miércoles, 25 de febrero de 2015

HOMEOPATÍA

Episodio 35 del programa de radio La mala cabeza (18 de febrero). 
Conducen: Rodrigo Vidal y Alfredo Villegas.
Tema: Homeopatía.


Click aquí para escuchar.

martes, 24 de febrero de 2015

¿PARE DE SUFRIR O SUFRIR ES EL MEJOR NEGOCIO?

El próximo viernes se estrena la película “González: falsos profetas” del director Christian Díaz Pardo.

González (interpretado por Harold Torres) es un ateo que, debido a su difícil situación económica, termina trabajando en un “templo” similar a los de la Iglesia universal del reino de Dios/Oración fuerte al Espíritu Santo/Pare de sufrir/Centro de ayuda Universal.

La película muestra la forma en que este tipo de “templos” exprime económicamente a sus fieles.

sábado, 21 de febrero de 2015

Be Witness/Sé testigo: Jaime Maussán (8)

¿Las "nuevas y sorprendentes imágenes que prueban el caso Roswell" muestran sólo una momia exhibida en un museo?


Cuadernos de Bitácora 48: Las Diapositivas del Extraterrestre de Roswell ¿Evidencia definitiva?

Be Witness/Sé testigo: Jaime Maussán (7)

Esta reseña la publiqué originalmente en Las patillas de Asimov. La presento nuevamente porque el autor del libro reseñado se refirió al caso del que pretende presentar nuevas pruebas el charlatán Jaime Maussán.


El mito de los visitantes extraterrestres dentro de la literatura de divulgación científica

En la segunda parte de Cuando la ciencia nos alcance (publicada también dentro de la colección La ciencia para todos), el físico Shahen Hacyan pública un apartado titulado “Jung y los OVNIs”, aquí analiza a los ovnis “no como posibles objetos provenientes del espacio extraterrestre sino como manifestaciones de un fenómeno psicológico colectivo.”

En 1958, Jung publicó el libro Platillos voladores: un moderno mito de cosas vistas en el cielo; con el tiempo los trabajos de Jung influirían en algunos investigadores OVNI y nacería la llamada Hipótesis Psicosocial.

“Jung deduce un contenido simbólico sexual y concluye que existe una conexión entre pulsiones sexuales y ovnis (aunque aclara que él, a diferencia de Freud, no asigna un papel preponderante a los instintos sexuales). Jung murió en 1961 y su teoría, si bien raya en lo esotérico, no deja de tener aspectos proféticos. Es una lástima que no haya vivido para presenciar la evolución ulterior del fenómeno de los ovnis, justamente en una dirección que él llegó a vislumbrar. La siguiente etapa del mito fue la llamada ‘abducción’ por extraterrestres para practicarles extrañas operaciones, por lo general en sus órganos sexuales. Y finalmente, como mencionamos en otras ocasiones, con los ovnis estamos en presencia del nacimiento de un nuevo mito, con todo y seres fantásticos que llegan de los cielos y tienen contactos (incluso sexuales) con los mortales terrícolas.”


En el siguiente apartado analiza un mito moderno: el platillo volador que supuestamente se estrelló en Roswell. Los escépticos han podido encontrar la verdad en este asunto:

“En un libro reciente, UFO Crash at Roswell, C. B. Moore, ingeniero que participó en su juventud en el programa de lanzamientos de globos sonda en Nuevo México, describe con todo detalle el proyecto militar e identifica, gracias a los informes de la época y los archivos meteorológicos, uno de los lanzamientos, el efectuado el 4 de junio, como aquél que terminó en pedazos en la granja de Brazel. Los otros dos autores del libro son los antropólogos B. Saler y C. A. Ziegler, quienes analizan la génesis de este mito moderno y proponen la tesis de que el fenómeno de los ovnis tiene mucho en común con las experiencias religiosas y todo lo relacionado con ellas, como los mitos, las verdades reveladas, las sectas, etcétera.”

En el tercer y último apartado dedicado a los no identificados, el autor escribe sobre “Ovnis, mitos y religión”.

