martes, 11 de septiembre de 2018

Los "alphabiotistas"

"Alineación alphabiótica" y "visión extraocular" en el mismo combo. ¡Y cerca de la guarida secreta del robot escéptico enmascarado!

"Pues vete rápido a sacar unas fotos", me dijo el robot, mientras él buscaba información sobre los "alphabióticos"...





Y la encontró... En el blog de Héctor Coronado, alias Control Zape, dice: "La alphabiótica es una práctica pseudomédica alternativa basada en la noción de que 'todas las enfermedades son el resultado de un desbalance y falta de Energía Vital.' La salud depende de 'alinear' y 'balancear' la 'Energía Vital.' Esto se consigue con una manipulación del cuello denominada 'Alineación alphabiótica.'"

Aquí su texto "Alphabiotics, una vía rápida para la sala de urgencias o el panteón".

Sobre la visión extra ocular ya he publicado en este blog:

Aquí cuando la dermovisión se puso a prueba en la UNAM. 




Aquí y aquí sobre los cursos para aprender "visión extraocular".  




Aquí sobre el uso de la "visión extraocular" en la investigación ovni. 




Y claro, aquí la aventura del robot escéptico enmascarado contra la "dermovisión". Hasta James Randi apareció.


martes, 24 de julio de 2018

VADE RETRO SATANA!

En mi nombre echarán fuera demonios; 
hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, 
y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; 
sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. 
Jesús de Nazaret


Se conocieron en un exorcismo. Sí, es, además de insólito, poco romántico.

Conozco parejas que se conocieron en cuartos oscuros, practicando cruising, en cines porno –todavía hay algunos-, en saunas o baños de vapor, en aplicaciones de ligue, en cabinas XXX o en los baños de la universidad. Vamos, no es que sean lugares extraños, lo extraño es buscar y/o encontrar el amor en sitios en los que se practica el sexo casual, el sexo sin compromiso.



Pero si ya resulta extraño encontrar el amor en los lugares mencionados, mucho más lo es encontrarlo cuando combates cuerpo a cuerpo con un demonio. No faltó quien expresara que no durarían. Y, a pesar de todo, ya llevan juntos cuatro años.

****

-Pasen, mi marido está dentro… Por favor, alivien a mi muchacho.

Después de aquellas palabras, la afligida señora tomó la mano derecha del hombre maduro y la besó.

-Por favor… No es necesario que…

Avergonzada por aquella desaprobación, la señora soltó la mano del pastor y dio un par de pasos hacia atrás sin atreverse a mirarlo a los ojos.

-No te preocupes. Tu hijo estará bien. Recuerda las palabras de Jesús: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.

-Creo, ayuda mi incredulidad. –El pastor sonrió complacido al comprobar que aquella mujer estaba familiarizada con las sagradas escrituras.

“Llegó el momento”, dijo el exorcista y abrió la puerta. El joven que lo acompañaba ni siquiera pestañeó, estaba tan acostumbrado a asistir a su padre en aquellos rituales que por un momento olvidó que en esta ocasión sería él quien tomaría el mando.

“Vamos, hijo. Pasa tú primero. Es momento de demostrar que serás mi digno sucesor.”, insistió el pastor. El joven reaccionó en seguida, sus manos comenzaron a sudar. Se introdujo en el cuarto, su padre le siguió. Una vez dentro el hombre maduro cerró la puerta dejando fuera a la mujer, permitirle entrar implicaría exponerla innecesariamente al peligro. Con ellos dos era suficiente para solucionar el problema.

La penumbra apenas permitía distinguir un bulto encima de la cama –era el único mueble en la habitación ya que los padres del poseído sacaron los demás para evitar que alguien resultara lastimado, pues el demonio, mediante sus poderes, insistía en moverlos violentamente de un lado a otro- y a una silueta junto a ésta.

-Padres, que bueno que llegaron…

-Pastor, no padre. Y mi hijo aún no es pastor pero hoy dirigirá el ritual que le permitirá al fin descansar a esta pobre criatura. –Explicó con severidad el exorcista aunque su expulsión de la ICAR no era un secreto, la razón también era de dominio público: su insistencia en realizar exorcismos sin la autorización correspondiente. Años después se casó y tuvo a su único hijo poco después de fundar su propia iglesia.

El padre del poseído se disculpó.

-Olvídelo... Encienda la luz para que mi hijo comience.

-Lo siento, los focos estallaron hace un par de horas. Intenté cambiarlos pero…



El pastor calló al hombre mediante un ademán y con otro le indicó que saliera del cuarto, tampoco era necesaria su presencia, después de todo, un demonio siempre resulta impredecible cuando se siente amenazado o acorralado por el poder divino.

El pastor y su hijo, en el transcurso de la mañana, realizaron pruebas de rutina para asegurase de que se tratara de un caso auténtico. Lo era, descartaron cualquier explicación natural. La medicina sería inútil, era un caso para expertos en servicios espirituales. El asunto era grave y debía abordarse cuanto antes. De no ser porque ya tenían otros compromisos profesionales se habrían ocupado de éste en ese mismo instante. Prometieron regresar por la noche para terminar con los demonios que tantas penas le estaban causando a esa familia.

“Adelante, hijo.” El joven abrió el maletín que llevaba y extrajo un frasco que contenía agua bendita. Sus manos comenzaron a temblar ligeramente. Trató de controlarse, no quería que su padre notara su nerviosismo. Aquel muchacho de veinticuatro años obtendría los títulos de exorcista y de pastor si todo salía bien. Su estado de ánimo era comprensible, ¿quién no se angustia ante un examen del que depende su futuro y su autoestima? Pensaba en el fracaso, el ridículo y la humillación, de ahí que titubeara a cada instante.

“Hijo, por favor, concéntrate”, “Besa el crucifijo”, “Persígnate”, “Saca la Biblia del maletín.”, “Pon el rosario en la Biblia.”, “Dame el maletín.”… ¡Maldición! No era el mejor comienzo, ya eran demasiadas indicaciones.



Benevolente, su padre trató de infundirle seguridad. “Hijo, recuerda las palabras de Jesús: He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Más no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.” Logró el efecto deseado. Después de aquellas palabras el nerviosismo de su hijo cesó. A partir de ese momento en la mente del joven solo hubo un pensamiento: derrotar a aquellos espíritus inmundos.



-¡En nombre de Jesucristo yo te mando, sal del niño, y no entres más en él! –Gritó con toda seguridad. Acto seguido hizo la señal de la cruz dirigiéndose al bulto sobre la cama. La reacción no se hizo esperar.

-Aaaaaagh… ¿qué tienes tú conmigo, que hablas en nombre de Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirme?

-¡Deja en paz al niño, demonio!

