miércoles, 1 de mayo de 2013

INFORMES CON ALTO GRADO DE EXTRAÑEZA


Héctor Escobar Sotomayor

OVNIS FOTOGRAFIADOS


Generalmente se ha supuesto que una buena evidencia de la existencia de los OVNI lo constituye una fotografía. No es cierto. Una fotografía generalmente proporciona muy poca información. A menudo, y en esto están de acuerdo la mayor parte de los ufólogos, es muy sencillo falsificar una fotografía y los métodos para hacerlo pueden ser infinitos. Por ejemplo es posible fabricar maquetas, como el caso de las famosas fotos de Billy Meier, es posible arrojar objetos al cielo y fotografiarlos, es posible manipular los negativos, etc. Aparte podemos tomar una amplia variedad de casos en que la persona se ha confundido y fotografiado un objeto común creyendo que es un OVNI. Igualmente es muy posible que las películas muestren defectos que harán aparecer posteriormente un OVNI invisible. ¿Qué podemos obtener en limpio de este tipo de evidencias? Primeramente es necesario hacer una depuración del catálogo y eliminar aquellos casos que tienen una explicación evidente, y aquellos de los cuales poseemos datos insuficientes como para llevar a cabo un análisis satisfactorio. Igualmente es necesario eliminar aquellos casos en los que sólo se ven luces y cosas similares pues proporcionan muy poca información. 

De este modo se eliminan una gran parte de los mismos y quedan sólo algunos pocos casos de interés. 


El caso Cocoyoc

Sin duda uno de los casos fotográficos más impresionantes que han ocurrido en México es el famoso caso Cocoyoc, que apareció publicado por vez primera en el número 11 de la revista Contactos Extraterrestres en un artículo de Fernando Téllez titulado “OVNI tentacular fotografiado en Cocoyoc”.


Los hechos ocurrieron durante la tarde del domingo 3 de noviembre de 1973, cuando el matrimonio Jiménez (pseudónimo) se dirigía a la ciudad de México después de haber pasado el día en el balneario de Cocoyoc, Morelos. En el automóvil viajaban los esposos Jiménez, su hijo de pocos meses y la niñera del mismo. Aproximadamente a las 16:45, la Sra. Jiménez indicó a su esposo la presencia de un helicóptero de raro aspecto, que parecía acercarse a la carretera. 

 
El Sr. Jiménez decidió detener el coche para ver mejor y entonces relata lo siguiente: “Al bajar, pude ver un extraño objeto en forma de pera invertida con cinco tentáculos colgándole”. El testigo no está muy seguro pero calcula que el objeto se encontraría a unos 100 metros de altura. Al ver lo raro del objeto, la Sra. Jiménez y la niñera se pusieron muy nerviosas y querían marcharse, pero el Sr. Jiménez decidió ir por su máquina fotográfica que se encontraba en la parte trasera del coche. Con esta máquina comenzó a fotografiar al objeto pudiendo obtener una primera fotografía en los momentos en que el objeto empezaba a alejarse. Luego colocó a la cámara un teleobjetivo y pudo obtener dos tomas más. Para entonces se percataron de que no se trataba de un objeto sino de dos. Un segundo objeto volaba a ras de los árboles y posteriormente se ocultó detrás de los mismos. En ese momento, el primer objeto aterrizó a lo lejos y a él se acercaron unos niños que se encontraban en los alrededores. Jiménez decidió esperar a ver si ocurría algo más, pero no fue así por lo que decidieron volver al vehículo. 

 
Según los testimonios, el objeto era de color verde oscuro, mate y se le calcularon unos 12 metros de altura por unos ocho metros de diámetro. La duración total del avistamiento sería de unos ocho minutos. 

Las fotografías fueron examinadas por el Sr. Roberto Padilla, director de servicios especiales de Kodak Mexicana, quien mediante varias pruebas como continuidad de grano y otras, concluyó que los negativos eran auténticos y no habían sido manipulados. Esto no descarta otras posibles formas de truco. 

 
La cámara utilizada fue una Minota SRT 101, la primera fotografía se tomó con lente normal de 50 mm. En tanto que la segunda y la tercera se lograron con telefoto de 135 mm. Las tres tomas fueron logradas con película Kodacolor ASA 200 din. 

 
Probablemente una de las características más peculiares del caso Cocoyoc  sean las características físicas del objeto, muy poco comunes en el grueso de la casuística. Por lo anterior, llama la atención encontrar unos años después, también en México, una observación de un objeto de características similares. 

El 24 de agosto de 1978, aproximadamente a las 18:00, el joven Luis Alfonso González Luna, que en ese entonces contaba con 14 años de edad, se encontraba paseando a su perro en la avenida Río Churubusco, en la parte este de la ciudad de México, cuando, al voltear hacia el cielo, llamó su atención un objeto en forma de trompo color gris con unas tenazas que sobresalían de sus costados. 

El objeto era absolutamente silencioso y avanzaba con rumbo oeste-este y luego cambió su dirección hacia el sur. El joven González se encaminó rápidamente a su casa a fin de poder observar el objeto con ayuda de unos binoculares o tratar de fotografiarlo. Al llegar a su casa, todavía era visible, pero al salir con los binoculares y la cámara ya no pudo volver a localizarlo. 

 
Al parece el mismo objeto fue observado por el Sr. Federico Jiménez, quien dio informe de su avistamiento en una carta dirigida a Contactos Extraterrestres y que apareció publicada en el No. 97. 

Ese mismo día, aproximadamente a las 18:00, el Sr. Jiménez viajaba en un automóvil en compañía de un amigo cuando pudo ver un objeto cónico de aspecto metálico que reflejaba la luz del sol. La parte inferior del objeto era oscura y en ella se podía distinguir un círculo. El objeto fue ocultado por las nubes y ya no lo volvieron a ver. 

 
Hasta el momento, el caso Cocoyoc permanece como no identificado; es decir, no se han hecho las pruebas pertinentes que determinen la autenticidad de las fotos. Dadas las características de las mismas, parecen corresponder a un objeto sólido, tridimensional y situado a bastante distancia del observador. Sin embargo, a fin de dar un avance mayor se requeriría de un análisis más amplio, cosa que por el momento parece imposible pues se ha perdido todo contacto con los testigos. 

Fragmento del libro "500 Años de ovnis en México II" de Héctor Escobar Sotomayor.

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