biológicos). En Consejera de Inversiones Ender tiene veinte años (en la Tierra pasaron unos cuatrocientos años).



Escribí sobre Consejera de inversiones aquí.

Ahora algo sobre la película…



Me gustó, fue emocionante ver a Ender en acción (lo interpretó Asa Butterfield).



Como mencioné, la vi sin haber leído la novela en la que se basó pero después de haber leído Consejera de inversiones y La voz de los muertos, por tanto sabía de que iba El juego. Haberla visto así tiene sus ventajas y sus desventajas.



La ventaja es que no estuve comparando la película con el libro (los libros suelen ser superiores a sus versiones cinematográficas), la vi sin tener expectativas demasiado altas. La desventaja es que ya conocía el conflicto que le ocasionaría a Ender ganar la guerra contra los insectores y, por tanto, no me causó extrañeza el final. Algunas personas que vieron la película sin conocer nada sobre el universo de Ender expresaron -palabras más, palabras menos- que era un absurdo que toda la película se tratara de enfrentar y derrotar a los extraterrestres ¡para que al final Ender se sintiera mal por haberlos destruido y finalmente tratara de salvarlos!



O la película es muy sutil en este punto o quienes expresaron tal cosa no prestaron atención a los detalles.

Los insectores trataron de comunicarse mentalmente con Ender, por ello pudo comprender que ya no deseaban la guerra. La voz de los muertos cuenta la forma en que Ender cumple la promesa de encontrarles un nuevo hogar.



sábado, 1 de julio de 2017

La penúltima verdad 2

Jorge Armando Romo y Adriana Letechipía, ambos de la Tertulia de ciencia ficción de la ciudad de México, platican sobre Dan Simmons y el universo de Ender de Orson Scott Card. Previo a la plática, Jorge Armando compara Contacto de Carl Sagan con La voz de su amo de Stanislaw Lem, ¿han leído las dos novelas?, ¿cuál prefieren?



viernes, 30 de junio de 2017

El Programa Bracero Ferroviario

Lauro Oropeza Sierra (19 de octubre de 1921-13 de agosto de 2007) era mi abuelito materno. En la década de los años cuarenta viajó a los Estados Unidos y trabajó en el mantenimiento de las vías de los ferrocarriles.

                              Mi abuelo materno cargando a un bebé cuya identidad desconozco

Por su parte, mi abuelita materna María Herlinda Bárbara Sánchez de Tagle Ortíz (28 de julio de 1928-15 de enero de 2014) fue enfermera.

                                        Primera de derecha a izquierda de la fila de abajo


Mis abuelos se conocieron poco después de que él regresara a México. Tomando en cuenta que se casaron en enero de 1948, el viaje de mi abuelo debió ser hacia mediados de esa década (no sé cuánto tiempo pasó entre su regreso y su primer encuentro con mi abuela, tampoco sé por cuánto tiempo fueron novios).



Intrigado por conocer más sobre esta parte de la vida de mi abuelo, ya que no platicamos al respecto (desgraciadamente ya no podré escuchar cómo le pareció esa experiencia, cómo se enteró del trabajo, cuánto tiempo estuvo, si hizo amigos, etc.), saqué de la biblioteca Vasconcelos el libro Me voy pa' Pensilvania por no andar en la vagancia (CONACULTA/UNAM, 1996) de Bárbara Driscoll (llegué a éste por una breve investigación en Internet). El título se debe al "corrido pensilvanio", que en una parte dice:

Adiós estado de Texas
con toda tu plantación.
Ya me voy pa'Pensilvania
por no piscar algodón.

Adios, Fort Worth y Dallas,
pueblos de mucha importancia.
Ya me voy pa'Pensilvania
por no andar en la vagancia.

Letra completa aquí.



Me estoy enterando de que mi abuelo participó en el Programa Bracero Ferroviario de la segunda guerra mundial (durante la primera guerra mundial hubo un primer programa bracero).