-¡¡Mi nombre es Legión!! Porque somos muchos. –Mentía. Ni se llamaba así y, además, era un demonio solitario, pero le gustaba burlarse de las escrituras, se divertía citándolas.

La temperatura del cuarto comenzó a aumentar.

El aspirante a exorcista destapó el cuerpo del niño poseído para arrojarle agua bendita. Estaba amarrado de pies y manos a la cama. A pesar de ello se sacudía con violencia. En cuanto el agua bendita tocó la piel del energúmeno –término profesional para referirse a la víctima de la posesión-, éste comenzó a echar espumarajos y a crujir los dientes.

“Crux Sacra Sit Mihi Lux, Non Draco Sit Mihi Dux. Vade Retro Satana. Numquam Suade Mihi Vana, Sunt Mala Quae Libas, Ipse Venena Bibas.” (La Santa Cruz sea mi luz, no sea el dragón mi señor. ¡Apártate, Satanás! Nunca me atraigas con engaños, maldad es tu carnada, bebe tu propio veneno), dijo el aprendiz. A continuación, con una mano lanzó más agua bendita y con la otra, con la que sostenía la Biblia, hizo la señal de la cruz.

“¿Qué tengo que ver contigo, seguidor de Jesús? No me atormentes…”, fue la respuesta del enemigo. Acto seguido, el demonio lanzó múltiples blasfemias. El pastor y su hijo tenían ya demasiada experiencia como para acongojarse al pensar que aquellas sucias palabras salían de la boca de un pequeño de cinco años.

“Enmudece y sal, espíritu inmundo, de este niño. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…” Con una voz imposible para alguien de su edad, una retahíla de obscenidades salió de la boca del niño. El aspirante a exorcista no se amilanó.

“En nombre de Cristo abandona el cuerpo que estás ocupando. Te expulso con latigazos espirituales y tormentos invisibles. Deja este cuerpo que el señor ha purificado… Vete y nunca más busques cuerpos entregados a Dios; que te sean prohibidos para siempre.”, ahora usaba las mismas palabras que le había escuchado a su padre en los cientos de exorcismos en los que lo había asistido y que pertenecían al manual más importante para quienes luchan contra el ejército de Belsebú.

Por el esfuerzo realizado hasta ese momento y por la alta temperatura de la habitación, el aspirante sudaba copiosamente. Por experiencia sabía que la pelea no estaba todavía ni a la mitad del primer round

Hasta ese momento los ojos del niño habían permanecido cerrados. A pesar de la oscuridad, en cuanto los abrió, el aprendiz sintió la mirada sobrenatural de aquellos ojos que carecían de iris y pupilas. Los dientes del endemoniado dejaron de crujir. Los espumarajos cesaron. No hubo más quejidos ni blasfemias. El exorcista y su hijo se miraron extrañados. ¿Qué pasaba? El demonio continuaba en el cuerpo del niño pero ya no luchaba. ¿Tan rápido? Le arrojó más agua bendita.

Nada. Silencio.

Después de varios segundos el demonio salió del pequeño cuerpo y se perdió en la oscuridad del cuarto. Ambos exorcistas estaban asombrados, el ritual había dado buenos resultados en un tiempo récord. Otra anomalía no les pasó desapercibida: el demonio abandonó de forma silenciosa el cuerpo del niño, era la primera vez que atestiguaban algo así. El exorcista profesional se hizo muchas preguntas, tendría que investigar...

El aprendiz o aspirante pensó en acercarse al niño pero antes de poder hacerlo sintió un beso en los labios y una nalgada. “¡¿Qué diablos…?!”, exclamó no con miedo sino con asombro. “Me gustaste. Te buscaré, precioso. Felicidades, ya eres todo un exorcista ¿no?”, escuchó que alguien le susurraba al oído, era el mismo con el que se había enfrentado solo que ahora la voz estaba cargada de sensualidad. Después de otro beso y otra nalgada, el demonio desapareció. El pastor, al ir a revisar el cuerpo del niño, no se percató de los coqueteos del demonio con su hijo.

-¡Enhorabuena! El niño está vivo, pronto se recuperará. Sabía que no me defraudarías… Mañana la Iglesia Local de la Patria del Espíritu comenzará a buscar un nuevo aprendiz y tú tendrás que fundar tu propia iglesia. Te espera un gran futuro, ya verás. –Dijo a pesar de sus dudas.

Ahora el que guardaba silencio era el nuevo exorcista/pastor, el recién graduado. Aquellos besos y nalgadas no le resultaron desagradables… Más bien todo lo contrario.

***

Gabriele –que se llamaba así por la admiración que sentía su padre por Gabriele Amorth, “el más grande de los exorcistas del siglo XX”- y Legión –como le llamaba cariñosamente Gabriele, por haber sido el nombre que se dio a sí mismo en el exorcismo en el que se conocieron- asistieron a las marchas del orgullo LGBTTTI desde que comenzaron su noviazgo.



Una vez que Gabriele fundó su propia iglesia, Legión comenzó a meterse en el cuerpo de quienes asistían a ésta. Su objetivo, obviamente, era encontrarse con el pastor/exorcista. Los besos, nalgadas y tocamientos de Legión fueron subiendo de intensidad, cosa que ambos disfrutaban. Pero aquello no podía continuar. Que el exorcista tuviera relaciones sexuales con el demonio como parte del ritual de liberación, resultaría poco convincente.

Legión decidió presentarse abiertamente. Lo hizo una noche en la que Gabriele se encontraba solo en el salón de su iglesia. Fue claro y directo: “Me gustaste cuando te conocí. Me interesa andar contigo y no nada más un acostón. ¿Aceptas?” Fue suficiente que se mostrara con su verdadera forma para que Gabriele se sintiera interesado en una relación seria.

El noviazgo les obligó a replantearse sus respectivas profesiones. Al final decidieron no mezclar el trabajo con su relación: Legión no molestaría personas que pudieran ser atendidas por Gabriele y este último comenzó a predicar, para escándalo de muchos, que no todos los ángeles caídos podían ser considerados malvados. De hecho, el pastor/exorcista tuvo que empezar a replantearse muchas de las afirmaciones de la demonología. A dos años de relación consideró que sus sermones ya habían preparado lo suficiente el terreno y salió del clóset con sus ovejas, todas se escandalizaron al saber de esa relación entre un hombre cisgénero y un demonio macho también cisgénero, pero no todas se fueron. Con el tiempo otras llegaron.

Lo que más les gustaba de asistir a la marcha era que podían mostrase públicamente sin que aquel demonio tuviera que fingir, cambiar de forma. Y no es que no pudieran pasear por la ciudad como cualquier pareja, de hecho, lo hacían frecuentemente. Pero Legión tenía que presentarse como si se tratara de un hombre. Pero ese día no existían razones para fingir, el espíritu de las tinieblas se presentaba tal y como era. Aunque no dejaba de llamar la atención, ya que la única prenda que usaba -además del calzado- era una diminuta tanga, en otras ocasiones usaba suspensorios.

