viernes, 1 de mayo de 2015

La ciencia moderna en la Nueva España

Una parte importante del libro "Los orígenes de la ciencia moderna en México (1630-1680)" de Elías Trabulse la ocupa Fray Diego Rodríguez. Veamos lo que al respecto explica el historiador. Con las siguientes líneas deseo comenzar a poner en contexto las "Sizigias y cuadraturas lunares" de Fray Manuel Antonio de Rivas (proyecto del que ya he escrito anteriormente, al final aparecen los enlaces correspondientes).

LAS TERTULIAS

Fray Diego Rodríguez ocupó en 1637 la primera cátedra de astrología y matemáticas que se impartió en la Real y Pontificia Universidad. Se le designó catedrático propietario. La asignatura era obligatoria para los estudiantes de la Facultad de Medicina y para los de Artes. Los cursos comenzaron a ser impartidos en latín, posteriormente se impartieron en castellano. Dice Trabulse que “Varias generaciones de médicos, astrónomos, matemáticos, ingenieros y agrimensores fueron beneficiarios de sus enseñanzas y del giro moderno que supo imprimirle a su cátedra. Su influencia se dejó sentir a todo lo largo del siglo.”

En sus clases “fue donde por primera vez se expusieron en México las teorías astronómicas de Copérnico, Kepler y Ticho Brahe, las físicas de Gilbert, Stevin y Galileo o las matemáticas de Cardano, Tartaglia, Bombelli y Neper. Fue una cátedra de alto nivel y abierta a las novedades, es decir, hacia el futuro, lo que provocó confrontaciones con los partidarios de la tradición. Fue en el aula universitaria donde, entre 1637 y 1668 –año de su muerte-, fray Diego inició el cambió, la transición del viejo al nuevo paradigma científico (…) logró desvincular definitivamente a las ciencias exactas de la metafísica y de la teología, tal como aparecían en el paradigma escolástico-medieval profesado en la Universidad, y aunque no hay duda de que esta impedimenta teológica perduró todavía muchos decenios en los estudios de filosofía que se realizaron en la Nueva España —basta recordar las sátiras de Gamarra, Moziño o Alzate en el último tercio del siglo XVIII—, es indiscutible que a partir de la apertura de la cátedra de matemáticas en el año de 1637 gran parte de la ciencia colonial fue hecha por individuos alejados de esas viejas preocupaciones metafísicas, tales como ingenieros, astrónomos o naturalistas que laboraron en sus investigaciones al margen de la Universidad y de los prejuicios escolásticos que la paralizaban. Por otra parte, toda esta actitud revela que la Colonia aceptó las nuevas tendencias antes que lo hiciera la metrópoli. En efecto, es un hecho que la comunidad científica novohispana, encabezada por el padre Rodríguez, aceptó los postula-dos de la ciencia moderna —primeramente en su versión hermética y después en la mecanicista— dos o tres decenios antes que los novatores lo hicieran en España.”


El padre Rodríguez –quien también realizó actividades administrativas dentro de la universidad- redactó escritos sobre matemáticas, astronomía y física.

Por otro lado, sus amplios conocimientos técnicos (hidráulica, agrimensura y construcción de aparatos de medición) prueban su concepción moderna del carácter experimental y cuantitativo del conocimiento científico.

Las obras públicas de la época (como el desagüe de la ciudad de México) requerían de conocimientos técnicos alejados de la visión escolástica de la ciencia. Esos conocimientos técnicos aparecieron en una obra titulada Relación Universal, Legítima y Verdadera del sitio que está fundada la muy noble y leal ciudad de México. Esta obra, aparecida en 1637, muestra los estudios y las discusiones en torno al desagüe de la ciudad, misma que sufrió una inundación de 1629 a 1635. Ingenieros, alarifes y arquitectos fueron convocados por el virrey para presentar proyectos para prevenir otra inundación similar. Fray Diego Rodríguez estuvo entre los participantes.