Dice Driscoll en la introducción:

Desde finales del siglo XIX el trabajo legal e ilegal de emigrantes mexicanos a Estados Unidos se ha identificado generalmente con las labores agrícolas. Sin dejar de reconocer la importancia que tuvo y sigue teniendo esta fuente de trabajo para los emigrantes, también es necesario señalar que, en ciertas ocasiones, otras fuentes de trabajo no agrícola han sido significativas. Tal es el caso, por ejemplo, del trabajo en las minas o en los servicios, particularmente en la región suroeste de Estados Unidos.

Sin embargo, históricamente una de las fuentes de trabajo no agrícola más importante ha sido sin duda alguna la de los ferrocarriles.

En efecto, el reclutamiento de trabajadores mexicanos para los ferrocarriles le permitió a esta industria presionar con éxito para extender el Programa Bracero durante la segunda guerra mundial. Si bien al finalizar el conflicto armado el programa no continuó y su duración fue breve -en comparación con el Programa Agrícola-, éste representa un aspecto fundamental, aunque desconocido, de la migración de los trabajadores mexicanos hacia Estados Unidos.

Así por ejemplo, en un periodo de casi dos años y medio se realizaron cerca de cien mil contrataciones de obreros mexicanos para trabajar en más de una treintena de compañías ferrocarrileras a todo lo largo y ancho del territorio estadunidense.

En muchos sentidos, durante la segunda guerra mundial, esta parte del Programa Bracero se mantuvo como el único proyecto exitoso de migración binacional, pues recibió apoyo tanto del gobierno de Estados Unidos como del de México. Fue la única instancia en la que el gobierno de México pudo mantener su postura frente al gobierno estadunidense, con el fin de proteger a sus trabajadores. Asimismo, se trató de un programa excepcional para la contratación de trabajo temporal, acordado por ambos gobiernos, y cuyo cumplimiento se llevó a cabo con base en acuerdos negociados bilateralmente.

Esto contrasta con el más que bien conocido Programa Bracero Agrícola que se extendió -en gran parte gracias a la presión ejercida por la agroindustria- hasta finales de 1964. Este Programa Agrícola, al igual que el de los trabajadores ferroviarios, surgió durante la crisis de fuerza de trabajo que experimentó Estados Unidos durante la segunda guerra mundial.

De 1943 a 1945, más de cien mil trabajadores fueron reclutados y contratados en México para trabajar en el mantenimiento de las vías ferreas en Estados Unidos como parte del Programa Bracero durante la guerra. Este proyecto se originó como un anexo del Programa Agrícola, al contratar algunos cientos de trabajadores asignados al Programa Ferrioviario. No obstante, y gracias a su éxito, el programa adquirió una autonomía tal que redundó en su crecimiento.



En efecto, los braceros ferroviarios pasaron a ser un sector significativo de la fuerza de trabajo no calificada en el mantenimiento de vías durante el periodo señalado, pues contribuyeron de manera fundamental a la participación de los ferrocarriles en la economía de guerra.

Aunque relativamente desconocido, el Programa Ferroviario representa un capitulo muy importante en la historia de la migración mexicana hacia Estados Unidos, así como de sus relaciones bilaterales. Asimismo, arroja luz sobre el papel, aún no explorado, del trabajo no agrícola realizado por mexicanos en ese país.



Cabe señalar que este programa se llevó a cabo a pesar de la fuerte presencia de los sindicatos de ferrocarrileros en ambos lados de la frontera, factor que generalmente garantiza la protección del mercado de trabajo interno, de los programas diseñados para contratar trabajo temporal.