Los hechos reales que condujeron a la formación del mito son suficientemente claros -señala-, pero la historia real por sí sola no explica por qué el mito se volvió tan popular. Eso ya pertenece al dominio de la psicología de masas. Cita a los autores de Ufo Crash at Roswell:

“Lo único disponible en este caso, no es un platillo chocado o los cuerpos de extraterrestres, sino más bien libros que contienen historias sobre platillos chocados y cuerpos de extraterrestres. Porque éstas son las historias que han afectado a nuestra sociedad, son estas historias las que necesitan explicarse.”

Pero si detrás de los OVNIs no hay más que una nueva leyenda o religión ¿cómo explicamos su origen? “...todo mito empieza con algún suceso real que, al ser comunicado por los narradores, adquiere dimensiones fantásticas. A medida que se propaga, aparecen testigos que corroboran el mito y le aportan nuevos elementos, mientras que otros testigos, aquellos que niegan los hechos sobrenaturales, simplemente son excluidos de la historia... Muchas veces los testigos actúan de buena fe y están convencidos de que vieron algo inexplicable, pero nunca se investiga si se trató de un error de apreciación o de una alucinación. Y por supuesto, alrededor del mito, también surgen los charlatanes que aprovechan para hacer jugosos negocios.”

Lo interesante es que -acertado o no- Shahen Hacyan reflexiona sobre el fenómeno ovni, su origen, su evolución y sus posibles causas: “...algunas ideas del fundador del psicoanálisis podrían extenderse al fenómeno moderno de los ovnis. Según Freud, el niño pasa por un período de indefensión ante sus padres y, en general, ante el mundo que lo rodea y que le resulta incomprensible. Después, adulto, el hombre transforma en su imaginación las fuerzas de la naturaleza en seres humanos, pero además ‘...las reviste de un carácter paternal y las convierte en dioses, conforme al prototipo infantil...’. Así, no es casual que en todas las religiones los dioses tengan características paternales; son a la vez protectores y represores. Siguiendo estas ideas, podemos advertir que el hombre moderno también vive desde su infancia en un mundo que le resulta incomprensible, con todos los adelantos tecnológicos de los adultos. El niño ve cómo sus padres manejan automóviles, aparatos electrónicos y todo tipo de máquinas que, si bien fueron construidos por otros seres humanos, le resultan tan misteriosos como cualquier otro fenómeno natural. De adulto, entonces, el individuo tratará de recrear esa experiencia infantil imaginando seres espaciales poseedores de una tecnología sobrehumana, tal como nuestros antepasados crearon la ilusión de los dioses para mitigar su desasosiego ante las fuerzas de la naturaleza.”

Son este tipo de reflexiones las que hacen que el libro de Hacyan resulte atractivo para los interesados en el fenómeno ovni.

En los dos volúmenes de Cuando la Ciencia nos Alcance, Shahen Hacyan no sólo se ocupa de los milagros, los ovnis y la astrología. La historia secreta de la bomba atómica, los misterios de la mecánica cuántica, las supercuerdas, el viaje a las estrellas, y la enseñanza de la ciencia, son temas que también expone.

Be Witness/Sé testigo: Jaime Maussán (6)

En el número 5 de la revista Planeta X (primavera del año 2000), Luis Ruiz Noguez se refirió al caso Roswell. La revista la dirigía Óscar García.



miércoles, 18 de febrero de 2015

Be Witness/Sé testigo: Jaime Maussán (5)

El mito de Roswell seguirá existiendo: Alejandro Agostinelli

Participación del periodista Alejandro Agostinelli en el programa de radio Su atención por favor (8 de julio de 2013). Tema: 66 años de la noticia de la caída y recuperación de un supuesto plato volador.

domingo, 15 de febrero de 2015

Be Witness/Sé testigo: Jaime Maussán (4)

Los improbables MJ-12 o Los ufólogos y los duendes

En YouTube pueden encontrarse varios de los debates que organizaba Nino Canún en su "¿Y usted qué opina?". Desgraciadamente ya no puede verse uno en el que el investigador Óscar García debatió con Maussán acerca de los documentos MJ-12.

García argumentaba que Philip Klass había podido demostrar que la firma de Harry Truman (del documento Truman-Forrestal) era una falsificación. Maussán le respondía (algo como) "Ya Mario Méndez Acosta dijo lo mismo en otro programa". Y remataba: "No me vas a hacer dudar de los MJ-12". Pero en realidad la duda debería surgir sola -independientemente de lo descubierto por Klass- ante estos documentos. En otras palabras: cualquier investigador serio debería poner en duda la veracidad de esos supuestos informes. ¿La razón? Sus orígenes, mismos que aclaró García en el mencionado programa.