Una vez que se aprobó cómo se haría el desagüe, se tuvieron que hacer cálculos (volumen de tierra a mover, presión de las aguas, etc.). Así fue como la física aristotélica chocó contra la realidad.

Fray Diego distinguió entre física verbalista, apriorística y deductiva de los aristotélicos, y la nueva física experimental, inductiva y cuantificable. La primera sólo confundía, para Rodríguez un solo experimento podía invalidar argumentos probables y hasta lógicos. Sus trabajos prácticos (las obras de desagüe y sus tareas en la Catedral de México, para estas últimas fray Diego construyó aparatos de madera para mover pesadas campanas, desgraciadamente de esos aparatos no tenemos ninguno de los diagramas trazados por el científico) le llevaron a estudiar –usando matemáticas- hidráulica y mecánica. Así, usó matemáticas para resolver problemas técnicos.

Como geómetra fue solicitado para resolver problemas de agrimensura. Señaló los problemas en la medición de tierras, y propuso soluciones a los mismos.

La creación de la cátedra universitaria de matemáticas propició que se formara una tertulia científica. Reuniones de interesados sobre todo en las matemáticas y la astronomía, mismas que se llevaban a cabo en las casas de sus miembros. Escribían textos sobre cometas, eclipses y fenómenos meteorológicos. Elaboraban almanaques y lunarios. Estudiaban los procesos metalúrgicos y construían aparatos de medición. Empleaban el lenguaje semisecreto de las doctrinas herméticas. Discutían lecturas en las que discutían la cosmovisión jerarquizada de los aristotélicos y –como ya se mencionó- la jerarquización de la sociedad.

La imprenta de la familia Calderón fue un apoyo económico y moral para los tertulianos. Las obras de los más notables científicos que trabajaron de 1640 a 1700 salieron de ésta. En general, los comerciantes de libros que tenían imprentas apoyaron la publicación de libros científicos, aunque, a decir de Trabulse, ninguno alcanzó los niveles de calidad y excelencia de los Calderón Benavides.

No todos los libros y almanaques aparecen en las memorias que los libreros entregaron a la inquisición.

En 1647 se emitió un edicto en el que se ordenaba someter a censura los pronósticos, lunarios y almanaques, ya que –al rozar la astrología judiciaria- se les consideró subversivos. A varios de los contertulios de Diego Rodríguez se les prohibió publicar.

Tanto Rodríguez como otros autores, ocultaron sus escritos de los inquisidores. Sin embargo, varios contertulios fueron acusados de heterodoxia científica o de practicar la astrología judiciaria. Se les abrieron procesos y sus bibliotecas fueron confiscadas (un caso mencionado por Trabulse es el de Melchor Pérez de Soto, cuya biblioteca contenía numerosos volúmenes a favor y en contra de la astrología judiciaria; además de obras herméticas, de astronomía –Copérnico y Kepler están entre los autores de esta materia-, matemáticas, cosmografía, náutica, física, y de construcción de aparatos como relojes solares, telescopios y cronómetros).

Los científicos o intelectuales se defendieron argumentando que en materia científica no hay autoridad reconocida ni debe existir censura eclesiástica. Expresaron que una era la astrología judiciaria y otra la racional, misma que comprende la astronomía y la meteorología.

Las autoridades civiles y eclesiásticas se percataron de lo subversivas que podían ser las aparentemente inocuas tertulias de los científicos criollos (algunos de ellos tenían ya ideas independentistas). Así, las autoridades identificaron “a los astrólogos con conspiradores encubiertos y las tertulias con focos de disidencia política.”


FRAY DIEGO RODRÍGUEZ

Trabulse habla de dos etapas en cuanto a la recepción y difusión de la ciencia moderna en la Nueva España. Y en ambas etapas hay una figura relevante o emblemática:

1) De 1630 a 1670. Fray Diego Rodríguez. 2) De 1670 a 1700. Carlos Sigüenza y Góngora.

