viernes, 20 de julio de 2012

El escepticismo militante en la literatura de ficción

Hace unos días se me ocurrió una buena idea para una novela corta. Bueno, al menos eso pensé.

El protagonista masculino sería Jorge Armando Romo, director de la revista Razonando. Y aunque ni en la dirección ni en el consejo editorial de dicha revista hay mujeres, la protagonista femenina sería una escéptica colaboradora de ésta. De hecho, la protagonista sería la mano derecha de Jorge Armando.
La bella escéptica sería todo un estuche de monerías: inteligente, entusiasta y con una gran cultura escéptica. Jorge Armando, además, sería el amor secreto de la protagonista. Claro que como no sería una novela de amor (o pornográfica), no me detendría demasiado en ese aspecto (nada de escenas eróticas o de sexo explícito).  
Mi novela comenzaría con Jorge Armando recibiendo una llamada telefónica de su mano derecha. Ella le invitaría a asistir a la presentación de una canalizadora. Lo anterior intrigaría al director de Razonando, pues Lorena (su compañera escéptica) no se dejaría sorprender por una vulgar canalizadora, ¿habría algún truco nuevo que desenmascarar?
Llegado el día, Lorena y Jorge Armando asisten a la presentación. Varios minutos después Jorge Armando está bastante decepcionado, no ha visto algo medianamente interesante. Comienza a pensar que Lorena se ha convertido en una creyente de los canalizadores. Segundos más tarde descubre –para su tranquilidad- que afortunadamente no es el caso.
La canalizadora, en medio de su mediocre actuación, comienza a insultar al público asistente, les llama “primates boquiabiertos, dispuestos a tragarse cualquier cosa”. De igual forma, llama “charloteo infernal” al discurso pronunciado por ella misma al inicio de la supuesta canalización.
Jorge Armando y Lorena descubren que en las últimas sesiones ha hecho lo mismo, la canalizadora insulta y desprecia a su público. “¿Por qué hace tal cosa?”, se preguntan los protagonistas.
Jorge Armando, al analizar las palabras de la canalizadora y después de tener un enfrentamiento con ésta (la charlatana acusa a Jorge Armando de hipnotizarla durante las sesiones de canalización, es decir, no es algo que ella esté fingiendo, realmente algo extraño le sucede), concluye que el supuesto espíritu canalizado no es otro que H. L. Mencken.
Todos los escépticos que hacen la revista se muestran asombrados y de inmediato planean la forma de desenmascarar a la canalizadora. “Basta con hacerle preguntas sobre la vida y obra de Mencken y que ella no pueda contestar para que el fraude quede al descubierto”, piensa el protagonista.
Lorena y Jorge Armando se encuentran con la canalizadora (más bien ella –¿o Mencken?- los busca) y la bombardean de preguntas.  Nada. La charlatana supera la prueba. De hecho, empieza no a convencer a los escépticos de la veracidad de sus poderes de canalización sino a hacerles desear que en realidad se trate de Mencken, el azote de los charlatanes.
Jorge Armando llega incluso a sospechar que Lorena es cómplice de la canalizadora.
No me alargaré más. El nudo –del que me enorgullecía- sería el siguiente: el supuesto espíritu de Mencken estaba más que dispuesto a demostrar (con pruebas extraordinarias, obviamente) que era real, pero al mismo tiempo mantenía que la canalización era un embuste. Entonces si Mencken lograba probar que realmente se estaba manifestando a través de la canalizadora, demostraría la realidad de los poderes de canalización. “Entonces la mejor forma de demostrar que es Mencken es guardando silencio de ahora en adelante”, pensó Jorge Armando.
Emocionado por mi idea y sin importarme que ya era de madrugada, le llamé a un amigo, escéptico no militante, y se la conté.
-¿Para esta estupidez me despertaste?
-Es que, a mí se me hace una buena idea.
-Sí, lo es. ¿Ya leíste el libro?
-¿Qué libro?
-¡Ah, como eres baboso! El de Connie Willis: Infiltrado.
-No. ¿Por qué?
-Porque esa es la trama de esa novela corta.
-¿En serio?
-Sí, es la novela de la que te platiqué el otro día. ¡Idiota!
-¿?
Me alegré de que mi amigo no pudiera ver la cara de bobo que puse y afortunadamente colgó de inmediato porque tampoco supe qué argumentar a mi favor.
Horas más tarde me fui a la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, mi amigo –recordé al fin- me dijo que ahí podía encontrar el libro. Hasta eso, está bastante económico (cincuenta pesos).
Se puede leer en una sentada (sin albur).

El protagonista es Rob, director de la revista El ojo cínico. Kildy es su brazo derecho. Juntos tratarán de resolver el misterio de la estafadora que aparentemente logra que Mencken se comunique a través de ella.   
El final es excelente. Connie Willis resuelve creativamente el problema al que se estaba enfrentando Mencken y que mencioné más arriba: ¿Cómo probar que realmente se trata de él sin demostrar que la canalización de espíritus es algo real? El final es muy divertido.

También comentan la novela:

Cuchitril literario

El mundo de Yarhel

Capitán Quasar

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