Texto que apareció en el número especial de la revista Contacto Ovni sobre la autopsia extraterrestre

"Entonces no conoces la historia del MJ-12", le dijo García a Maussán, después de que éste último negara la historia narrada por el primero. Pero, ¿cuál es el origen de los MJ-12? Carl Sagan lo contó en El mundo y sus demonios:

"Una de las intersecciones más estimulantes que se han comentado entre los ovnis y el secreto son los llamados documentos MJ-12. A finales de 1984, según cuenta la historia, apareció un sobre que contenía un rollo de película expuesta pero no revelada en el buzón de un productor de cine, Jaime Shandera, interesado en los ovnis y en el encubrimiento del gobierno (no deja de ser curioso que ocurriera justo cuando salía para ir a comer con el autor de un libro sobre los supuestos acontecimientos de Roswell, Nuevo México). Cuando revelaron la película, 'resultó ser' página tras página de una orden ejecutiva altamente reservada, 'sólo para lectura', con fecha de 24 de septiembre de 1947, en la que el presidente Harry S. Truman aparentemente nombraba un comité de doce científicos y oficiales del gobierno para examinar una serie de platillos volantes accidentados y pequeños cuerpos de extraterrestres. La formación del comité MJ-12 es destacable, porque en él constan exactamente los nombres de los miembros militares, de inteligencia, de ciencia e ingeniería que habrían sido convocados a investigar estos accidentes si hubieran ocurrido. En los documentos MJ-12 hay sugestivas referencias a apéndices sobre la naturaleza de los extraterrestres, la tecnología de sus naves y cosas así, pero no se incluyen en la misteriosa película.

Imagen del número especial de la revista Contacto Ovni sobre ovnis estrellados en el mundo (a cargo de Maussán)

"Las Fuerzas Aéreas dicen que el documento es falso. El experto en ovnis Philip J. Klass y otros encuentran inconsistencias lexicográficas y tipográficas que sugieren que todo es un engaño. Los que compran obras de arte se preocupan por la procedencia de sus cuadros, es decir, quién fue el último propietario y quién el anterior, y así hasta el artista original. Si faltan eslabones en la cadena -si sólo se puede seguir el rastro de un cuadro de trescientos años de antigüedad durante sesenta y después no tenemos ni idea de en qué casa o museo estaba expuesto- surgen señales de aviso de falsificación. Como el beneficio para los falsificadores de arte es muy alto, los coleccionistas deben ser especialmente cautos. El punto más vulnerable y sospechoso de los documentos MJ-12 radica precisamente en esta cuestión de procedencia: una prueba dejada milagrosamente en el umbral, como salida de una historia de cuento de hadas, quizá 'El zapatero y los duendes'.

"Hay muchos casos similares en la historia humana: súbitamente aparece un documento de procedencia dudosa con información de gran importancia que sostiene con contundencia la argumentación de los que han hecho el descubrimiento. Después de una cuidadosa, y en algunos casos valiente, investigación se demuestra que el documento es falso. No cuesta nada entender la motivación de los embaucadores. Un ejemplo más o menos típico es el libros del Deuteronomio: lo descubrió el rey Josías en el Templo de Jerusalén y, milagrosamente, en medio de una importante lucha de reforma, encontró en él la confirmación de todos sus puntos de vista"

Aquí puede leerse de cuando Klass desenmascaró el fraude MJ-12.

jueves, 12 de febrero de 2015

Be Witness/Sé testigo: Jaime Maussán (3)

Entre los múltiples fraudes alrededor del caso Roswell está el libro "The Day After Roswell" de Philip Corso.
 
En enero de 1998 Nino Canún organizó el que sería el último debate sobre ovnis en la serie “¿Y usted qué opina?” Al inicio del programa Jaime Maussán hizo un resumen del material que presentaría a lo largo de la noche, entre otras cosas afirmó (recuerde el tono de estar revelando grandes verdades):
“Tenemos preparada información que demuestra la validez de la autopsia al ser extraterrestre, que fue realizada el tres de julio de 1947 en la Base de Forth Worth, en Texas; y también tenemos videos e información de la llamada Área 51, para nuestros amigos que quieran saber más, y nuestros amigos escépticos que quieran debatir al respecto, creo que hay muchos elementos ya que demuestran la realidad de lo que está sucediendo ahí (...) Por otro lado, tenemos también mucha información respecto a los implantes, una de las áreas más nuevas en la investigación del fenómeno, que demuestra que muchas personas que dicen que han sido secuestradas, después presentan en el interior de sus cuerpos extraños objetos que también demuestran la realidad de lo que les pasó.”

