sábado, 14 de abril de 2012

LA HOMOSEXUALIDAD DURANTE EL PORFIRIATO (Primera parte)

Cuando en México se inventó la homosexualidad

Los elegantes carruajes llamaron la atención de los gendarmes, quienes decidieron inspeccionar aquella casa en la que se celebraba un baile. Los policías tuvieron que esperar algunos minutos, pues los invitados, entretenidos como estaban, tardaron en percatarse de que llamaban a la puerta. Enorme fue la sorpresa de los guardianes del orden, pues les abrió un hombre “vestido de mujer, con la falda recogida, la cara y labios llenos de afeite y muy dulce y melindroso de habla.” Aquel caballero no era el único vestido de mujer, muchos otros “llevaban pelucas, pechos postizos, aretes, choclos bordados y en la cara tenían pintadas grandes ojeras y chapas de color.” En realidad, en aquella fiesta no había más que una mujer, ¿cuántos hombres se encontraban presentes y cuántos de ellos vestían de mujer? La respuesta está en el corrido que compuso Vanegas Arroyo:

Hace aún muy pocos días
Que en la calle de la Paz
Los gendarmes atisbaron
Un gran baile singular.
Cuarenta y un lagartijos
Disfrazados la mitad
De simpáticas muchachas
Bailaban como el que más.

La otra mitad con su traje,
Es decir de masculinos,
Gozaban al estrechar
A los famosos jotitos
Vestidos de raso y seda
Al último figurín
Con pelucas bien peinadas
Y moviéndose con chic.

Poco faltó para que los policías golpearan a los bailarines, un policía declaró a la prensa que tuvo ganas de “emprenderla a palos y bofetadas con los bribones aquellos.” Los “cuarenta y un lagartijos” fueron detenidos y trasladados a un cuartel militar en el que fueron rapados y vestidos como reclutas. Todo esto sucedió durante la madrugada del 18 de noviembre de 1901.


Finalmente sólo se castigó a 12 de los 41 “jotitos” (cosas de la posición social y las influencias). Al principio se pensó en sumarlos al ejército, pero se determinó que no eran dignos de ello (“El ejército no puede recibir en sus filas a individuos que han abdicado de su sexo, la Nación no debe honrar con el chaco ni a quienes se han degradado con los usos del colorete y los vestidos de las prostitutas, ni a los que le sirvieron de pareja.”); así, finalmente se les envió a Veracruz y a Yucatán, se dedicarían a la edificación de obras públicas. Pero ¿por qué la prensa de la época mencionó que en aquel baile habían participado 41 “maricones”, cuando en realidad lo habían hecho 42? Porque el “maricón” que no estaban contando (cosas de las influencias) era Ignacio de la Torre y Mier, yerno del dictador Porfirio Díaz.

La anterior es una breve descripción del famoso baile de los 41, y viene al caso porque de este suceso he encontrado información en una reciente visita a la Biblioteca del Colegio de México.

En el libro Tradiciones y conflictos. Historias de la vida cotidiana en México e Hispanoamérica (El Colegio de México y El Colegio Mexiquense, 2007) aparece un apartado titulado “Las nuevas minorías”, y en dicho apartado hay un capítulo titulado “Crónica de un baile clandestino”, mismo que fue escrito por Mílada Bazant.

En su trabajo, Bazant además de narrar los acontecimientos, trata de profundizar y exponer la forma en que se trataba a los homosexuales y lo que se pensaba de ellos.

Así, comienza su escrito narrando aspectos generales del baile nefando, la forma en que la policía irrumpió, y el tratamiento que se le dio en la prensa. Bazant nos cuenta la forma en que se trató el tema en La Tribuna, El Universal, La Patria, La Gaceta Callejera, El Popular, El Imparcial y El País.

La Tribuna y El Universal fueron los primeros en dar la noticia; fue en La Gaceta Callejera donde aparecieron las famosas caricaturas de Guadalupe Posadas (y que ilustran esta entrada) y el corrido de Vanegas Arroyo; fue La Patria la que bautizó el suceso como Los cuarenta y uno; en El Popular, un articulista que firmaba como el Diablo Rojo “construyó, el día 24, la historia de los hechos, en forma literaria, de estilo satírico, con diálogos. Le tomó tres, cuatro días para indagar qué es lo que había pasado y escribió un artículo chusco, a manera de diálogo entre dos comadres, que lleva como título El baile de los 41. El bautizo de un rorro y la rifa de un Pepito. Una vieja entre los pollos. Bigotitos Rizados, ‘¡Mírame, marchando voy!’”.