Igual que con el Programa Agrícola durante la guerra, el reclutamiento de los trabajadores ferroviarios se realizó con base en acuerdos bilaterales cuya administración estuvo a cargo de responsables oficiales de ambos países. En ambos programas se dio un proceso idéntico, ya que, al percatarse los patrones del tipo de trabajadores que podían contratar por medio del programa, incrementaron de inmediato dicha contratación. De la misma forma, y a pesar de los esfuerzos de los negociadores por introducir medidas de protección para los trabajadores, surgieron una multiplicidad de quejas respecto de las condiciones de vida y de trabajo.

No obstante, a diferencia del Programa Agrícola, el reclutamiento de trabajadores ferroviarios mexicanos culminó al finalizar la guerra, tal y como se había acordado desde su inicio, a pesar de los esfuerzos realizados por las empresas ferroviarias para que éste continuara.



Asi pues, el Programa Bracero Ferroviario sigue siendo el único ejemplo de un acuerdo binacional entre Estados Unidos y México, tanto en la negociación como en su operatividad y cumplimiento.

El aspecto más fascinante, respecto del Programa Ferroviario, es que este breve capitulo en las relaciones México—Estados Unidos representa un caso único de acuerdo binacional migratorio exitoso en el que ambos gobiernos estuvieron en condiciones de establecer sus prioridades y llevarlas a cabo. Por un lado, Estados Unidos quería trabajadores no calificados para el trabajo agrícola y para los ferrocarriles, así como para otras industrias; mientras que México estaba en condiciones de apoyar los esfuerzos de Estados Unidos en la guerra por medio del Programa Bracero, aunque sólo en el Programa Ferroviario el gobierno mexicano fue capaz de forzar la definición de un programa binacional limitado.

Así pues, la situación excepcional de los ferrocarriles y la necesidad crítica por parte de Estados Unidos para encontrar fuerza de trabajo durante la guerra crearon el ambiente propicio para una relación equitativa entre ambos países.

martes, 27 de junio de 2017

Carl Sagan y la ciencia ficción

Primer episodio piloto del podcast "La penúltima verdad", el espacio en el que los miembros de la tertulia de ciencia ficción de la ciudad de México hablan de sus intereses. En esta ocasión platicamos sobre Carl Sagan, divulgador científico y en su momento escritor de ciencia ficción.


domingo, 25 de junio de 2017

El Mercurio volante

El médico José Ignacio Bartolache y Díaz de Posadas (1739-1790) fue profesor sustituto de astronomía y matemáticas en la Real y Pontificia Universidad de México. No hay evidencia de que hubiera leído directamente a Isaac Newton (es seguro que lo hiciera a través de Voltaire), pero sí expuso la metodología newtoniana en sus Lecciones de Matemáticas (1769). En otro artículo alabó la física newtoniana, al tiempo que despreciaba la cartesiana.

En Mercurio Volante con noticias importantes y curiosas sobre física y medicina, una publicación periódica que fundó y que contenía en su mayor parte artículos escritos o traducidos por él mismo, trató de hacer llegar el conocimiento al lector común (en español vulgar). En ésta introdujo los métodos y conocimientos modernos; también se lamentaba de que la ciencia fuera vista con temor supersticioso y que no se divulgara, y que la Nueva España estuviera tan absorta en disciplinas teológicas y jurídicas al grado de no permitir el adecuado desarrollo de las artes y las ciencias.

En 1979, la UNAM publicó por vez primera los textos del Mercurio volante acompañados de una introducción de Roberto Moreno.


Dice Moreno: “El doctor José Ignacio Bartolache, a quien se dedica este tomo, es un caso ejemplar del pensador revolucionario ilustrado de nuestro siglo XVIII. La lectura de sus textos, a doscientos años de distancia, no es solamente un ocio de eruditos, sino una experiencia vital sumamente enriquecedora; en ocasiones amarga, a veces divertida, pero siempre sorprendente por la extrema inteligencia y sensibilidad de nuestro sabio criollo, que todavía logra instruir y hacer reflexionar, que son los rasgos que caracterizan a un buen escritor.”

Para su introducción Moreno utilizó el elogió a Bartolache que a principios de agosto de 1790 publicó José Antonio de Alzate.