Gabriele, en cambio, acostumbraba ir tal y como vestía cualquier día del año. Sin embargo, para la cuarta marcha juntos decidió usar una playera que tenía estampada, sobre un fondo con los colores de la bandera del orgullo LGBTTTI, la leyenda “Jesus Christ Saved Me From Heterosexuality”. ¿Su inspiración? Las supuestas terapias religiosas de conversión y una playera vista en Internet que en lugar de “heterosexuality” decía “homosexuality”.

Sobre la apariencia de Legión, todo el mundo pensaba que se trataba de una caracterización estupenda. Los cuernos, la cola y la pintura roja que le cubría su musculoso cuerpo sin duda eran, a ojos de los marchantes, trabajo de un profesional. De igual forma, pensaban que los globos oculares completamente negros se debían al uso de pupilentes de fantasía. La cereza del pastel era el tridente de oro de su tatarabuelo.



“¡Qué bonita pareja!”, decían –unos con sinceridad y otros con envidia- cuando los veían caminar de la mano, abrazarse o darse un apasionado beso.

Aquel diablo era hijo de un íncubo y una súcubo, así que llevaba el atractivo en los genes. En su momento, su orientador vocacional le sugirió continuar con la profesión de su padre, pero Legión siempre disfrutó más con las posesiones. Sus padres no se molestaron, solo querían que fuera feliz. Pero si su decisión en el plano profesional no provocó conflictos familiares, Legión imaginó que su salida del clóset sí lo haría. Se equivocó. Sus padres, tal vez acostumbrados al carácter inquieto e impredecible del “niño”, aceptaron sin chistar aquella relación.

Gabriele no tuvo tanta suerte. Un día antes de salir del clóset con los asistentes a su iglesia, decidió hablar con su padre. Éste, al ser un pastor conservador y fundamentalista, decidió darlo por muerto. Jamás podría aceptar esa relación a la que calificó de antinatural.

“No, te quiero solo para mí”, decía Gabriele cuando su amorcito planteaba la posibilidad de hacer caso a la recomendación de su antiguo orientador vocacional. Legión no hablaba en serio, le agradaba ver la reacción de su novio. Aquel humano quería una relación estable y exclusiva, nada de relaciones abiertas o poliamorosas, tampoco le agradaba pensar en tríos, orgías o intercambios de pareja. No quería ni imaginar que Legión pudiera estar con otros en el plano afectivo o sexual, y esto último sucedería en caso de convertirse en un íncubo. “No, amor. Somos tú y yo, y el mundo a nuestros pies.”, lo tranquilizaba. Y era verdad, estaba tan enamorado como Gabriele. Por ahora estaban bien así.



Era evidente la felicidad que les provocaba asistir a la marcha y caminar juntos sin preocuparse por el terror, sobresalto o apetitos carnales que la verdadera apariencia de Legión pudiera provocar. Solo se trataba de un mamado caracterizado estupendamente de demonio. Ambos coreaban con entusiasmo las conocidas consignas: “No que no, sí que sí, ya volvimos a salir.”, “¡El que no brinque es buga, el que no brinque es buga!”, “Detrás de las persianas se esconden las lesbianas.”, “A mí no me gusta el pan, a mí no me gusta el pan, me gusta la tortilla, la tortilla nacional” y “Ese bigotón también es maricón.”, entre otras. En ocasiones se detenían para ver pasar los diferentes contingentes: los de las universidades, el de padres y madres con hijos LGBTTTI, el de los osos, el de los travestis…



No faltaban quienes se acercaban a tomarse una foto con Legión. Como resultaba evidente que eran pareja, algunos le pedían permiso a Gabriele o le preguntaban si le molestaba. El mortal contestaba que no y era verdad. Cuando se tomaban la foto con su novio no podía evitar pensar en lo atractivo que se veía. “La musculoca y la flaca. Sí, hacemos bonita pareja.”, pensaba orgulloso. “Si supieran que se están fotografiando con un auténtico demonio saldrían corriendo”, también pensaba divertido.

En alguna ocasión un tierno muchacho de 14 ó 15 años se paró junto a ellos y, debido a su timidez, no decía nada, sin embargo su deseo resultaba evidente. “¿Quieres que te tome una foto con mi marido?”, preguntó Gabriele, el chico, que llevaba una playera que decía “My father don’t know I have boyfriend”, después de esbozar una sonrisa asintió. “No tengo celular.”, explicó al tiempo que mostraba una cámara fotográfica desechable. “Está bien, lo importante es que tendrás fotos de la marcha.”, le dijo Legión. “Muchas gracias”, dijo el adolescente una vez tomada la foto y se alejó. Lo siguieron con la mirada. Se topó con un jovencito como de veinte años que llevaba un letrero que decía “se regalan besos”… Que las bocas de los chicos se encontraran fue inevitable.

Terminaron su cuarta marcha con varios hombres trans, éstos llevaban el torso desnudo y pintado con los colores de su bandera. “¡¡Hombres con vulva unidos en la lucha!!”, gritaban sus integrantes al unísono. Detrás venía un contingente de asexuales, era la primera vez que veían uno.

Legión y Gabriele no se quedaron a los discursos y espectáculos del final.

-Vamos a comer… y después a meter al diablo en el infierno. –Propuso con picardía Legión.

-No renuncio a ti, Satán, ni a tus vanidades. –Contestó Gabriele siguiendo el juego y se dieron un beso que fue celebrado por los mirones.

Al día siguiente se divertirían mucho al descubrir una fotografía de ambos en la primera plana de un diario.

domingo, 22 de julio de 2018

¡Ya disponible Perspectivas Ufológicas!

Así es, los siete números de Perspectivas Ufológicas están ya disponibles para consulta. PU, la ufología crítica mexicana de la década de los años noventa. Casos que fueron analizados por Héctor Escobar, Luis Ruiz Noguez, Óscar García y Héctor Chavarría. Imperdible. 

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viernes, 13 de julio de 2018

LA FÍSICA Y LA ASTRONOMÍA DE FRAY ALONSO DE LA VERA CRUZ

En la Real Universidad (fue pontificia posteriormente), creada en 1551 e inaugurada en 1553, las primeras cátedras fueron las de Teología, la de Sagrada Escritura, Decretales, Decreta, Instituta, Artes, Retórica y Gramática. Los primeros libros de texto fueron los mismos de la Universidad de Salamanca: In Dialecticam Aristotelis y Simmula summularum de Domingo de Soto. También se usaba la Introductio in Dialecticam Aristotelis de Francisco de Toledo. Sobre ésta, José M. Gallegos Rocafull expresó: “La obra cumple fielmente su misión introductoria. Sin meterse en honduras, inicia a los novatos en el tecnicismo aristotélico y define clara y sencillamente las voces que más se usan, manteniéndose en un equilibrado término medio a igual distancia de los tradicionalistas y los innovadores. Fue impresa en México en 1578 por los jesuitas del Colegio de San Pedro y San Pablo, seguramente para que sirviera de texto a los que en él estudiaban artes.” 