Ambos personajes tuvieron cosas en común: eran criollos, clérigos, catedráticos universitarios de matemáticas, interesados en las ciencias exactas y llegaron a ser astrónomos consumados.

Sobre las diferencias, Trabulse indica que “Fray Diego fue un científico puro y dedicó toda su vida a investigaciones y tareas estrictamente científicas sin desviarse nunca hacia otros temas. En cambio, Sigüenza fue lo que se denomina un polígrafo, ya que sus intereses desbordaron a menudo los temas científicos para incursionar en áreas como la poesía o la historia. Sin embargo, cada uno fue en su momento la figura central de un reducido núcleo de hombres de ciencia.”

La obra de Fray Diego –en palabras de Trabulse- forma el corpus científico más vasto producido por un solo hombre de ciencia durante el siglo XVII, y es uno de los más valiosos testimonios del cultivo de las ciencias exactas en México de toda la época colonial.”

Fray Diego fue autor de seis manuscritos (tres son de matemáticas, dos de astronomía y uno está dedicado a la construcción de aparatos científicos) y un impreso de 1652 sobre el cometa que apareció aquel año. Además escribió un tratado sobre logaritmos y sus aplicaciones, esta obra se extravió. Sus tablas logarítmicas de funciones trigonométricas –con uso práctico en astronomía- fueron las primeras en su género hechas en el mundo hispánico del siglo XVII. Su tratado sobre ecuaciones es, a decir de Trabulse, “posiblemente el trabajo más elaborado y más completo de toda su obra matemática.”

Trabulse especula que el escrito de fray Diego Rodríguez sobre logaritmos no fue editada debido a los altos costos de impresión, a la escasez de papel y al reducido número de personas interesadas en estos temas. Por otro lado, el historiador señala que las imprentas carecían de los caracteres tipográficos especiales que este tipo las obras de álgebra y trigonometría requerían y que no existían en México. Agrega que “Como en España y otros países europeos, en México la transición del manuscrito científico al libro impreso fue gradual, parcial y se prolongó por un periodo considerable hasta prácticamente el final de la dominación española, y esto debió más que a la censura inquisitorial cuya actuación en este sentido ya hemos evaluado, al hecho de que los científicos siempre fueron pocos en número lo que obligada a realizar tirajes reducidos que le resultaban incosteables al editor. Ello explica también que dichos libros sean de gran rareza y no pocas veces hayan escapado a las pesquisas de los bibliógrafos más sagaces y acuciosos.”

Fray Diego Rodríguez mantuvo correspondencia con intelectuales peruanos y españoles.

En su obra matemática, fray Diego distingue entre matemáticas puras y matemáticas impuras o aplicadas. En la parte dedicada a las matemáticas puras escribió sobre geometría, álgebra, aritmética y trigonometría. En la parte dedicada a las matemáticas impuras escribió sobre gnómica, mecánica, arquitectura, cosmografía, geografía, prosopografía, geodesia, magnetismo, hidrostática y cronología.

Además, Rodríguez hizo reflexiones acerca de la naturaleza de las matemáticas. Aquí, nuestro científico vio las matemáticas desde las doctrinas herméticas y neoplatónicas.

Veamos el contenido de su “Breve tratado de las elementales disciplinas matemáticas” (proemio de su “Tractatus Proemiabium Mathematices y de Geometría”):

1) De la Matemática en general. Qué cosa es la Matemática y en qué medida y razón se distingue de la física y de la metafísica. Cómo se distinguen sus principales ramas entre sí. 2) De la división de las disciplinas matemáticas en puras y en impuras y de sus definiciones. 3) De la prestancia y de la utilidad de la geometría especulativa. 4) De la división de la Geometría y de los Elementos de Euclides. 5) Qué cosa es teorema, qué problema, qué proposición y qué lema, para los matemáticos. 6) Cuáles son los principios de las Matemáticas.

