miércoles, 7 de diciembre de 2011

SOBRE EL WITTGENSTEIN TARDÍO

El objetivo de esta entrada es exponer algunas de las cuestiones en las que trabajó Ludwig Wittgenstein durante los últimos años de su vida, sobre todo las que anotó en Sobre la certeza.

Wittgenstein trabajó en la mencionada obra durante los últimos 18 meses de su vida, más de la mitad de sus anotaciones (de la 300 a la 676) las escribió en los últimos dos meses, las últimas líneas las anotó un día antes de perder la conciencia y dos días antes de morir.

Pero antes de ver las preocupaciones filosóficas de Wittgenstein en aquella época veamos algo que es importante para comprender la forma en que las abordó: el contexto filosófico en que trabajaba. ¿Cuál era para este pensador la meta de la filosofía y cuál el método para alcanzar esa meta?


1. LA TENTACIÓN CIENTÍFICA

Se suele distinguir entre el Wittgenstein del Tractatus Logico-Philosophicus y el de las Investigaciones Filosóficas; se habla del “primer Wittgenstein” y del “Wittgenstein tardío”. El mismo filósofo, muchos años después de haberlo escrito, vio de forma crítica su Tractatus. ¿Cómo se relacionan sus diferentes formas de abordar los problemas filosóficos? ¿Hay una ruptura radical entre el “primer Wittgenstein” y el “Wittgenstein tardío”? La continuidad consiste en que el trabajo filosófico de Wittgenstein a lo largo de su vida consistió no en resolver los problemas de la filosofía sino en disolverlos, ¿cómo? Aclarando o deshaciendo confusiones lingüísticas. La ruptura está en la metodología. En el Tractatus disuelve los problemas filosóficos mediante el análisis lógico del lenguaje.

En el Tractaus leemos: “La mayor parte de los interrogantes y proposiciones de los filósofos estriban en nuestra falta de comprensión de nuestra lógica lingüística”.
En agosto de 1918 Wittgenstein le escribió a Bertrand Russell que había resuelto todos los problemas filosóficos.

En el mismo Tractatus encontramos estas palabras: “El resultado de la filosofía no son ‘proposiciones filosóficas’, sino el que las proposiciones lleguen a clarificarse. La filosofía debe clarificar y delimitar nítidamente los pensamientos, que de otro modo son, turbios y borrosos”.

Delimitar nítidamente los pensamientos significa distinguir entre proposiciones con sentido y proposiciones sin sentido.

Como disolver los problemas filosóficos mediante el análisis lógico del lenguaje es la meta de la filosofía, entonces ésta ya no puede hacerse como venía haciéndose hasta ese momento. Quiero hacer énfasis sobre lo siguiente: hay una ruptura entre la concepción tradicional de la filosofía y la concepción de Wittgenstein. Para Wittgenstein la filosofía no puede producir conocimientos filosóficos (o como expresó en las líneas citadas más arriba, el resultado de la filosofía no son proposiciones filosóficas), su tarea consiste solamente en distinguir entre las proposiciones con y sin sentido.

La idea de que la filosofía no puede producir conocimientos filosóficos es parte de la continuidad en el pensamiento de Wittgenstein. Pero si el “primer Wittgenstein” disolvió los problemas filosóficos mediante el análisis lógico del lenguaje, ¿cómo los disolvió el “Wittgenstein tardió”?, ¿cuál fue su metodología?

Para intentar comprender esa metodología del Wittgenstein tardío recurrimos al texto “El método en Wittgenstein” de la profesora Magdalena Holguín.

G. E. Morre tomó notas de las conferencias dictadas por Wittgenstein entre 1930 y 1933. Estas notas se refieren precisamente a la concepción que de la filosofía tenía Wittgenstein. En esas notas se muestra lo que ya mencionamos: que el autor del Tractatus consideraba que su trabajo era radicalmente distinto al de la filosofía tradicional, y que esa diferencia se debía tanto a la meta que pretendía alcanzar como a la metodología que empleaba.

“La filosofía no es ninguna de las ciencias naturales”, escribió Wittgenstein en el Tractatus, y sería una idea que mantendría toda su vida. La profesora Magdalena Holguín, sobre los filósofos que han mantenido una posición contraria a la expuesta por Wittgenstein, escribe: “En algunos casos será la filosofía la que sustente y analice el quehacer científico, mientras que en otros deberá seguir ella misma el modelo de investigación elaborado por la ciencia. Tanto los miembros del Círculo de Viena como Russell y muchos otros pensadores contemporáneos de Wittgenstein propenden por aquello que ellos mismos llaman una ‘filosofía científica’ y por la adopción de una ‘actitud científica’ en filosofía.”