Entre los maestros de filosofía más destacados del siglo XVI estuvo fray Alonso de la Veracruz (1507-1584), de origen español. En 1540 comenzó a impartir Cursos de Artes en el Colegio de Estudios Mayores del convento de Tiripetío, Michoacán. Enseñaba las artes liberales: el Trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el Cuadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música). También enseñó en los conventos de Tacámbaro y Atotonilco, además de en la Universidad. En ésta tuvo una cátedra de Sagrada Escritura y una de Santo Tomás. 


Fray Alonso de la Vera Cruz cuando impartía sus cursos en el Convento de Tripetío. Pintura anónima que se conserva en la iglesia de San Agustín en Morelia

La mayor parte de su obra teológica se perdió. Tres de sus libros formaban un curso completo de artes: Recognitio Summularum, Dialectica resolutio (ambas de 1554) y Physica speculatio (1557). Las tres obras se publicaron también en Salamanca, en 1562, 1569 y 1573, y fueron escritas con el propósito de ser usadas en cursos universitarios. Las dos primeras están dedicadas a la lógica, la última a la física, la astronomía, la biología, la meteorología y la psicología, en ésta, Fray Alonso comenta la obra aristotélica. Así, la Physica es la primera obra de física escrita y publicada en América. 



En la última obra mencionada, Fray Alonso analizó varios textos de Aristóteles, entre ellos el De generatione et corruptione y el De Caelo. Así fue como presentó a sus alumnos el modelo geocéntrico del mundo (y las esferas cristalinas en las que supuestamente estaban incrustados los cuerpos celestes como la luna, el Sol y los planetas conocidos) junto a especulaciones como si los cuerpos simples tienen movimientos simples, si los cuerpos simples son de forma esférica, sobre si toda la Tierra es habitable, etc. En la edición mexicana de su obra de física, agregó como apéndice el Tractatus De Sphera de Giovanni Campano de Novara, texto del siglo XIII que presenta la teoría geocéntrica, la heliocéntrica (los argumentos a favor y en contra) y la teoría geo-heliocéntrica. Evidentemente Campano no pudo referirse ni a Copernico ni a Tycho Brahe, posiblemente, en cuanto al modelo heliocéntirco, se refirió al del astrónomo griego del siglo II antes de nuestra era Aristarco de Samos (c. 310-230 a.C.). 

Nuestro personaje no fue un innovador en cuanto a la física, ya que se apegó a la ortodoxia, sin embargo presentó los otros sistemas del mundo, de forma que Marco Arturo Moreno Corral dice (en la edición fascimilar que en el año 2012 publico la UNAM de la Physica, con un estudio histórico y filosófico de Mauricio Beuchot y una introducción científica de Moreno Corral) que “desde la implantación misma del geocentrismo en nuestro país, se habló de los modelos heliocéntrico y geo-heliocéntrico.” 



En general, y a decir de Gallegos Rocafull, la obra de fray Alonso de la Veracruz se ocupa de las siguientes cuestiones: ¿Cómo se piensa bien? ¿Qué relación hay entre el pensar y el ser? ¿Qué es la naturaleza? ¿Qué es el alma? 

Después de un viaje que realizó a España regresó con globos terrestres y celestes, astrolabios, sextantes, ballestas y relojes. Por ello, Moreno Corral afirma que eso “muy probablemente lo convierte en el primer introductor a nuestro país de un conjunto importante de aparatos científicos de medición o instrumentos matemáticos, que era entonces como se les llamaba, destinados para el uso de los académicos mexicanos, los cuales seguramente fueron utilizados para realizar mediciones astronómicas más exactas.” 

Quienes han estudiado la obra de fray Alonso de la Veracruz afirman que puede ser considerado como uno de los iniciadores de la ciencia mexicana, ya que apreciaba el saber empírico. 

¿Cómo puede valorarse la Physica Speculatio? Moreno Corral dice: “En la actualidad se puede cuestionar fácilmente el contenido científico de ese texto, incluso hay quien afirma que no es un tratado de ciencia, sin embargo, antes de criticarlo deben tomarse en cuenta algunos hechos. Primeramente hay que recordar que en aquel tiempo, la ciencia que se enseñaba en todas las universidades europeas, era precisamente la aristotélica. Ello no era casual, sino que obedecía a que hasta entonces, el único cuerpo sistematizado de conocimientos sobre la naturaleza disponible en el mundo occidental, era el que se originó con los trabajos de Aristóteles. También debe recordarse que cuando Alonso de la Vera Cruz publicó esa obra, salvo Nicolás Copérnico (1473-1543), los principales artífices de la ciencia moderna, aún no nacían o estaban en proceso de formación. Faltaban cuarenta y nueve años para que Galileo (1564-1642) ocupara la cátedra de Matemáticas en la Universidad de Padua; entre cincuenta y sesenta para que Kepler (1571-1630) encontrara las leyes del movimiento planetario y más de cien para que Newton (1643-1727) sintetizara magistralmente la nueva física, así que para juzgar adecuadamente el valor científico que tuvo la Physica Speculatio, hay que tomar en cuenta el estado de la ciencia en aquella época.

Aquí todos mis textos sobre la física y la astronomía en la Nueva España. 

sábado, 12 de mayo de 2018

EL FANTASMA DE MONSIVÁIS

“¿Cómo se me ocurrió ir a los baños si nunca había estado con alguien?”, la pregunta que se hizo a sí mismo le hizo rememorar. “Hasta ese momento me había limitado a visitar cafés internet para chatear, participar con seudónimo en grupos de discusión de yahoo, comprar de vez en cuando la revista Boys&Toys, que nunca me negaron en los puestos de periódicos a pesar de que aún era menor de edad, y entrar a los Sanborns para revisar la agenda LGBTTTI de la revista Tiempo Libre. Sí, así fue como supe de los lugares de encuentro. '¿Qué baños de vapor me recomiendan para que me den una buena manoseada o lo que se dé?', pregunté en varios de los grupos yahoo. A pesar de no haber tenido experiencias reales, gracias al porno, el chat, las revistas y los juveniles deseos sexuales, imaginación no me faltaba.”



En el grupo Ligue gay en Coyoacán le recomendaron unos sobre Calzada de Tlalpán, entre las estaciones Nativitas y Portales, de la Línea 2 del Metro. Alguien le contó del tipo de hombres que encontraría y con los que podría darle gusto al cuerpo.