Para fray Diego, las matemáticas son la base del conocimiento, ya que permiten comprender el cosmos regido por leyes numerables inmutables y armónicas. A su vez, consideraba que la geometría (a la que definía como la ciencia de las magnitudes, de las proporciones y de las figuras) es la base de cualquier otro saber matemático (para apoyar su tesis recurre a argumentos de Euclides, Platón y Procio). Escribió sobre las aplicaciones prácticas de la geometría (como la geodesia y la agrimensura, como ya se mencionó) y sobre la relación entre la geometría y la arquitectura. Es pertinente aclarar que interpretaba la arquitectura desde el hermetismo. Estudió la relación de la aritmética y la geometría con la música.

Fray Diego define la astronomía como la ciencia de los cielos y las estrellas y sus movimientos y efectos. La astronomía busca las elevaciones, diferencias y distancias de los astros, estudia su comportamiento para posteriormente deducir los teoremas astronómicos que los gobiernan. Los movimientos y efectos de los astros están apoyados en razones o principios geométricos y aritméticos que están, a su vez, relacionados con la música.

Trabulse explica que fray Diego era un kepleriano: Los teoremas astronómicos “no son otros que los que rigen las armonías musicales del movimiento de los planetas según ya habían sido establecidos por Kepler, primeramente en su Mysterium Cosmographicum, obra en que relacionó los cinco sólidos perfectos de Euclides, también llamados "cuerpos platónicos", a saber, cubo, tetraedro, octaedro, dodecaedro e icosaedro, con los radios de las esferas de los planetas; y posteriormente en su Harmonices Mundi donde atribuyó al movimiento de estos últimos un comportamiento musical concertado, en el cual cada planeta, como en la polifonía, sigue su propia partitura. El movimiento de las esferas celestes es pues un "concierto perenne" cuyos sonidos solamente son audibles por la razón geométrica. La música polifónica es sólo un reflejo de la música de las esferas en la cual Dios es el artista.”

Así, para nuestro científico, toda la naturaleza –microcosmos y macrocosmos- era una obra de arte que podía ser interpretada mediante las matemáticas. En palabras del propio fray Diego: “El volumen del mundo, es decir del universo todo con sus orbes y esferas musicales, sólo puede ser concebido y conocido como imagen nuestra.”

Fray Diego –al ser kepleriano- aceptaba la tesis heliocentrista.

En cuanto a la metodología científica, Fray Diego era un empirista convencido, refiriéndose a los cometas escribió que “nada convence con tanta apacibilidad como las demostraciones que son patentes a los sentidos (…) el astrónomo, no debe dejarse llevar por la imaginación y afirmar a priori hipótesis indemostrables. Sólo los paralajes y demás mediciones astronómicas hechos con un profundo conocimiento de la trigonometría esférica permiten describir una realidad determinada.”

A lo anterior Trabulse concluye: “En suma, solamente la experiencia unida a una precisa cuantificación del fenómeno que se observa, puede permitir emitir un juicio sobre la naturaleza de dicho fenómeno. Congruente con este modo de, pensar, es lógico que fray Diego haya sido un acucioso y riguroso observador. Las mediciones astronómicas que realizó fueron siempre de admirable precisión.”

Fray Diego, como muchos otros científicos de aquella época, construyó sus aparatos de medición. Con ellos elaboró muchas tablas astronómicas, mismas que muestran que dichos aparatos fueron construidos con minuciosidad y cuidado. De otra forma no podrían explicarse la precisión de sus cálculos y mediciones (precisión mayor a la de las mediciones hechas por otros años más tarde). Algunos de sus escritos versan sobre las bases teóricas de los instrumentos de precisión que se utilizan en las matemáticas y en la astronomía, además de otros para la pedagogía. Y aunque no contamos con alguno de esos instrumentos, lo que se tiene son sus diagramas y explicaciones de uso. No hay suficientes datos para afirmar que construyó los telescopios que empleó en sus estudios, lo más probable es que los mandara a hacer con hábiles artesanos o que los haya mandado traer de Europa. Algunos de sus escritos describen la construcción de relojes solares, construyó varios pero sólo ha llegado uno hasta nuestros días.