De importancia para comprender el contexto en el que Fray Manuel Antonio de Rivas escribió sus Sizigias y cuadraturas lunares son los números 2, 3 y 4 del Mercurio volante.

En el segundo, Bartolache, después de explicar que su publicación va dirigida al público en general y a las mujeres y no a los especialistas, y de criticar los sistemas de enseñanza vigentes en la Nueva España “pasa al tema de lo que es la buena física, entendida ésta como la ciencia que se ocupa del conocimiento de los cuerpos, animados e inanimados, por lo que cabe en ella la medicina. El texto es muy interesante por la postura adoptada contra el peripatetismo. Un botón de muestra: ‘Aristóteles, filósofo muy celebrado y muy digno de serlo con tal que no se regule su mérito por sus ocho libros de Physica auscultatione, que dejó escritos de propósito para que nadie los entendiese…’ Es importante la crítica que hace de Descartes y el elogio al sistema de Newton, para Bartolache, el de aprobación universal.”

En otra entrada revisaremos con más detalle este número del Mercurio volante.

Los siguientes dos números estuvieron dedicados a la construcción de termómetros y barómetros. A decir de Bartolache, los libros europeos no desarrollaban esa información porque los filósofos que necesitaban esos aparatos los adquirían con instrumentistas.

martes, 23 de mayo de 2017

DE LAS SORPRESAS QUE SE LLEVA UN FAN (DE HUESO COLORADO) DE "EL VAMPIRO DE LA COLONIA ROMA"

Como ya comenté, estoy leyendo Cabaretito Safari, digo, Safari en la Zona Rosa (Nitro Press, 2015) de Gonzalo Martré.



Apenas me di cuenta de que al final trae las imágenes de la portada y contraportada de la primera (1979) y la tercera edición.



Además incluye imágenes de la fotonovela que incluía la primera edición, de la que dice Martré: "el árabe me publicó la novela pero con fotografías, fui debil y las acepté". Y es que el árabe en cuestión editaba una colección de revistas eróticas (Kamasutra, Fanny Hill, etc.).


También trae los textos "De cómo escribí Safari en la Zona Rosa" obviamente de Martré, "Sobre Martré y Safari en la Zona Rosa" de René Avilés Fabila (1940-2016), "Martré, un bonzo literario" de Iván Farías, "La opulencia narrativa de Gonzalo Martré" de Víctor del Real y "Las noches de Martré" de Humberto Musacchio. 

Por último, esta edición también muestra imágenes de reseñas aparecidas en la prensa.


Antes de comenzar, tengamos en mente algunas fechas: El vampiro de la colonia Roma se publicó en junio de 1979, dos años antes se publicó la novela El desconocido de Raúl Rodríguez Cetina; ambas protagonizadas por chichifos. Safari en la Zona Rosa fue publicada en 1970. 

Martré narra lo que vivió en el Club Safari (que se ubicaba en Hamburgo y Havre) a medidados de los años sesenta, cuando se volvió confidente de varias lesbianas que le contaron muchas anécdotas. 

¿Y cómo llegó el ecritor al lugar? Un amigo suyo (apodado El pez, por andar siempre en el agua) les platicó de éste. Así, Martré recuerda: "Lo especial del lugar consistía en que era concurrido por homosexuales de ambos géneros quienes ahí se daban cita noche a noche. Deberíamos de visitarlo. Fuimos esa noche empujados por el morbo." 

En el Safari había tres secciones: una para hombres homosexuales, otra para lesbianas y otra más (en el centro) en las que estaban los bugas y un grupo musical. En el lugar no se bailaba. 

Martré cuenta que entre las celebridades homosexuales que asistían al Safari estaba Salvador Novo, de quien narra -en la novela- una escena pachequísima (delirante y divertida) con velorio incluído.