En otro mensaje le copiaron un texto aparecido en una revista: “Como en casi todos los baños, la acción sucede en el vapor general. Los viernes, poco antes de que la noche tapice el cielo, la mayoría de los clientes gay son estudiantes y llevan las populares bebidas que se venden en los vapores de la ciudad de México: los refrescos minerales sabor toronja o manzana roja.”




Mientras recordaba sus primeras experiencias, Francisco hizo una pausa en la farmacia antes de continuar su camino. “Decidí no ir en viernes sino el día de mi cumpleaños. Me acuerdo que pensé que no era lógico que nadie tuviera ganas de coger en sábado.”

En los baños de vapor venden diversos artículos de higiene personal, pero Francisco no estaba seguro de que en aquellos a los que se dirigía vendieran “gorritos”. “Y aunque los vendieran, no los pediría antes o después de pagar para entrar al vapor general, sería demasiado obvio. Digo, es un secreto a voces que hay ambiente, los dueños y empleados lo saben, pero se hacen de la vista gorda… prefiero ser discreto, mejor se los compro al doctor Simi.”

La primera vez no compró condones, ni por un instante se le ocurrió hacerlo. En su mochila sólo llevaba sandalias (odiaba pisar descalzo las regaderas públicas de los gimnasios y balnearios), jabón, sacate y toalla.



Al llegar a las afueras de los baños decidió fumar un cigarrillo antes de entrar. No estaba nervioso, pero, tal vez porque no había regresado en casi 20 años, no pudo evitar pensar en todo lo vivido antes y después de aquel lejano día. En su vida de entonces y en su vida de ahora. En las expectativas de sus padres y en sus propias expectativas.

Llegar a su destino le había llevado menos tiempo que la vez anterior. En ese entonces vivía con sus padres en un departamento cerca del metro Lázaro Cárdenas, de la línea 9. Así que tuvo que recorrer cinco estaciones del metro y transbordar en una ocasión. En cambio ahora, que rentaba un cuarto cerca del metro Portales, sólo tuvo que caminar unas cuantas calles.

Mientras fumaba a las afueras de las instalaciones, recordó con nostalgia aquel 4 de marzo del año 2000. Aquel sentimiento se debía no a lo vivido ese día sino a la forma en la que entonces miraba el mundo, la forma en la que mira un jovencito con muchas ganas de experimentar y de “comerse el mundo de un solo bocado”, como dice el lugar común.

Aquel día Francisco despertó a las diez de la mañana y de inmediato se levantó entusiasmado. En cuanto abrió la puerta de su cuarto para dirigirse al baño se encontró con su mamá.

-¡José, ven, el niño ya está despierto! –Dijo Silvia y de inmediato lo abrazo efusivamente.- ¡Feliz cumpleaños, amor mío!

-Mamá, ya no me digas niño.

-¿Cómo amaneció mi campeón, el hombrecito de la casa? –Dijo José al escuchar la ya común súplica de su hijo.

Ambas cosas molestaban a Francisco: que su mamá insistiera en decirle niño y que su papá, con tonito burlón, le dijera "hombrecito".

-Entiende a tu mamá, para ella siempre serás su niño, pero tú y yo sabemos que ya eres un hombrecito… y que falta poco para que te hagas un hombre de verdad… Hoy en la noche te llevaré a que te estrenes. 

-¡Ya te dije que no hables así, José! –Silvia protegió con un abrazo a Francisco. 

-Es una broma, mujer. Ya son otros tiempos, mi padre sí que tenía esas ideas y no pocas veces lo sufrí… yo pienso de forma distinta, ya te lo he dicho. 

-Pues no le amargues el cumpleaños al niño. 

-Mamá, que no… 

-Está bien, mujer… Ven acá, campeón. ¡Felicidades! Ya eres mayor de edad. 

Durante el desayuno Francisco les explicó a sus padres que iría a comer a casa de unos amigos, ante las preguntas insistentes de ambos aclaró que todavía no tenía novia y le hicieron jurar que les diría en cuanto tuviera una. José quiso hacerse nuevamente el gracioso preguntándole si ya sabía “cuidarse” para que ninguna muchachita le saliera con su “domingo siete”. Tanto su hijo como su mujer encontraron antipáticos los chistes. 

Después del mediodía, Francisco se despidió de José y de Silvia -no sin antes recibir dinero en efectivo como regalo-, éstos le pidieron que no abusara del alcohol y que no regresara tan tarde. La verdad es que el joven no tenía planes con sus amigos. “No tengo muchas ganas de celebrar, solo saldré a pasear con mi padres”, explicó. Era una mentira, claro que quería celebrar, pero ellos no estaban incluidos en la diversión. 

Mientras se dirigía al metro pensó con algo de tristeza en todos los chistes de su padre y en la sabiduría que a veces encierran los dichos y refranes, en este caso “entre broma y broma, la verdad se asoma”. A su papá, dijera lo que dijera sobre su distanciamiento con respecto a las ideas del abuelo, le urgía que ya se estrenara con alguna chica. 

La noche anterior, a causa de la emoción que le producía la idea de al fin salir del clóset con sus padres, el sueño tardó en hacer acto de aparición. Hasta bien entrada la madrugada estuvo haciendo castillos en el aire. En su mente apareció una y otra vez la escena que lo ilusionaba: después de la noticia, José y Silvia lo abrazaban y con caras sonrientes le decían que no existía problema alguno, que lo amarían por siempre sin importar su orientación sexual. 

“El trabajo de semanas se fue a la basura por mi cobardía”, pensó apesadumbrado. Y es que durante todo ese tiempo estuvo buscando las palabras precisas. Corrigió concienzudamente varios borradores hasta lograr un discurso aceptable, congruente. Y mientras preparaba la gran disertación también estudió las reacciones de sus padres ante el tema de la diversidad sexual. No parecían tan cerrados, pero la verdad es que uno nunca sabe, muchas personas dicen ser tolerantes y abiertas de mente ante los hijos raritos de los demás, ¡ah!, pero que los suyos no salgan así porque los quieren corregir a golpes. 

La seguridad de la noche anterior se desvaneció en cuanto sus padres lo abrazaron por su cumpleaños. Aún no estaba preparado. 