Trabulse también se refiere a las cualidades pedagógicas de fray Diego, labor que realizó por 31 años. Veamos lo que el propio fray Diego escribió al respecto: “En la enseñanza de cualquier ciencia debe comenzarse por los principios más claros, fáciles y ele-mentales ya que éstos se comprenden fácilmente y hacen que se deduzcan y demuestren varias y admirables razones de aquellos desprendidas. Esto enseña, además, a que nadie dé una prueba como verdadera si no es que antes la hubiese confirmado con cierta y evidente razón.”

Recomendaba comenzar por los principios más claros, fáciles y elementales, y explicar con palabras sencillas y fácilmente inteligibles para que el alumno pudiera ir ascendiendo en sus estudios.

Fray Diego escribió también acerca de cómo hacer demostraciones en matemáticas: “un verdadero matemático aborda cualquier problema, eliminando los obstáculos que se le oponen y que parecen contradecir sus razonamientos; para posteriormente demostrar, comprobar y confirmar, firme e infatigablemente su proposición, eliminando absolutamente todas las dudas del intelecto.”

En otra parte anotó: “Hay que razonar con firme e infalible intelecto que disipe las dudas y elimine las fugaces tinieblas, descubriendo la verdad. La perseverancia y la finísima razón son el precio de la misma.”


LA ASTRONOMÍA DE FRAY DIEGO RODRÍGUEZ

Los escritos astronómicos de fray Diego nos permiten captar su modernidad científica.

Su Doctrina general repartida por capítulos de los eclipses de Sol y de Luna –uno de los textos astronómicos más importantes de toda la época colonial- además de contener sus observaciones astronómicas, contiene sus reflexiones acerca del sistema del mundo. Esta obra se divide en ocho capítulos, los temas son: astronomía teórica, astronomía práctica y cosmología. Es en dos capítulos de la tercera parte en la que aborda el tema del sistema del mundo: "Doctrina de las Tres Tablas puestas de la latitud de los Tres planetas superiores Júpiter, Saturno y Marte según cálculo de Copérnico" y "Doctrina de la precedente Tabla de la latitud de Venus y de la siguiente de Mercurio, según los antiguos y Copérnico".

En su Discurso Etheorológico también aparece su visión de la forma del cosmos. Su otro texto astronómico es el Modo de clacular qualquier eclipse de Sol y Luna.

Fray Diego puso en duda la autoridad de Aristóteles: rechazó la existencia de las esferas celestes en las que supuestamente estaban incrustados los planetas, ya que los cometas recorrían libremente esos espacios y que los cielos (la región supralunar) fueran incorruptibles: “y lo que Aristóteles quitó de los cielos para que fuesen incorruptibles, eso mismo hemos de poner para que (no) lo sean (…) El haber cielos sólidos, fluidos o un purísimo ether no es de fe (…) No son aquellos cielos papel batido donde Dios escribe pronósticos felicísimos a los hombres con letras resplandecientes.”.

Negó las doctrinas aristotélicas, pues conocía las observaciones de Galileo sobre las lunas de Júpiter y las teorías de Kepler sobre la naturaleza ultralunar de los cometas. La obra astronómica de fray Diego incluye la observación y el cálculo de paralaje de los cometas. Mediante observaciones y cálculos de paralajes del cometa de 1652, Rodríguez probó que el cometa estaba situado “de la Luna para arriba.”

Para fray Diego no podemos saber el origen y naturaleza de los cometas, negó que causaran males (algunos han sido considerados buenos augurios): “hay cometas también plácidos, alegres, músicos y cantores, amigos de festines, y que son correos y portadores de buenas nuevas.”

Sobre las órbitas de los cometas y de los planetas, Rodríguez escribió: “se mueven por un círculo máximo tan indefectiblemente como los mismos astros, orden solo del cielo, y no de la región del aire, que ni aun rapto se les debe conceder; muévense al principio veloces y después tardos circularmente, y sin alguna excentricidad, y no con movimiento rectilíneo como quiso Juan Kepler, no admitido en la naturaleza.”