Posteriormente, la autora narra el destino de los 12 bailarines a los que se castigaría. El mencionado Diablo Rojo escribió los supuestos comentarios que realizaban los “perjumaos” mientras se dirigían a cumplir su castigo, de hecho, “escribió un diario y unas cartas, claro, ambos apócrifos, que relatan las desventuras de aquellos infelices.”


¿Y qué pasó con los que se quedaron en la Ciudad de México? “siguieron ‘luciendo sus bellas figuritas por todas partes’ como si nada hubiera pasado. Mantuvieron la costumbre de frecuentar los baños públicos, sobre todo los afamados, recién remodelados baños turcos de la Gran Alberca Pane, ubicados en Paseo de la Reforma, conocidos, aún por las autoridades, como centros de ligue para homosexuales. Pero también continuaron viviendo en la clandestinidad, perseguidos y repudiados socialmente, y sintiéndose ellos mismos como ‘anormales’ como lo testifica Salvador Novo.”

¿Después de estos hechos cómo fueron las relaciones entre Ignacio de la Torre y Porfirio Díaz? Bazant lo explica y además escribe sobre el destino de Ignacio de la Torre. Luego escribe sobre los otros bailes, reuniones similares que se siguieron organizando y de los que la prensa también se llegaba a ocupar (en estos bailes, con la ayuda de un muñeco, se simulaba un parto y un bautizo; también se solía rifar un jovencito). Este apartado termina con las siguientes palabras: “En concreto: a la luz de su época los detalles organizativos del baile de los 41 no fueron tan originales ni tan únicos. En cambio, sí era cuestión de escándalo el hecho de que saliera a la luz pública un baile de ricachones ‘jotos’ donde además estaba involucrado el yerno del presidente. Sin embargo, más allá de la condena popular hacia la fiesta, más allá de la reacción partidista de las autoridades y de su acción en torno a los pecadores pobres quienes fueron tratados como delincuentes, ¿qué había detrás de la homosexualidad en México? ¿Qué se pensaba de los ‘afeminados’?”

Comienza a ocuparse de las anteriores preguntas abordando la cuestión legal. ¿Qué decía la ley sobre la homosexualidad?, ¿qué hay sobre términos como ‘moral pública’, ‘buenas costumbres’ y ‘atentados contra el pudor’?

A las afueras del metro Hidalgo se encuentra el Centro Cultural José Martí. La puerta del lado izquierdo da hacia la Alameda. Junto a esa puerta se encuentra la placa de la imagen, misma que fue diseñada por Reinaldo Velázquez Zebadla

En la última parte Bazat trata de adentrarse en lo que se pensaba de la homosexualidad durante el Porfiriato. Se trata de un apartado sumamente interesante en el que se explica que la homosexualidad era considerada una enfermedad mental, una perversión (y había quienes suponían que existía un nexo entre las desviaciones sexuales y la criminalidad).

En el epílogo se comenta la importancia que para algunas personas tiene este suceso; Carlos Monsiváis, por ejemplo, afirmó que aquella redada inventó la homosexualidad en México, ¿por qué? Porque a partir de ese día los homosexuales en México ya no se sienten solos.

“Crónica de un baile clandestino” es una investigación que de tan interesante deja en el lector los deseos de averiguar más al respecto.


En la placa se lee:

A las tres de la mañana del domingo 18 de noviembre de 1901, la policía asalta una reunión de homosexuales, algunos de ellos vestidos de mujer. Esta redada les inventa a los gays de México un pasado que es en síntesis, la negociación con el presente. Con la palabra gay se introduce casi al mismo tiempo la defensa de los derechos humanos de los representados por ese término. Carlos Monsiváis.

A cien años, en desagravio de las 41 víctimas de la primera redada homófoba del Siglo XX en México.

Por el pleno respeto a los derechos humanos y civiles de gays y lesbianas.
Noviembre 18 de 1901-Noviembre 2001
Comunidad Lésbica-gay


Para saber más sobre el baile de los 41 recomiendo el texto Los "cuarenta y uno", cien años después de Miguel Hernández Cabrera. En ese artículo, por un lado se cuentan los hechos; por otro, se explica la forma en que Televisa los presentó en la telenovela El vuelo del águila; y por último, Hernández Cabrera se refiere a lo que se ha avanzado en el país en materia de tolerancia y respeto hacia los homosexuales, bisexuales y transgéneros, "quienes ahora se han agrupado solidariamente bajo el estandarte de la diversidad sexual".

1 comentario:

  1. Super interesante, jamas había escuchado sobre esto.

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