Y como para Wittgenstein entre ciencia y filosofía hay una discontinuidad, entonces es la ciencia y no la filosofía la que debe generar un sistema explicativo o un conjunto de proposiciones sobre la realidad. En los Cuadernos azul y marrón leemos:
“Los filósofos tienen constantemente ante los ojos el método de la ciencia y sienten una tentación irresistible a plantear y a contestar las preguntas del mismo modo que lo hace la ciencia. Esta tendencia es la verdadera fuente de la metafísica y lleva al filósofo a la oscuridad más completa.”

Así, las preguntas filosóficas no son preguntas científicas, y por ello no se debe intentar resolverlas como si se tratara de tales. Las respuestas a las preguntas filosóficas no deben presentarse como nuevos descubrimientos acerca de la realidad. Dice la profesora Holguín: “La confusión que invade toda la filosofía es aquella que considera un problema filosófico como si tal problema se refiriera a un hecho del mundo y no a un asunto de expresión.”

En resumen: hay una separación conceptual y metodológica entre la ciencia y la filosofía; por ello la filosofía debe evitar adoptar el método científico y, por tanto, evitar lo que Wittgenstein llamaba “actitud teórica.” Continúa Holguín: “El ‘nuevo estilo de pensamiento’ exigirá, entonces, que renunciemos a esa actitud teórica, como también a todos los procedimientos y propósitos de la ciencia: elaborar y comprobar hipótesis explicativas, reducir la multiplicidad de los fenómenos a un conjunto de leyes y principios, buscar progresiva y acumulativamente la consolidación de conocimientos verdaderos acerca de la experiencia. Cualquiera que sea el método filosófico, deberá diferenciarse con claridad de esta manera de proceder.”

Por otro lado, el segundo Wittgenstein ya no considerará válido el método usado en el Tractatus: el análisis lógico del lenguaje. ¿Por qué? Porque dicho método es parte de la “tentación científica” ya descrita y porque el Wittgenstein tardío concebirá el lenguaje de forma distinta.

Comencemos a describir el método wittgensteniano (en contraposición al de la ciencia): es descriptivo y no explicativo, su objetivo no es la verdad sino la claridad, busca razones o reglas y no causas, no formula hipótesis contrastables y considera casos concretos. Explica Holguín: “No pretende descubrir nuevos hechos ni meta-hechos, no está dirigido a encontrar un conjunto limitado de principios o axiomas. En contraposición con el análisis lógico, acepta la multiplicidad y la ambigüedad de los diferentes juegos del lenguaje como algo fundamentalmente irreductible; abandona la pretensión de encontrar una forma general de la proposición, una estructura ontológica que la sustente, una única manera de abordar los problemas conceptuales.”

Para Holguín el segundo Wittgenstein se ocupará ya no de la discrepancia entre la forma lógica y la forma gramatical, “sino entre nuestra idea filosófica de cómo funciona un concepto y la manera como funciona realmente.” Se tiene que aclarar un concepto examinando su aplicación efectiva.

Entonces la filosofía se debe ocupar de problemas lógico conceptuales. Wittgenstein anotó: “El reconocimiento de los problemas filosóficos como problemas lógicos es ya un paso adelante: trae consigo la actitud y método correctos.” ¿Cómo se abordarán esos problemas conceptuales? Responde Wittgenstein: “El método de la filosofía es la presentación perspicua de hechos gramaticales (...) ¿En qué sentido describe la gramática el lenguaje? Dice que tales y tales combinaciones de palabras son permisibles. También que esta palabra es igual a aquella. Es entonces en realidad una recolección de remembranzas acerca de reglas. Consiste en acuerdos sobre el lenguaje. La investigación del lenguaje en filosofía es una descripción y comparación de conceptos, con la ayuda también de conceptos construidos ad hoc.”

¿Qué método debe emplear el filósofo para deshacer confusiones conceptuales? El método puede tomar distintas formas: imaginar juegos del lenguaje como objetos de comparación, poner en evidencia hechos conocidos que se olvidan, mostrar la rareza de casos metafísicos, detectar falsas analogías, dar indicaciones prácticas, persuadir para ver los problemas filosóficos desde una perspectiva distinta (a lo que volveré en la cuarta parte), etc.


2. TERAPIA FILOSÓFICA


El tratamiento que da el filósofo a una cuestión
es como el tratamiento de una enfermedad.