Por otro lado, fray Diego desarrolló, a partir de las ideas de William Gilbert, su hipótesis acerca de la gravitación. En su De magnete, Gilbert decía que existía un campo de fuerza con virtudes magnéticas alrededor de la Tierra. Usando la hipótesis copernicana, Gilbert generalizó esta idea a todo el sistema solar para explicar los movimientos de los planetas y la rotación de la Tierra. Fray Diego aceptó esta hipótesis: “Hay algunas virtudes en el cielo tan fuertes y eficaces (y más si son cercanas al cometa, y de su propia naturaleza) que llaman al cometa a aquella parte como la piedra imán al acero.”

Sobre sus ideas acerca del sistema del mundo, Trabulse escribe: “En los dos últimos capítulos de su Doctrina fray Diego desarrolló ampliamente su credo heliocentrista al fijarle a la Tierra la tercera órbita alrededor del Sol y al estudiar las distancias respecto de nuestro planeta de Marte, Júpiter y Saturno por una parte y de Mercurio y Venus por la otra, todo ello apegándose siempre a la ‘hipó-tesis copernicana’. Incluso en el último capítulo de dicha obra comparó los sistemas ptolemaico y copernicano y se decidió sin titubeos por el último pues era el que, según él, mejor representaba la realidad física del cosmos. Una lectura de ese texto nos convence más allá de toda duda que nuestro mercedario traspuso el umbral de la heterodoxia. Incluso en su obra impresa, el Discurso Etheorológico, que recibió la aprobación del ordinario, llega a afirmar que los cinco planetas mencionados giran alrededor del Sol.”

Fray Diego escribió que los planetas Júpiter, Saturno, Marte, Venus y Mercurio (como Tycho y otros mencionan), así como los cometas se mueven alrededor del Sol. No menciona a la Tierra. Trabulse considera que de esa manera fray Diego salvó su ortodoxia religiosa, pero que con toda probabilidad era un copernicano en secreto (era la teoría astronómica que mejor se ajustaba a sus observaciones astronómicas y a su concepción general del cosmos, recordemos su hermetismo).

Fue durante el segundo tercio del siglo XVII cuando en la Nueva España se comenzó a sustituir –lentamente- la física aristotélica por los principios modernos, la lucha entre ambas concepciones duró hasta finales del siglo XVIII.

En este cambió jugaron un papel importante tanto los ingenieros y constructores de máquinas –como se explicó más arriba- y fray Diego y sus discípulos.

Sin embargo, Trabulse señala que aunque elogiado después de su muerte, acaecida en 1668, pronto su obra fue olvidada “salvo esporádicas alusiones a su cálculo de la longitud geográfica de la ciudad de México.”

Algunos de sus manuscritos quedaron en el Convento grande de la Merced de México, otros llegaron a manos de Carlos Sigüenza y Góngora (no se tiene certeza del cómo).

En 1668, fray Ignacio Muñoz ocupó, a la muerte de fray Diego, la catedra de astrología y matemáticas. Sin embargo, fray Ignacio partió a España a principios de 1672, ocupó entonces la cátedra el bachiller Luis Becerra Tanco. Pocos días después falleció y la cátedra pasó a Carlos de Sigüenza y Góngora.

Enlaces:

De los conocimientos que permitieron que Onésimo Dutalon llegara a la Luna o Newton, Descartes y el primer cuento mexicano de ciencia ficción (primera y segunda parte).

El cuento de Fray Manuel Antonio de Rivas frente al Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de la Nueva España.

Un estudio sobre las "Sizigias y cuadraturas lunares".

La Filosofía Natural en la Nueva España y las "Sizigias y cuadraturas lunares".

Sizigias y cuadraturas lunares. Publicado en el año 2009 por el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada