sábado, 7 de abril de 2012

CIENCIAS DE LA FALSIFICACIÓN

1.

Un afortunado accidente ha permitido que el público conozca la vida y obra de un mártir de la ciencia: el Doctor Peter Ameisenhaufen (1895-1955).


Cuando Ameisenhaufen dio a conocer sus ideas acerca de los huecos en la teoría evolutiva, perdió cualquier oportunidad de seguir investigando, ningún instituto se arriesgaría a tenerlo entre sus académicos.

Durante las décadas de los treinta y cuarenta, Ameisenhaufen se dedicó a explorar el mundo y a reunir evidencias que demostraran su tesis. Según el explorador alemán, existían numerosas especies cuyo origen no podía explicarse mediante la teoría de la evolución por selección natural.


Así, el entusiasta explorador, dibujó, fotografió y estudió numerosas especies hasta entonces desconocidas. Una serpiente con doce patas y una ostra equipada con una pata y un brazo, son ejemplos de las maravillas que Ameisenhaufen tuvo la fortuna de observar. Pero no sólo hay fotografías y dibujos de estos animales, algunos fueron conservados para fortuna de la humanidad.


Diferentes museos de ciencia y de historia natural han presentado los conocimientos reunidos por el doctor Peter Ameisenhaufen. Pero no sólo se ha expuesto el material que logró reunir (fotografías, dibujos, mapas, radiografías, ejemplares conservados): fotografías de la vida del alemán, imágenes del científico en su laboratorio y algunos de sus objetos personales (lentes, instrumentos de trabajo) también se han dado a conocer.

Pere Formiguera y Joan Fontcuberta, fotógrafos españoles, descubrieron accidentalmente todo este material cuando se encontraban de vacaciones en una vieja finca.

Ha sido posible conocer el trabajo del Dr. Ameisenhaufen gracias a las fotografías que tomó mientras realizaba sus estudios. Y gracias a la fotografía es que se han podido conocer muchos pasajes de su vida.


2.

Desde principios de noviembre del año pasado y hasta mediados de marzo de este año, el Museo Universitario del Chopo exhibió Fauna de Fontcuberta y Formiguera.


Visitar esa exposición resultó muy divertido. ¿Y qué pretenden sus autores?, ¿tan sólo divertirnos? En el mismo sitio del Museo del Chopo leemos:

El artista visual Joan Foncuberta presenta Fauna, una instalación multidisciplinaria que adopta el discurso expositivo de los museos de historia natural con el fin de criticarlo, reflexionando sobre la veracidad del discurso científico que comúnmente se impone como una verdad absoluta al espectador.



Algo similar puede leerse en la revista Proceso (en el mismo número en el que hablan del fraude de los llamados detectores moleculares GT-200), Blanca González Rosas anotó:

Reconocido internacionalmente por la creación de narrativas fotográficas ficticias que, al percibirse como reales, evidencian la falsedad y manipulación de los discursos visuales emanados del poder –científico, político, virtual–, Fontcuberta ha construido una fascinante propuesta artística que incide en la credulidad de la mirada. Una credulidad cómoda y acrítica que al ser incapaz de identificar la manipulación, convierte la verosimilitud en un sustituto de lo real.

Interesado especialmente en el estereotipo que identifica a la fotografía como un testimonio veraz de la realidad, Fontcuberta ha desarrollado proyectos que desequilibran la percepción de la verdad. Oscilantes entre el juego y la seriedad, sus propuestas se perciben como un documento invadido al mismo tiempo por la verosimilitud, el simulacro y la mentira.


Pero Fontcuberta y Formiguera no sólo nos hacen reflexionar acerca de los discursos "emanados del poder", como escribe Blanca González. Los dos fotógrafos hacen una crítica a los discursos que se disfrazan de ciencia. En la misma exposición -me refiero a un video- hay referencias a los platillos voladores y a los ufólogos.


“Me gustaría ser director de la carrera de Ciencias de la Falsificación” dice Fontcuberta. Y vaya que posee el talento para ser merecedor de tal título. Según ha comentado, cuando se mezcla entre el público que visita Fauna, los adultos se muestran asombrados ante aquellas maravillas que hasta entonces desconocían: peces con pelos, patos con patas de conejo, conejos con cabeza de murciélago, etc. Los niños más bien se sorprenden ante la credulidad de sus padres.

Y es que el ambiente parece el adecuado para que las dudas se disipen, ¿por qué un museo de historia natural presentaría un engaño?, y si es una broma ¿dónde está el letrero que la explique?

Un amigo de Fontcuberta aceptó dar vida al Dr. Ameisenhaufen. Las fotografías de éste, en las diferentes etapas de su vida, fueron tratadas adecuadamente para que parecieran realmente antiguas: algunas de estas impresiones lucen amarillentas o con manchas que parecen delatar el paso del tiempo.

¿Cuál es el origen de los extraños animales disecados? Formiguera y Fontcuberta convencieron a los encargados del zoológico de Barcelona para que les donaran los cuerpos de los animales que fueran muriendo. Un taxidermista se encargó de las modificaciones. Ambos fotógrafos mencionan al Yeti y al Monstruo del Lago Ness como antecedentes de su obra.

Fontcuberta explica: “El proyecto Fauna quiere incidir fundamentalmente, desde la experiencia artística y con una vocación eminentemente lúdica, en la problemática de cómo desmantelar los dispositivos gnoseológicos de los medios y de la industria cultural. O, en un sentido más amplio: ¿cómo desmantelar los procesos de producción y transmisión del conocimiento? Finalmente descubriríamos que la verdad es mera especulación. Sólo hay fantasías que más o menos se le acercan. Y son fantasías interesadas.”

Tiempo atrás, Fontcuberta ya había presentado un trabajo similar: Herbarium. En dicho trabajo, Fontcuberta presentaba, imitando los reportes científicos, supuestas plantas hasta entonces desconocidas. “Plantas” elaboradas mediante materiales de desperdicio. El cosmonauta soviético Ivan Istochnikov es otro personaje creado por Fontcuberta (supuesto cosmonauta perdido en el espacio y del que también supuestamente se quiso desaparecer cualquier información). En este último caso, un seudocientífico se creyó toda la historia; posteriormente se le preguntó a Fontcuberta su opinión al respecto (ver aquí).

Así que, a mi parecer, el mensaje de estos trabajos de Fontcuberta es: hay que ser críticos con la información que nos presentan, aún con aquella que parece científica.

Las fotos de esta entrada fueron tomadas por Juan Carlos Márquez Sánchez

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