Durante el debate se habló del libro en el que Philip Corso narra sus pato-aventuras...

Cuenta la leyenda ufológica que de los sesudos análisis hechos a las naves extraterrestres estrelladas y recuperadas por los Estados Unidos se han logrado importantes avances científicos y tecnológicos. En su obra Corso afirma que se encargaba de introducir esos avances –ocultando su verdadero origen- en diversos institutos y laboratorios.

A los cuestionamientos de los escépticos Maussán respondía: “La persona que está afirmando que el microchip, el rayo láser y la fibra óptica... todos estos elementos dice esta persona que fueron extraídos de las naves extraterrestres que se estrellaron, ¿quién lo dice? Lo dice una persona que estaba en el Pentágono, que era un general, que estuvo encargado durante varios años de una oficina que se llamaba ‘de material extranjero’, que fue la misma oficina que estuvo encargada de canalizar todos los descubrimientos recopilados de la Alemania nazi, y que fueron lentamente introducidos a la tecnología estadounidense a través del área militar (...) lo propone alguien que es un coronel que estuvo en el Pentágono y que tuvo una oficina ahí, durante varios años, no es cualquier hijo de vecina, no es Juanito que está diciendo que esto sucedió; ese señor estuvo a cargo de esta investigación y de introducir esta tecnología dentro de la industria norteamericana a partir de 1961.”

¿Hay evidencia de que tal cosa es real? A continuación la respuesta de Karl Pflock. La traducción es de Julio Arcas Gilardi, a quien agradezco su permiso para publicarla aquí.

DESPUÉS DE ROSWELL
Por Karl Pflock


The Day After Roswell de Philip Corso tiene un aire de "déjá-vu". De pequeño flash-back. El tema básico en las obras dedicadas a accidentes de platillos volantes se remonta a los años cincuenta, con la publicación en 1950 de Behind the Flying Saucers, el best-seller del periodista Frank Scully. En 1949, Scully conoció a dos timadores profesionales, Silas Newton y Leo Gebauer, que respectivamente pretendían ser un empresario petrolero de Texas y un científico empleado por el gobierno americano, especializado en magnetismo. Inspirándose en artículo de prensa sobre el montaje publicitario perpetrado en 1949 por el productor de la película de ciencia ficción The Flying Saucer, Newton y GeBauer - el Dr. Gee en el libro de Scully - contaron al crédulo periodista de Variety que un platillo se había estrellado cerca de Aztec, en Nuevo Méjico, en marzo de 1948, muriendo los dieciséis "humanoides" que iban a bordo. Poco después, dijeron ellos, otros dos platillos se estrellaron en Arizona, muriendo igualmente su desgraciada tripulación.


Según Newton y GeBauer, las naves y los cuerpos fueron recogidos y transportados a un lugar desconocido por la Air Force, que intentaba descubrir y utilizar los secretos de la tecnología extraterrestre. GeBauer, afirmaba haber participado en las operaciones de recuperación y explicó a Scully que los platillos no tenían ningún motor y no utilizaban combustible similar al nuestro, "probablemente volaban siguiendo las líneas de fuerza magnética". Sus tripulaciones se mantenían gracias al agua pesada y a "pequeños barquillos", aunque la menor de las tres naves no contenía ni alimento ni reserva de agua y tampoco poseía lugares de descanso o baños, contrariamente a las dos mayores.

Cuando la Air Force recuperó los platillos, GeBauer pudo conservar algunas muestras para sus investigaciones: "una radio sin lámparas, unos engranajes, pequeños discos y otras muestras que podían meterse en el bolsillo". Scully pudo ver tales materiales y escribió: "Más de 150 ensayos no pudieron fragmentar el metal de los engranajes", que era "de una composición desconocida para los ingeniero de este planeta"; y "funcionaban sin juego ni lubricante". Una de las primeras aplicaciones del trabajo de GeBauer sobre tales maravillas extraterrestres fue la fabricación de un pequeño vehículo volador que podía detectar petróleo, cuyo mecanismo estaba basado en un aparato magnético extraterrestre. La aparición de la historia de Newton y GeBauer en el best-seller de Scully, que los presentaba como sujetos con acceso a una tecnología de otro planeta y a los secretos oficiales más importantes, reforzó su credibilidad frente a los posibles inversores de su detector de petróleo. El periodista y futuro abogado de la causa ufológica Donald Keyhoe, que investigaba el asunto de los platillos volantes para la revista True, se ocupó del tema descubriendo que todo era un montaje.

Dos años después, tras realizar una cuidadosa investigación, J.P. Cahn reveló el amplio historial de fraudes protagonizados por Newton y GeBauer (True, septiembre de 1952). No obstante, todavía hay personas en la actualidad que se toman en serio aquella historia - sin hablar de sus diversas variantes. The Day After Roswell es un Behind The Flying Saucers audazmente adaptado al sabor X-Files. En este caso, sin embargo, Corso, como artista consumado, reemplaza al individuo mediocre que era GeBauer y, con un poco de ayuda, redacta él mismo el libro. No propone ningún detector de petróleo: exclusivamente un libro, cuya primera edición alcanza la cifra de 80.000 ejemplares.

Antes de examinar las afirmaciones de Corso, es importante destacar que a pesar de las explicaciones de su editor sobre "documentos desclasificados gracias a la ley para el libre acceso a documentos en poder de la administración", no plantea absolutamente nada que pueda reforzar sus declaraciones sobre la cuestión de los platillos estrellados y las tecnologías extraterrestres, salvo aludir a documentos algunos de ellos auténticos y otros amañados, que son bien conocidos de los especialistas en el fenómenos ovni. Nada. Absolutamente nada que sea de peso, Utiliza la credibilidad que supuestamente le otorga su carrera militar como garantía en el prefacio de su libro, redactado por un senador americano distinguido y se contenta con decir: "Confíe en mí. ¿Cómo podría mentir un tipo como yo?".

El examen del dossier de Corso confirma que se retiró del U.S. Army en 1963 con el grado de teniente coronel, después de 21 años de servicio, principalmente como oficial de información y en artillería (misiles antiaéreos). Parece que sirvió durante unos cuatro años en el estado mayor del National Security Council bajo el mando de Eisenhower y formó parte del estado mayor del general MacArthur en Japón durante la guerra de Corea y en Vietnam en relación a los americanos detenidos en Rusia, Corea, China y Vietnam. Entre 1961 y su retiro, sirvió y dirigió durante unos meses el Foreing Tecnology División en el Pentágono, informando directamente al legendario Teniente-general Arthur Trudeau, jefe de investigación y desarrollo y antiguo director de información militar. Las pretendidas aventura de Corso durante este periodo forman el cuerpo central de su libro.


Corso explota el ambiente paranoico que reina entorno a las ocultaciones del gobierno. Al igual que Newton y GeBauer, se inspira y explota no solamente las distintas versiones del pretendido crash de Roswell (cuya embarullada y entretenida compilación abre el libro), sino también todos los temas y conceptos asociados a los platillos, sean antiguos o recientes: las mutilaciones de ganado, la comisión Robertson, los semilleros humanos y de material genético humano, Nikola Testa, las abducciones, la guerra de las galaxias como defensa anti-ovni, la invasión extraterrestre por infiltración, el proyecto Blue Book como frente de relaciones públicas mientras que Moon Dust y Blue Fly constituían los auténticos proyectos ovni, Paul Biefeld y Towsend Brown, la película de la criatura de Roswell de Santilli, los extraterrestres como forma de vida artificial genéticamente modificada (nuestros viejos amigos los EBE, las Entidades Biológicas Extraterrestres), Robert Sarbacher y Wilbert Smith, el MJ-12... e incluso la colaboración entre los extraterrestres y los Nazis, presentando de este modo una auténtica teoría unificada de casi todo lo que es relevante en ufología.

En la época en que perteneció a la oficina de tecnología exterior sobre investigación y desarrollo militar, Corso pretende que era responsable del "dossier Roswell" en el ejército y también de la distribución de la tecnología extraterrestre descubierta a la industria americana. No obstante, fue muchos años antes - exactamente el 6 de julio de 1947- cuando Corso pretende haber tenido un primer esbozo de lo que significaba Roswell. Mientras que hacía su ronda como oficial de guardia en Fort Riley, Kansas, un soldado compañero de bolos de Corso le introdujo en el antiguo edificio veterinario del cuartel para ver el cargamento de un convoy de camiones que procedían de Roswell hacia la base de Wright Field en Ohio. Corso abrió una cámara y vio una criatura no humana que flotaba en un gran contenedor de vidrio. Presintió que el ser procedía del espacio. Con la preocupación consiguiente, nos cuenta, el joven Corso prosiguió su ronda, esforzándose por olvidar el asunto - extraño presagio de su asignación a la F.T.D. unos decenios más tarde.

En 1961, cuando Corso comenzó a trabajar en la F.T.D. en el análisis y evaluación de tecnologías militares extranjeras, el general Trudeau le confió un trabajo mucho más importante. Se le entregó un archivador de anillas que contenía no solamente informes de platillos sin motor, ni gasolina o alimentos y propulsado por campos magnéticos capturado en Roswell, así como informes médicos de los cadáveres de la tripulación genéticamente modificada, sino también fragmentos auténticos de increíbles tecnologías de otro planeta. Parece que por oscuros motivos burocráticos y de seguridad, tales maravillas no habían sido utilizadas. El general Trudeau estaba decidido a que las cosas avanzaran. El trabajo de Corso consistía en introducir esas tecnologías en los departamentos de investigación y desarrollo de la industria y el gobierno, utilizando los contratos y programas de defensa existentes, arreglándoselas para que su auténtico origen se disolviera como una niebla matinal.

Corso nos cuenta que se entregó a su misión con celo. Trabajó largas noches en el Pentágono, redactando informes para Trudeau, vertiendo en papel sus evaluaciones sobre las tecnologías extraterrestres y sus brillantes deducciones sobre su funcionamiento y posibles aplicaciones, lo cual con sus dos años de estudios técnicos a nivel de instituto le había otorgado una buena preparación. Vestía ropa civil para presentarse en lugares tales como IBM, los laboratorios Bell, Dow Corning y los laboratorios de investigación militar de Fort Belvoir, en Virginia, Tal como una auténtico filántropo discreto, presentó sus maravillas a los científicos e ingenieros más variados que le estuvieron eternamente reconocidos, antes de desvanecerse con rapidez en los laberintos del Pentágono.

Si se toman al pie de la letra los sueños febriles y egocéntricos de Corso, es responsable de nada menos que las claves de la revolución tecnológica de esta segunda mitad de siglo; los pequeños circuitos integrados (se encontró un mutilador de vacas en Roswell), las fibras ópticas, así como otras muchas aplicaciones importantes en el campo militar y científico, los sistemas de visión nocturna (unas "lentillas oscuras tan finas como la piel" se encontraba en la oficina de Corso, ver la película de Santilli), los escudos de Kevlar, la furtividad, la iniciativa de defensa estratégica (IDS o "guerra de las galaxias"), el vuelo nocturno a gran velocidad a ras de tierra, etc. etc. Su trabajo sirvió para que Occidente ganase la guerra fría, permitiendo a los niños divertirse con los juegos de vídeo.

Pero aguarde, aún no hemos visto todo. Corso informó personalmente y en privado al fiscal general Robert Kennedy de la importancia estratégica del espacio. No explicó a Kennedy nada sobre la amenaza extraterrestre, pero supo que el hermano del presidente comprendió que había bastante más en la historia que una simple respuesta a los proyectos soviéticos. Corso está convencido que esto influyó en la decisión de John F. Kennedy de enviar un hombre a la luna al final de los años sesenta. Casi me olvido: las meditaciones de Corso sobre la necesidad de entrenar y adaptar la humanidad al vuelo espacial, inspiradas por su estudio de los extraterrestres de Roswell, condujeron a la creación del Space Camp de la NASA destinado a los niños.

¡Aguarde, esto no ha concluido! No solamente las investigaciones secretas de Corso inspiraron la revolución tecnológica, fundamentalmente la IDS, que puso fin a la guerra fría, sino que ganaron la guerra mucho más inquietante contra los extraterrestres, volviendo su propia tecnología contra ellos. Por razones desconocidas, esos misteriosos invasores, que pueblan amenazadoramente el relato de Corso para aparecer cuando los necesita para mantener la acción, no utilizaron su ventaja sobre nosotros durante 14 años. Y cuando finalmente lo pensaron, con Corso al timón era demasiado tarde. 

¡Mucho más fuerte aún! Figúrense que la estúpida CIA estaba en conexión con el KGB soviético haciendo todo lo que podían para arruinar los esfuerzos de Corso tratando de conseguir los secretos de Roswell. Pero Corso se les enfrentó: "La CIA me siguió durante mis cuatro años en la Casa Blanca (...). Cuando volví a Washington en 1961, para trabajar con el general Trudeau, me vigilaban. Trataba de despistarlos en las callejuelas o rincones aislados de Washington, pero no llegaba a lograrlo. Así que, más tarde, (...) conduje a mis perseguidores directamente a Langley, en Virginia (donde se encuentran las oficinas de la CIA), pasando delante de una secretaria que farfullaba, hasta llegar a la oficina de un viejo enemigo, el director de operaciones secretas Frank Wiesner, uno de los mejores aliados que el KGB tuvo nunca. Dije a Wiesner mirándole a los ojos, que el día anterior era el último en que circulaba por Washington sin arma. Y planté mi 45 automática en su mesa. Le dije que si veía el menor perseguidor al día siguiente, encontrarían su cadáver en el río Potomac, con dos disparos en los ojos, …, si acaso se preocupaban de buscarle."

¡Qué hombre! Evidentemente que podemos pensar cualquier cosa de una persona que afirma haber tenido a J. Edgar Hoover entre sus mejores amigos y que, como gesto de fin de carrera, informó confidencialmente al senador Kenneth Keating ("uno de mis amigos") sobre los misiles balísticos soviéticos de medio alcance (se trata sin duda de una de las escasas verdades contenidas en este libro e involuntariamente muy divertida). La letanía de trabajos de Corso para salvar a la Tierra y a la humanidad prosigue sin desmayo, pero resulta mucho más instructivo enumerar sus múltiples errores. Veamos algunos ejemplos:

• Pretende que él y el general Trudeau jugaron un papel muy importante en el desarrollo y lanzamiento de Corona, el primer programa mundial de satélites espías, porque era necesario tener un medio para detectar los aterrizajes de ovnis en la URSS. Afirma que ellos "camuflaron el gasto de la vigilancia fotográfica de Corona directamente en el programa Discoverer ya en funcionamiento, realizando descodificación tecnológica con el Discoverer para que la factura se ajustase convenientemente". Corso identifica al Discoverer como programa de la NASA. Nos habla también de la "alegría que reinaba en el Pentágono" cuando las fotos de la primera misión Corona fueron reveladas. En realidad Corona era un proyecto 110% de la CIA-Air Force; la NASA y el ejército no tenían nada que ver en ello, ni incluso para proporcionarle una cobertura. Comenzó en 1958, tres años antes de que Corso llegara al Pentágono. Se trataba de un black program camuflado en el proyecto de investigación y medicina espacial Discoverer, llevado a cabo por la Aire Force. La primera misión lanzada el 28 de febrero de 1959, más de dos años antes de que Corso comenzase a trabajar para Trudeau, fracasó y no había ningún aparato fotográfico a bordo. La primera fotografía se obtuvo en la décimo cuarta misión, Discoverer 14, nombre de código Limber Leg, que fue lanzada el 18 de agosto de 1960, aproximadamente un año antes de que Corso entre en la investigación-desarrollo del ejército.

• Pretende que las tecnologías de la guerra de las galaxias (que él habría proporcionado), tan avanzadas como los láseres de alta potencia lanzados por misiles o las armas de haces de partículas dirigidas, fueron desplegadas resolviendo el problema de la amenaza extraterrestre a la Tierra, fin secreto, según Corso, de la IDS. Nunca se realizó ningún despliegue de ese tipo.

• Antiguo oficial del ejército, Corso se equivoca como mínimo dos veces en la identificación del Wac Corporal, un antiguo cohete de investigación del Ejército, que toma por un sistema de la Marina, diciendo que se trataba del cohete que explotó en la rampa durante el intento de situar en órbita el primer satélite americano, en diciembre de 1957. De hecho, se trataba del Vanguard, un sistema desarrollado por la Marina.

• Afirma que el bombardero furtivo B-2 fue creado por Lockheed. Es una creación de Northrop. Se trata de un error bastante llamativo puesto que un poco más adelante en su libro, Corso sugiere que uno de los primeros bombarderos en forma de ala volante, el UB-49 de Northrop, era un producto de la explotación por la Air Force de la tecnología de Roswell: "Los alerones verticales de las cuatro extremidades (sic) presentaban una similitud tan asombrosa con los croquis de la nave estrellada en Roswell que se encontraban en nuestro ficheros que era difícil no establecer el nexo entre la nave y el bombardero". (De hecho, para quienes se plantean la cuestión, Corso revela que la Air Force terminó por estudiar el platillo de Roswell y algunos de los cuerpos en la base de la Air Force de Norton, en California. Otro platillo, que según Corso habría sido obligado a aterrizar por un misil del ejército en Alemania en 1974, se encuentra en la base de Nellis, Nevada, donde se puede afirmar que se ha camuflado en el Area-51).

• Pretende que el caza furtivo F-117 "casi tiene forma de creciente (...) de forma extrañamente similar a la nave espacial que se estrelló en el desierto próximo a Roswell" (descubra el error). El F-117 tiene forma de flecha y utiliza tecnologías bastante comunes y un poco superadas para lograr sus proezas de furtividad.

• Afirma que Willy Ley, el conocido escritor científico apasionado por los viajes espaciales, era un especialista en cohetes de origen alemán y que formaba parte del equipo de Wernher von Braun en Alamogordo-White Sands en 1947. Todo lo cual es falso y está equivocado.

• Corso pretende que el Backfire, bombardero a reacción soviético de geometría variable, estaba operativo en los años 50, coincidiendo con su batería de misiles Níke en Alemania (1957-58), junto con otros sistemas utilizados para asegurar la defensa frente a tal amenaza. El Backfire, equivalente soviético de nuestro B-1, no se desplegó antes de los años 80.

Podríamos esperar que un as de los sistemas de información y tecnología tal como Corso, que recuerda de modo preciso y completo el texto de los memorándums y pequeños detalles de conversaciones de hace 35 años o más, podría describir con exactitud cosas tan simples. Pero estos errores palidecen frente a la equivocación mayor: su ausencia de honor. Me encontraba tan asombrado cuando descubrí que el senador Strom Thurmond, presidente pro tempore del Senado americano, presidente también del Comité de los Armed Services del Senado, el senador más antiguo en activo, mayor general retirado del ejército en la reserva, paracaidista durante el Desembarco de Normandía, leyenda política americana y figura emblemática, había escrito el breve prefacio de un libro de Corso haciéndole elogios como patriota al servicio de su país, todo ello sin decir una sola palabra sobre el contenido de la obra. Mi sorpresa se acrecentó cuando leí el relato que 4.- Corso hace de una conversación de los años 60, durante la cual, el senador Thurmond le demostró mediante un guiño que sabía que el intrépido coronel trabajaba sobre tecnologías de origen extraterrestre. Llamé entonces al encargado de prensa del senador y supe que Corso, que tuvo dos breves apariciones en el equipo de Thurmond en los años 60 y 70, le solicitó escribir un prefacio para sus memorias, I Walked with Giants: My Career in Military Intelligence, y no para un libro sobre sus logros relacionados con Roswell y el camuflaje montado por el gobierno americano respecto al accidente de un ovni. Cito el comunicado de prensa del senador Thurmond, fechado el 5 de junio de 1997: "El resumen de I Walked with Giants que me proporcionó el Sr. Corso indicaba que estaba escribiendo un libro de memorias e impresiones sobre temas tales como la Segunda Guerra Mundial, la guerra de Corea, el conflicto vietnamita, la información, el espionaje y las operaciones de contra-espionaje. No había ninguna mención, alusión o indicación sobre que alguno de los capítulos o temas mencionados tuvieran algo que ver con los objetos volantes no identificados y la conspiración gubernamental para camuflar la existencia de tal artefacto espacial".

                                            Strom Thurmond

Corso nos ha hecho morder el anzuelo. Eh, ¿como podría mentirnos una persona tan seria y leal como Phil Corso? Allá donde se encuentren Silas Newton y Leo GeBauer harán signos de aprobación entre carcajadas.