El Safari existía, a pesar de la mojigatería del jefe del Departamento del Distrito Federal: Uruchurtu, porque éste era propiedad del licenciado Fernando Romero, jefe de la policía judicial del DF y de quien se decía que era homosexual. Dice Martré que "De ese modo, el Safari conseguía ser el único centro nocturno para homosexuales en esa inmensa ciudad convertida en rancho." El lugar cerró a la muerte de Romero. 

Voy en la página 80 y me ha sorprendido lo que Martré describe. Las escenas sexuales son mucho más explícitas que en la mencionada obra de Zapata. Recordemos que las buenas conciencias se escandalizaron y llegaron a decir que El vampiro se vendiera en bolsitas de plástico para que no fuera posible hojear ese libro pornográfico. Pues Martré narra que una vez que cerraba el Safari, los clientes iban a seguir la fiesta a otro antro o a alguna casa. En las casas seguían bebiendo, drogándose y terminaban teniendo sexo casual (relaciones hetero y homosexuales). Por esta obra, Martré fue llamado "pornógrafo". 

Comparadas con las que aparecen en Safari en la Zona Rosa, las escenas sexuales en El vampiro de la colonia Roma son un juego de niños. Farías escribe: "En Safari en la Zona Rosa de muchas maneras se vislumbraba la libertad para hablar sin cortapisas sobre la sexualidad en la literatura, libertad que acabaría lográndose años después. No por nada esta novela se volvería objeto de culto entre la comunidad gay, principalmente entre las lesbianas, que veían una historia que hablaba de ellas sin señalarlas. Sería también precursora de aquella otra novela nodal, El vampiro de la colonia Roma". Martré agrega que su obra llegó a ser el libro de cabecera de las lesbianas mexicanas. 

Sin embargo, no recuerdo que se mencione esta obra de Martré en la lista de obras con temática homosexual. No recuerdo, por ejemplo, que se le mencionara en el número 17 de la serie Tema y Variaciones de Literatura (de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana), que estuvo dedicado a la Literatura Gay (aunque revisaré si mi memoria me traiciona). Puede buscar usted mismo aquí

A pesar de lo anterior, Musacchio considera que la obra de Martré "anuncia la literatura gay, a la que se adelanta toda una década. Es una novela precursora, pero no sólo eso, porque la novela, apenas el segundo libro de Martré, vale por la forma eficaz en que fluye la narración, gracias a una prosa rítmica y ágil, al humor y el agudo sentido de observación del autor, quien es, como diría algún cocainómano, un escritor en toda línea. Por eso hay que leerlo."


Avilés Fabila escribió que los nuevos lectores "descubrirán a un narrador mordaz que no tuvo empacho en usar el lenguaje popular para satirizar a la insufrible burguesía nacional. Con esta nueva edición de su obra inicial, Gonzalo deja constancia de su tenaz trabajo literario que se dejó orientar por su espíritu burlón , al que nada ni nadie pudo frenar. No ha dejado títere con cabeza. Intelectuales afamados, políticos poderosos, críticos mamones, todos han sido sometidos a disecciones agudas." 

Por su parte, Farías dice que Martré, con esta obra, "pasa cuchillo a la mojigata sociedad mexicana que en esa época, merced a los cambios sociales en el mundo, comenzaba a abrir su sexualidad y daba visos de una apertura que a la fecha sigue espantando a muchos." 

¿Cuánto ha cambiado la sociedad mexicana, en cuanto a la aceptación de la diversidad sexual, desde aquellos años del Club Safari hasta hoy? Muchos siguen viviendo en aquella época (saludos al Frente Nacional por la Familia y al que han convertido en su psicólogo de cabecera), la que Musacchio describe así: 

La aparición de tan connotado bar de homosexuales -todavía no entraba la palabra 'gay' a nuestro lenguaje- era vivido ambiguamente por la sociedad, que por una parte expresaba la gana colectiva de quitarse ataduras, pero de igual modo se intimidaba ante el avance de los raros, los diferentes, cuando se creía que la homosexualidad era una enfermedad, como lo asume el propio autor de la novela, quien atribuye esa condición a "problemas de la niñez, traumas, educación deficiente o equivocada, complejos y otros fenómenos individuales", como inclinaciones "que pudieron ser reprimidas y evitadas por un experto" para que el personaje en ese trance "pudiera ser un hombre normal". Era la mentalidad de la época hoy afortunadamente superada, pues sabemos que la sexualidad no es unívoca y que las numerosas expresiones eróticas conocidas son una condición natural en la infinita diversidad de los seres humanos.

martes, 16 de mayo de 2017

Dos novelas con temática homosexual, dos tratamientos distintos

Me encantan mis lecturas para los siguientes días: Los cuarenta y uno: novela crítico-social de Eduardo A. Castrejón y Safari en la Zona Rosa de Gonzalo Martré. 

En el primer trimestre del año 2010, en la UAM-I, llevé como optativa Narrativa mexicana del siglo XX. Un curso que disfruté mucho, leímos a Inés Arredondo, Rosario Castellanos, Carlos Fuentes, Elena Garro, Joaquín Hurtado, Eduardo Antonio Parra y Nadia Villafuerte, entre otros autores. De la novela de Eduardo A. Castrejón (que se publicó en 1906), el profesor, cuyo nombre no recuerdo, dijo que era de baja calidad literaria, pero que si teníamos curiosidad podía prestárnosla. Yo no se la pedí, no volví a verlo después de ese curso. 

Encontré la novela en la biblioteca Vasconcelos, la publicó la UNAM en el 2010, incluye un estudio crítico de Robert McKee Irwin y el prólogo de Carlos Monsiváis. Al fin sabré si es tan mala como nos dijo el profesor. 

Robert McKee Irwin dice que Eduardo A. Castrejón es el seudónimo del general Mariano Ruiz Montañés (1846-1932), quien se dedicó a la milicia y a la política. Otros de sus escritos son "Leyenda histórica del territorio de Tepic" (1914), "Reminiscencias históricas" (1926) "Leyenda histórica de los estados de Michoacán, Jalisco y Nayarit" (1927) y varios poemas (uno de éstos lo dedicó a Porfirio Díaz). 

Aquí más sobre "el baile de los 41".

El único Safari que conocí en Zona Rosa fue el Cabaretito Safari, pero no es sobre ese lugar del que trata la novela de Martré. Martré narra en esta novela lo que vio en el Club Safari. Sobre eso platicó acá



Cabaretito Safari, digo, Safari en la Zona Rosa, publicada por vez primera en 1970, incluye, en la edición de Nitro Press, el prólogo de Carlos Gómez Carro. 

Entre otras cosas, dice: 

Es una novela de tema homosexual, pero con un tratamiento inusual, al menos en nuestro medio. En el 64, Miguel Barbachano Ponce había incursionado con una novela de tema análogo, El diario de José Toledo. La relación amorosa entre dos hombres es su tema, no obstante, tanto en esta novela como en otros relatos que aparecen por aquella época -la novela El norte de Emilio Carballido; los cuentos "Los amigos" (1962), de Juan Vicente Melo, "El viaje de Berenice" (1962), de Jorge López Páez, y "A la víbora de la mar" (1964), de Carlos Fuentes- se puede percibir que se trata de un asunto escabroso, hay una mirada culpable, lo mismo que en la incursión autobiográfica que emprendiera Salvador Novo, La estatua de sal (concluída en 1945, pero publicada hasta 1998). (...) Lo que inaugura la obra de Martré no es, entonces, el tema, sino su tratamiento. No lo ubica como un asunto clandestino o encubierto por la sordidez culpable, sino por un sentido carnavalesco: la obra marteana anula cualquier sentimiento de culpa causada por las relaciones homosexuales de sus personajes masculinos, y lésbicas, de parte de los femeninos. (...) No hay culpabilidad ni castigo, estamos lejos de Sodoma y Gomorra, lo que no deja de ser uno de los afortunados hallazgos de una obra habitada por una cofradía de libertarios de todo género, habitantes de ese Safari, antes que libertinos. 