El Francisco de 35 años sonrió al pensar que para el 2017, un adolescente para salir del clóset tenía mucha más información y ayuda, y no sólo de especialistas. “Basta con escribir ‘¿cómo salir del clóset?’ en el buscador de YouTube para que aparezcan decenas de videos de chavitos que ya lo hicieron…”, pensó y lo que a continuación se le ocurrió le borró la sonrisa. “Pero antes era otra cosa… Antes, hace casi 20 años. ¡Cómo ha cambiado el mundo! ¡Cómo he cambiado yo!…”. Entonces se alegró de que sus ligues y clientes en Cabaretito Neon, el bar en el que trabajaba como mesero, le calcularan hasta diez años menos de los que en verdad tenía. “De cualquier forma, seguiré pensando cómo decirlo”, concluyó el Francisco que estaba estrenando sus 18 años, nada debía arruinar el regalo de cumpleaños que se daría a sí mismo, así que apartó de su mente la frustrada salida del clóset. 




“De cualquier forma, tal y como quiere mi papá, hoy voy a estrenarme”, se sintió emocionado y apresuró el paso. 

Sus amigos de la prepa tampoco sabían de su orientación sexual. Un colectivo se juntaba todas las tardes, pero él no asistía a esas reuniones. Caminaba muy decidido hacia la jardinera en la que colocaban la bandera de colores, pero cuando estaba a unos cuantos metros su convicción desparecía. Sin embrago, como era el único de su generación que aún no se graduaba y, según sus cálculos, todavía estaría, para disgusto de sus padres, un par de años más, pensaba que le sería más fácil salir del clóset. “Sí, el próximo ciclo escolar lo haré, igual y hasta galán me consigo, aunque aún no he visto a alguien que me mueva el tapete dentro del grupo de jotitas.” 

El Francisco que acababa de alcanzar la mayoría de edad abordó el metro en la estación Lázaro Cárdenas con dirección Pantitlán, bajaría en la siguiente y se dirigiría a Chabacano de la línea 2. No eligió un vagón en especial, subió al azar. Aún le faltaban varios meses para conocer, en uno de los Cabaretitos, a Jacobo, que escribía su nombre como “Hakovo”, que estudiaba la carrera de veterinaria en la UNAM y con el que viviría un efímero noviazgo de un mes. Sería éste quien le hablaría del metreo, es decir, del ambiente en el último vagón. 

Pero eso no era lo único que le faltaba por conocer, y es por eso que el Francisco de 35 a veces extrañaba la mirada “virgen” del primero. No porque no hubiera disfrutado de todo lo visto y lo experimentado en esos 17 años que los separaban, solo que algunas de sus malas experiencias a veces le hacían fantasear con la idea de viajar al pasado para avisarse de éstas. 

Entre esas malas experiencias estaban las relaciones en las que terminó con el corazón roto y que, paradójicamente, hicieron que él también lastimara a más de uno. Por ello, en el año 2009, después de ver un grafiti en el que aparecía un hada observando el rostro de la Luna, escribió un minicuento al que tituló “Consejera”: 

La noche, lo sabes bien, nos regala maravillas, prodigios y portentos; pero también miserias, espantos y horrores. 

Hace mucho que tus alas te permiten explorar, ir a los lugares que -dicen- no visitan las hadas decentes. 

La oscuridad aparece y con ella llegan sus ángeles, pero también sus demonios; aprendiste rápidamente la valiosa lección. 

Comenzó tu metamorfosis. Sentiste miedo cuando tus uñas se afilaron, cuando te crecieron pequeños colmillos. 

Para sobrevivir necesitabas esos cambios. 

Has sido víctima, pero también verdugo. 

Conoces el amor y el odio. La paz y su ausencia. 

Por ello es que de vez en cuando necesitas tomar un descanso, un respiro. 

Y acudes a ella. 

Es tu amiga. Te comprende, te respeta y estima. Sabes que siempre estará dispuesta a escucharte. 

Mejor guía que la luna no podrías tener. 

A las afueras de la estación Escuadrón 201 de la línea 8 del Metro, fotografió el grafiti con una cámara desechable y, una vez que mandó a revelar las imágenes, escribió el cuento en la parte de atrás. 



Pero el Francisco que abordó el vagón en la estación Chabacano rumbo a Nativitas ni siquiera se imaginaba todo eso. Éste apenas podía vislumbrar, por las pláticas en el chat o por sus lecturas, las noches de antros y bares, que se le antojaban mágicas y divertidas. Ya tenía edad para entrar y estaba dispuesto a hacerlo. Llegaría a esos y a otros lugares -como al que ahora se dirigía- igual que el hada al inicio del cuentito cursi que escribiría en el futuro: sin colmillos y sin uñas afiladas. 

El Francisco de mediana edad, dejándose atrapar por la nostalgia y haciendo un agridulce ejercicio de introspección, recordó lo felices que se pusieron sus padres cuando finalmente, después de cinco años en la preparatoria y un año sabático, logró ingresar a la universidad. Tres años después dejó sus estudios de psicología y comenzó a trabajar. “¿Por qué no terminas la carrera, nene?”, le insistió su mamá hasta el último día que vivió con ellos. 

“¿Dónde estaría ahora si hubiera terminado la carrera?, ¿qué estaría haciendo actualmente? ¿Se parece mi vida actual a lo que imaginé que sería el día que cumplí 18 años? No, sinceramente no. Pero, ¿al menos soy feliz?”. No supo qué responderse. Su trabajo y su soltería, como tantas otras circunstancias en su vida, tenían sus cosas buenas y malas. “Pero ¿qué quiero hacer en los próximos años?, ¿y si terminara la carrera o comenzara otra? No soy un adolescente, pero tampoco estoy tan grande.” 

Cuando el Francisco de 18 años llegó a la estación Nativitas se dirigió a la salida sin pensar más que en los chacales, los mamados de mercado y los hombres maduros que estarían esperándole, según le habían contado. Evidentemente no pensaba en su vida futura, era imposible que en esos momentos pudiera preguntarse lo que estaría haciendo dentro de 17 años. ¿Por qué lo haría? El futuro no le pesaba sino todo lo contrario, era una hermosa promesa: vivencias, amores, sexo, triunfos, diversión, alegrías… Cuando al fin llegó a los baños, a diferencia del Francisco de 35, se puso nervioso… Sí, continuaba emocionado, pero no pudo evitar esa sensación de intranquilidad. Decidió fumar. 

Francisco sintió satisfacción al pensar que si bien a sus más de treinta años tenía largas y afiladas las uñas de las manos, también era cierto que podía pintarlas del color que se le diera la gana. “También te crecerán los colmillos. Para sobrevivir necesitarás esos cambios, lo descubrirás y lo escribirás nueve años después, inspirado por un grafiti. Lástima que no puedas escucharme, lástima que no pueda prevenirte.”, se dirigió al Francisco joven al recordarse en ese mismo lugar, fumando nerviosamente a un costado de la librería Jimena. Fue consciente de las ideas, emociones y preocupaciones que en ese entonces tenía, pero no supo si quedaba o no algo de todo eso. 

-Ten, muchacho. –El Francisco mayor sacó de la bolsa de su chamarra unas hojas de papel dobladas en cuatro. 