Y se pregunta el prologuista: "¿Por qué una novela como El vampiro de la colonia Roma (1979), de Luis Zapata, se vuelve una obra especialmente difundida, y que trata el tema de la homosexualidad de una manera abierta y desenfadada -muchos la consideran una obra precursora en este sentido-, a través de su personaje Adonis García (quien deambula por algunos de los mismos pasajes de Safari en la Zona Rosa), lo mismo sucede con El beso de la mujer araña (1976), de Manuel Puig, cuyos personajes también logran trascender las fronteras de la diferenciación hetero y homosexual -incluso política- y no la obra de Martré que las precede?" 

La respuesta del prologuista descúbrala usted y también descubra el mundo que revela Martré en esta novela, como haré yo en los próximos días.

domingo, 7 de mayo de 2017

Estudios sobre religión y religiosidad

El cotidiano. Revista de la realidad mexicana actual es una publicación de la Universidad Autónoma Metropolitana. Su número de septiembre-octubre de 2011 (el 169) lo dedicaron a la religión y los jóvenes. En aquel entonces no pude conseguir la revista (no la tenían en la librería de la UAM Iztapalapa), pero ya puede consultarse aquí.


El número 185 (Mayo-Junio 2014) lo dedicaron al tema "sociedad y religión". Publicaron un artículo titulado "Esoterismo y jóvenes: el reencuentro de un vacío". 

"La autora analiza en este artículo el incremento del esoterismo entre los jóvenes en plena era de la información. Argumenta que, para la juventud, las prácticas mágico-religiosas son un juego de azar y las energías son como la vida. Es determinar el futuro, que en ocasiones es aburrido y tedioso; jugar al azar cambia el sentido de su vida, se arriesga, tal vez se acierte o no. Por tanto, deben observarse las prácticas esotéricas, las cuales seducen a los jóvenes al ofrecerles una vía para entender a la sociedad contemporánea." 


El artículo puede consultarse aquí. Y el número completo aquí

domingo, 23 de abril de 2017

De la institucionalización de la enseñanza de la física en la Nueva España

Vimos en una anterior entrada (ver aquí) que debido al estado en el que se encontraba, al menos desde principios del siglo XVIII, la minería mexicana en cuanto a la extracción de la plata, en 1774 (cerca de la fecha en que Fray Manuel Antonio de Rivas escribiera las Sizigias y cuadraturas lunares) Juan Lucas de Lassaga y Velázquez Cárdenas de León enviaron al rey un documento en el que proponían la creación de un Tribunal de Minería y la fundación de un Colegio o Seminario Metálico en la Ciudad de México.


Argumentaron que la minería podía beneficiarse de la geometría práctica, la estática, la maquinaria y la hidráulica. Fue un paso a favor de la instucionalización de la enseñanza de la física en la Nueva España. 

La Sociedad de ex-alumnos de la Facultad de Ingeniería publicó en 1979 el documento de los dos personajes mencionados, dicha publicación incluye una introducción de Roberto Moreno (1943-1996). 


Moreno aclara lo que se debe entender por "decadencia" cuando se habla de la minería novohispana y describe proyectos anteriores al de Juan Lucas de Lassaga y Velázquez Cárdenas de León. 

El documento de estos últimos es bastante extenso (es un proyecto económico-administrativo bastante completo), las siguientes imágenes corresponden solo a la parte en la que se habla de los estudios de física que podrían beneficiar la explotación de las minas.





Sobre Roberto Moreno y su obra: Opinión del texto La diversidad del siglo XVIII Novohispano y Dedicó Roberto Moreno y de los Arcos su vida a la investigación.