-¿Qué es esto? 

-Tu regalo de cumpleaños. Información que te será muy útil… que nos será muy útil. Es una lista con los nombres de quienes se convertirán en nuestros amores, nuestros amigos y enemigos. Debajo de algunos nombres encontrarás una pequeña descripción del personaje en cuestión... Así nos ahorraremos unas cuantas lágrimas. También encontrarás consejos sobre otros temas, dentro de poco elegirás una carrera que terminará aburriéndote, así que es mejor que veas otras opciones… 

El Francisco más joven le dio una chupada a su cigarrillo antes de tomar las hojas. 

-Cuando regrese a casa las revisaré, lo prometo. –Sonrió y se las guardó en uno de los bolsillos traseros de su pantalón de mezclilla. 

Ambos arrojaron las colillas de los cigarrillos al suelo y las aplastaron con las suelas. 

-¿Estás seguro de que quieres entrar? 

-¿Bromeas? 

Francisco supo que no podría convencer al joven de postergar su visita a los baños, de nada serviría contarle lo que estaba a punto de vivir, el pavor que lo acompañaría los siguientes meses. El joven lo miraría con incredulidad, suspicacia… pero nada más. 

Entraron al establecimiento, el más joven pensando en lo que haría en caso de encontrar a algún conocido y el mayor juzgando como absurdo aquel pensamiento. 

-¡Vamos, chico! Si te encuentras a algún conocido es porque también viene a buscar acción, ¿no? 

-¿Y si sólo viene a bañarse? 

-Pues le dices que tú también. 

-Fuera tan fácil. 

Los dos pagaron el vapor general y, con sus tiquetes en mano, se dirigieron al primer piso. Ver nuevamente aquel escenario no alteró al Francisco de 35 años. Al ir subiendo las escaleras temió que el síndrome de estrés postraumático volviera a aparecer, que le diera un ataque de pánico y tuviera que salir corriendo para después regresar a terapia, ¡a otro maldito año de terapia! Para su fortuna, no fue el caso. 

Entregaron los papelitos al encargado y éste les señaló cuáles eran sus respectivos vestidores. En cuanto se desnudaron y se enredaron las toallas en la cintura, se dirigieron, con sus artículos de higiene personal -y algunos condones en el caso del Francisco mayor-, a las regaderas. 




-Esta es una de esas experiencias que quisiera evitarte, chico. 

-¿De qué hablas? 

Francisco miró con tristeza al jovencito y retomó la palabra. 

-¿Ya viste? 

En la puerta de entrada al área de regaderas podía leerse: “Prohibida la entrada a homosexuales”. 

-¡Pinche letrero mamón! –Contestó el Francisco de 18 sin poder contener las carcajadas. 

Entraron. A pesar de la hora, abundaban los usuarios. 

-Sabía que hasta los sábados la gente tiene ganas de coger. 

-Pero hoy es martes. 

-¿Qué dices? 

-Nada, olvídalo. 

-¿Y ahora qué hacemos? ¿Nos bañamos, nos sentamos, entramos al área de vapor o pedimos que nos den un masaje? 

-¿Qué te parece si nos bañamos y después entramos al vapor? Ayer no me bañé y si vamos a tener un encuentro con alguien, preferiría estar limpio. 

-De acuerdo. 

Mientras ambos Franciscos se bañaban, varios hombres los miraron de forma lasciva. Otros entraban y salían del área de vapor. Algunos más recibían un masaje. 

-¿Cuál te gusta? 

-¡Todos! 

Con la respuesta recordó lo poco selectivo que era en ese entonces. 

Una vez que terminaron de bañarse, entraron al área de vapor. En el centro del cuarto estaban tres hombres, otros más los observaban sentados. Los Franciscos se sumaron a los espectadores. El hombre B, completamente de rodillas, le hacía sexo oral al hombre A, mientras que el hombre C estaba detrás del A, tal vez penetrándolo. El vapor, aunque no tan abundante, no permitía distinguir perfectamente la escena. 


                               Foto de Alejandra Carbajal

Un señor en ropa interior y que caminaba alrededor del cuarto, simulando ejercitarse, abrió la llave del vapor, de pronto nada resultó visible. 

-¿Estás ahí?, ¡¿por qué hacen esto?! 

-Sí, chico, aquí estoy. 

Se escucharon gritos a las afueras del cuarto de vapor. 

-¿Qué pasará? 

El Francisco mayor sabía la respuesta pero, a pesar de sus deseos, no podía darla. 

La puerta se abrió. 

-¡Órale, cabrones! Pa’ dentro. ¡Y al que salga se lo lleva la chingada! 

Un hombre obligó a entrar a los que estaban en los vestidores y en el área de regaderas. Todos se replegaron hacia el fondo del cuarto. 

-Son tres los rateros. –Explicó, tratando de contener las lágrimas, un usuario de aproximadamente 50 años.- Yo apenas iba llegando y me obligaron a desnudarme. Al toallero lo obligaron a abrir los vestidores y están robando nuestras pertenencias. 

El Francisco de 18 años, el más joven de todos, pensando en el dinero en efectivo que sus padres le habían dado en la mañana, corrió hacia el área de vestidores. Por actuar de forma tan impulsiva no alcanzó a escuchar que los asaltantes estaban armados. 

El otro Francisco, aún sentado, se sintió frustrado por no poder intervenir. Cinco minutos más tarde, como sabía que sucedería, el Francisco más joven regresó con una herida en la frente. Nunca antes lo habían asaltado. En los siguientes años volvería a ser víctima de la delincuencia, pero nunca de forma tan violenta. La sangre y las lágrimas le nublaron la vista. Un usuario le ayudó a sentarse y otro trató de detener, usando una toalla, el sangrado provocado por el cachazo. Una vez sentado rompió en llanto, estaba tan asustado como furioso y frustrado. ¡Vaya cumpleaños! 

Después de esa mala experiencia, Francisco visitó muchos lugares de encuentros, entre otros las famosas Casitas. Pero nunca pudo olvidar lo interrumpido por aquellos maleantes en los baños Rocío. Una vez superadas la ansiedad y la angustia, la idea de regresar le comenzó a rondar por la cabeza, pero siempre encontraba razones para aplazar esa visita. Fue hasta que comenzó a rentar un cuarto en la Portales que la idea adquirió la fuerza suficiente como para convertirse en un plan con fecha y hora. 

Por eso estaba ahí, como testigo mudo del sufrimiento del Francisco de 18 años. 

Una vez que Francisco dejó de llorar, el hombre que le limpiaba la herida se disculpó: “Perdóname, saliste tan rápido que no pude detenerte.” “Si querías detenerlo, lo hubieras jalado de los güevos… o del pito, que lo tiene bastante largo.”, dijo otro tratando de relajar la situación y todos se rieron. 

Después del chiste, el Francisco de 35 trató de concentrarse en lo que el Francisco de 18 no podía ver por encontrarse en el pasado. 

Los hombres A, B y C continuaban en lo suyo. Francisco, al sacar de su mente los fantasmas del pasado, se sintió excitado con la escena y, al igual que los otros espectadores, comenzó a tocarse el miembro con sutileza. Un hombre de casi setenta años, que estaba sentado en la banca de enfrenté, al ver cómo se toqueteaba Francisco, se levantó y se acomodó junto a él. “Si no supiera que Monsiváis falleció hace muchos años, juraría que es este ñor, a fin de cuentas dicen que frecuentaba este lugar. También dicen que frecuentaba los bares de República de Cuba e incluso que su última pareja la conoció en el Marra y que le dedicó su libro Apocalipstick.” 

El doble del autor de Los rituales del caos y de Escenas de pudor y liviandad, entre otras obras, también comenzó a jugar con sus genitales sin apartar la vista del pene ya erecto de Francisco. Éste, en cambio, miraba a todos los usuarios: al que tenía a su lado, a los tres que daban el espectáculo, a los que veían desde sus lugares, y a los que entraban y salían del cuarto de vapor. 

El ñor se acercó a Francisco unos centímetros más, no se necesitaba ser profeta para saber lo que a continuación sucedería, ¿o sí? El fantasma de Monsiváis extendería su mano y Francisco no lo rechazaría, ¿o qué otra cosa podía pasar?… 

“¡Está temblando!”, gritó alguien desde uno de los rincones del cuarto. 

Así fue como Francisco supo que no se había tratado de un mareo debido al vapor, como creyó por un par de segundos. No se levantó al pensar que se trataría de un temblor ligero y de poca duración, algo sin importancia. Una vez que la intensidad de los movimientos aumentó todos, incluyendo a Francisco, salieron de la sala de vapor y del área de regaderas. 

La alerta sísmica, al fin, se activó. “¡Puta madre!, ¿a qué hora se le ocurre sonar?”. 

Algunos comenzaron a bajar las escaleras -con o sin toalla en la cintura- con la idea de salir del edificio. Otros buscaron al toallero para que abriera los vestidores y así pudieran vestirse o sacar sus cosas, pero éste ya se encontraba en la calle. 

No faltaron quienes se arrodillaron a pedir compasión divina. “Prometo no regresar a estos lugares, pero que no me muera diosito.”, “No vuelvo a engañar a mi mujer, dejaré el vicio de la carne, pero que ya se pase el temblor, por mis hijos, Señor.” 

Si Francisco permaneció en silencio ante lo que le parecían “puras mamadas” –se definía a sí mismo como un ateo “de hueso colorado”- fue porque realmente estaba preocupado por la magnitud del temblor. 

Algunos estantes con botellas y artículos varios terminaron en el suelo, lo mismo sucedió con algunos espejos que quedaron hechos añicos. 

Segundos después el temblor y los lloriqueos terminaron. Una vez que el encargado de las toallas hubo regresado, abrió los vestidores y avisó que el servicio se suspendería. 

Afuera Francisco se encontró nuevamente con su yo del pasado. 

-Afortunadamente no se llevaron mi ropa, yo creo que vieron mis tenis bastante madreados. ¿A quién le habrá ido peor?, ¿a mí con el golpe y habiendo perdido mi dinero o a ti con el susto? 

-Ni idea. Pero el terremoto estuvo cabrón. 

-¿Y qué vas a hacer? 

-Lo mismo que tú, regresar a casa. 

-Pero, ¿podré hacerlo?, ¿habrá metro?, ¿no habrán suspendido el servicio? 

-Nel, este pinche temblor fue en el aniversario 32 del de septiembre de 1985, no en marzo de 2000. Puedes regresar a casa sin ningún problema... Pero ven, acompáñame hacia el metro Portales. 

Los dos Franciscos estaban asustados aunque por diferentes motivos, el mayor comenzó a percatarse de la verdadera magnitud de lo vivido, en esta ocasión superaría en sólo un par de meses el estrés postraumático. 

No recordaba haber visto tanta gente fuera de sus casas o lugares de trabajo a causa de un sismo. 

En los siguientes días sería testigo de una solidaridad parecida a la que hubo en el temblor del 85, de la cual obviamente sólo sabía de oídas. Vería la organización de los ciudadanos en las redes sociales, pero también cómo serían usadas para compartir chismes, rumores y noticias falsas. Escucharía de todo lo bueno y lo malo que es capaz de hacer el ser humano en una desgracia así. A través de Facebook y Twitter se estaría informando de los centros de acopio y de los lugares donde se necesitaran voluntarios, palas, lámparas, etc. Conocería a los vivillos y charlatanes -infaltables, por supuesto- supuestamente capaces de predecir sismos. Como en el 85, también en esta ocasión saldría a relucir la corrupción en cuanto a la construcción de edificios (materiales, permisos, etc.), muchos de los cuales terminarían siendo demolidos. El terremoto, según las cifras oficiales, habría ocasionado más de trescientos fallecimientos, de los cuales la mayor parte sería de la Ciudad de México. 

-¿Me dejarías descansar un rato en tu casa?, todavía me duele mucho el golpe. 

-Ojalá pudiera, pero… 

-Sí, no te preocupes, no tienes que darme explicaciones. 

-Además, en cuanto llegues a tu casa, te alegrará tanto ver a tus… mis… nuestros padres que llorarás como bebé en sus brazos, ellos te preguntarán sobre la herida y les confesarás todo… 

-¡No es cierto! 

-Sí lo es. Les dirás lo que querías decirles en la mañana, y como estarás hecho un manojo de emociones, no podrás contenerte y también les explicarás que el madrazo se debió a un asalto en los baños de vapor y que fuiste por calenturiento… 

-¡En la madre! 

-Créeme, no bromeo, lo harás. 

-¡Chin! 

-Aquí es donde nos separamos… Pero te voy a decir una cosa, nunca voy a regresar a estos pinches baños. Sí, ya sé que prometí lo mismo hace 17 años y aquí estamos. Pero ¡ahora sí lo cumplo! 

Golpearon sus puños a manera de despedida. El Francisco de 35 observó alejarse hacia el metro al chico que un día fue… 

-¡Ey! -le gritó-. Los próximos 17 años no serán tan malos. 

Finalmente uno entró a la estación del metro y el otro comenzó a caminar, sobre la Calzada Santa Cruz, rumbo a Filipinas. Mientras caminaba sacó otro cigarrillo y se preguntó si acaso en los baños también habría estado un Francisco de 40, 50 o más años deseando prevenirlo sobre el terremoto.


Foto de Karla Almaraz