La filosofía no está encarnada en las proposiciones,
sino en el lenguaje.
En nuestro lenguaje hay incorporada toda una mitología.

Ludwig Wittgenstein

Si bien es cierto que Wittgenstein escribió que “En filosofía no se puede cortar ningún tipo de enfermedad propia del pensamiento. Debe seguir su curso natural, pues lo que importa es la curación paulatina. (De ahí que los matemáticos sean tan malos filósofos).” y que “El filósofo es aquel que debe curar en sí mismo muchas enfermedades del entendimiento, antes de poder llegar a las nociones del sano entendimiento humano”, podemos preguntarnos ¿concibió el segundo Wittgenstein la filosofía como una terapia?

Al respecto escribe Holguín: “Para algunos autores, la aplicación del nuevo método debe entenderse como una terapia dirigida a curarnos de las enfermedades filosóficas.” Así, cita autores que han visto de esta forma la filosofía de Wittgenstein; por ejemplo, al parecer de Lazerowitz, “Wittgenstein tiñó su discurso de una especie de psicoanálisis. Es como si, para él, la filosofía se hubiera convertido en una enfermedad lingüística que era necesario curar, y esto sólo podría hacerse al poner al descubierto los trucos ilusionistas que se juegan inconscientemente con el lenguaje. La impresión que se tiene al leer al Wittgenstein tardío es que se había convertido, sin ser consciente de ello, en el psicoanalista de la filosofía.” Para James C. Edwars tanto las terapias como la filosofía de Wittgenstein tendrían como meta eliminar confusiones y perplejidades para que la persona o el filósofo siga su vida normal.

Sin embargo, la misma Holguín menciona algunas dificultades que se presentan al comparar el método filosófico de Wittgenstein con una terapia. Las terapias utilizan o se basan en la introspección, mientras que Wittgenstein invalida los privilegios del punto de vista subjetivo: los juegos del lenguaje tienen un carácter intersubjetivo y público, y además, el filósofo hace una crítica a los lenguajes privados. De igual forma, Wittgenstein fue un crítico del psicoanálisis.

Hay otras interpretaciones de la metodología wittgensteniana, como la estética o ética, las cuales también presentan dificultades. Todas estas interpretaciones, incluyendo la terapéutica, son rechazadas por esta autora.

Sobre la opinión de Wiitgenstein sobre la obra de Freud y sobre la filosofía como terapia ya escribí en Las patillas de Asimov (aquí, aquí y aquí), así que por ahora ya no mencionaré más al respecto.


3. LA PARADOJA DE MOORE

Afirmar una proposición y a continuación negar que se cree en ella es una contradicción. He aquí dos ejemplos: “Son las cuatro de la tarde, pero no creo que sean las cuatro de la tarde” y “Estamos en el mes de abril, pero no creo que estemos en el mes de abril.” Es a este tipo de afirmaciones a las que Wittgenstein llamó “paradoja de Moore”. ¿Por qué paradoja y no simple contradicción?

Dentro de la lógica, si una proposición ‘p’ es verdadera, entonces su negación, esto es la proposición ‘no-p’, es falsa; de igual forma, si ‘p’ es falsa, su negación es verdadera.

La conjunción de dos o más proposiciones es verdadera cuando todas las proposiciones que la forman es verdadera. Así, basta con que una de las proposiciones sea falsa para que la conjunción también lo sea.

En el lenguaje ordinario una afirmación como las dos apuntadas al principio de este apartado es considerada una contradicción, pero deja de serlo cuando se lleva al lenguaje formal.

En principio podríamos suponer que tenemos una conjunción formada por una proposición y su negación (la conjunción entonces sería falsa). Sin embargo, veamos lo que sucede realmente. La paradoja muestra conjunciones verdaderas del siguiente tipo: “‘p’ es el caso, pero yo creo que ‘p’ no es el caso”.

Sea ‘a’ la proposición verdadera “p es el caso” y ‘b’ la proposición verdadera “yo creo que p no es el caso”. Se trata de dos proposiciones distintas que no se niegan la una a la otra. ‘b’ no dice “‘p’ no es el caso” sino “yo creo que ‘p’ no es el caso”. De ahí que es posible que las dos puedan ser verdaderas al mismo tiempo, y cuando así sucede la conjunción es verdadera.

Tenemos entonces que una aparente contradicción lógica en el lenguaje ordinario deja de serlo al analizarla formalmente. En esto consiste la paradoja de Moore.

Wittgenstein la escuchó por vez primera cuando Moore la leyó en octubre de 1944. No es seguro que Moore se refiriera exactamente a lo que Wittgenstein le adjudicaba, así, la paradoja podría ser llamada “paradoja de Wittgesntein”. De hecho, la interpretación que cada uno de estos filósofos hacía de lo anterior era diferente. Sobre la importancia de ésta, Wittgenstein le explicaba a Moore: “En concreto: que la contradicción no es sólo lo que la gente cree. No es la única forma lógicamente inadmisible, y es, bajo ciertas circunstancias, admisible. Y mostrar esto me parece el principal mérito de tu ensayo.”

Como la paradoja no incurre en una contradicción formal, Moore decía que era absurda por razones psicológicas. Esta interpretación era rechazada por Wittgenstein, el filósofo decía: “Si le preguntó a alguien: ‘¿Hay fuego en la habitación de al lado?’ y me responde ‘Me temo que sí’, yo no puedo decir: ‘No sea impertinente. ¡Le he preguntado si hay fuego, no por su estado de ánimo!’”

Para Wittgenstein la paradoja era una prueba de lo compleja que podía ser la lógica, de hecho más compleja de lo que estaban dispuestos a creer los mismos lógicos. En 1930 Bertrand Russell, por ejemplo, dijo que las teorías de Wittgenstein sobre lógica eran nuevas, originales e importantes, y agregaba: “Si son ciertas o no, no lo sé. Como lógico a quien le gusta la simplicidad, me gustaría creer que no.”

Para Wittgenstein, las formas de nuestro lenguaje se distorsionan cuando se les mete a la fuerza en las casillas de la lógica formal. De igual forma, consideraba que los conceptos psicológicos no son tan uniformes como creen psicólogos y filósofos. Uno de sus objetivos era desanimar el deseo de generalidad.

Digamos algo más sobre la paradoja. Vimos que “Son las cuatro de la tarde, pero no creo que sean las cuatro de la tarde” no es una contradicción formal. Pero podemos interpretar de dos maneras la primera proposición.

La proposición verdadera “Son las cuatro de la tarde” puede interpretarse como “Sé que son las cuatro de la tarde”. De ser el caso, entonces tenemos una conjunción en la que se afirma que no se cree aquello que se sabe (Sé que son las cuatro de la tarde, pero no creo que sean las cuatro de la tarde”). Como dije líneas atrás, Moore veía en la paradoja consecuencias psicológicas, así, en este caso, ¿es posible psicológicamente no creer lo que se considera que se sabe?

Efectivamente, las dos proposiciones que forman la conjunción no se contradicen y por tanto ambas pueden ser verdaderas, pero ¿es posible desde el punto de vista psicológico que alguien las mantenga al mismo tiempo?

En cambio, si la proposición “Son las cuatro de la tarde” se interpreta como “Creo que son las cuatro de la tarde”, entonces no hay paradoja puesto que tanto en lenguaje ordinario como en lenguaje formal lo que tendríamos sería una conjunción formada por una proposición y su negación, es decir, tendríamos una contradicción o una conjunción falsa (“Creo que son las cuatro de la tarde, pero no creo que sean las cuatro de la tarde”).

Hay algo complejo en proposiciones en las que aparece el verbo creer.

Pondré un ejemplo similar al anterior: Si alguien me pregunta la hora y yo le respondo “creo que son las cuatro de la tarde.” ¿Sería válido que me replicara “no me cambies de tema, te pregunté sobre la hora, no sobre tus creencias”?

Lo que sucede es que podemos usar la proposición “Creo que p es el caso” para dos cosas distintas: para informar de forma dubitativa acerca de p o para informar de un estado de ánimo o sobre nuestras creencias.

Esta ambigüedad no existe al referirnos a lo que creíamos. Una proposición como “yo creía que p” no informa sobre p, sino sobre nuestras creencias. De ahí que “Creo que hay fuego en la habitación de al lado” es distinta a la afirmación “Yo creía que había fuego en la habitación de al lado.”

Sobre esto, Wittgenstein anotó: “¡Pero seguramente ‘yo creía’ debe decir exactamente lo mismo del pasado que ‘yo creo’ dice del presente! ¡Seguramente raíz cuadrada de -1 debe significar lo mismo en relación a –1 que raíz cuadrada de 1 en relación a 1! ¡Nada en absoluto!”

Ray Monk afirma: “Wittgenstein estaba interesado en la raíz cuadrada de menos uno exactamente por la misma razón que estaba interesado en la Paradoja de Moore: ilustra el hecho de que similitudes superficiales pueden ocultar diferencias de significado muy importantes.”


4. SOBRE LA PERSUASIÓN

Ya comenté que existe una ruptura entre la filosofía tradicional y la filosofía como la entendía y practicaba Wittgenstein. También anoté la metodología que empleaba el segundo Wittgenstein para disolver los problemas filosóficos. Uno de esos métodos es la persuasión.

Mediante ésta, Wittgenstein desea que veamos desde otra perspectiva los problemas filosóficos. Y como también se apuntó en la primera parte, la metodología wittgensteniana no es la metodología científica, por ello la persuasión de la que hablo, en palabras de Raúl Meléndez, “va más allá de la argumentación deductiva, de las explicaciones causales, naturalistas y de la justificación, entendida esta última como el dar razones para establecer la verdad o corrección de una tesis o teoría.”

Para Meléndez la persuasión tiene gran importancia en la labor filosófica del segundo Wittgenstein: “La persuasión no debe ser entendida aquí, pues, meramente como una opción que Wittgenstein elige, entre otras, sino como el medio más adecuado, el que ha de emplear, para lograr cumplir con ciertas metas básicas que él mismo traza. Yo pienso, incluso, que la mayor parte de su actividad filosófica tardía debe ser interpretada como un consistente y tenaz esfuerzo por disuadirnos de ver y tratar de resolver los problemas filosóficos de cierta manera –a saber, dando explicaciones, desarrollando teorías o buscando fundamentos y justificaciones últimas- y por persuadirnos a favor de su manera diferente de tratar estos presuntos problemas. Este tratamiento diferente consistirá, básicamente, en disolverlos, conduciéndonos a considerarlos desde una perspectiva desde la cual pierden su carácter problemático y dejan de ser vistos como problemas genuinos que requieran soluciones teóricas.”

En Lecciones y conversaciones sobre estética, psicología y creencia religiosa se encuentran las siguientes expresiones de Wittgenstein sobre la persuasión:

Lo que estoy haciendo (como lo hace Freud) es también persuasión. Si alguien dice “No hay diferencia”, y yo digo: “Hay una diferencia”, estoy persuadiendo, estoy diciendo “No quiero que vean eso de ese modo”

En cierto sentido estoy haciendo propaganda a favor de un estilo de pensamiento y en contra de otro. Sinceramente, el otro me produce aversión.

Todo lo que estamos haciendo es cambiar el estilo de pensar y todo lo que yo estoy haciendo es cambiar el estilo de pensar y persuadir a la gente para que cambie su estilo de pensar.


¿Qué diferencia hay entre persuadir y explicar? Cuando se explica causalmente un fenómeno se muestra que éste es resultado del funcionamiento de un mecanismo de causas y efectos. En la persuasión no es importante cómo sucedieron las cosas (en la explicación sí lo es), lo importante es la manera en que se ven, como se quieren ver y como llevamos a otros a verlas (o como otros nos llevan a verlas). Meléndez dice que se persuade “a favor de imágenes, de maneras de ver los fenómenos, y no de cadenas causales de eventos, que presuntamente se dan de hecho.”

¿En qué contexto hizo Wittgenstein las declaraciones citadas más arriba? El filósofo se refería al psicoanálisis, una práctica a la que criticaba. Para Wittgenstein, Freud no explicaba nada, en realidad persuadía.

Cuando se nos dice “el significado de tu sueño es realmente este” o “al hacer x cosa tus verdaderos motivos fueron tales” se nos está persuadiendo. En general un enunciado como “esto es realmente aquello”, el “esto” es un fenómeno o una forma de ver algo y el “aquello” la forma de verlo que se desea que adoptemos.

Meléndez continúa: “En la persuasión entendida de este modo, no se trata de explicar un hecho o de justificar o de mostrar la verdad de una afirmación, tesis o teoría, sino de conducir a cierta manera de ver y comprender algo; a tener cierta imagen, perspectiva o interpretación de ello.”

Y es la persuasión que usan los psicoanalistas. Esta persuasión es atractiva, seductora.

Cuando adoptamos teorías, tesis, explicaciones o ideas que no son teóricas o explicativas -y que por tanto carecen de argumentos o razones- por el atractivo que ejercen sobre nosotros. “La seducción, en este sentido puede ser, en ocasiones, mucho más fuerte que la deducción y la persuasión más fuerte que los argumentos explicativos, causales por medio de razones, o las justificaciones.”

Para Wittgesntein, Freud engañaba a sus pacientes al usar la persuasión. El engaño no se refiere a la persuasión misma, que Wittgenstein también usaba. Es un engaño en el sentido de que Freud pretendía estar haciendo descubrimientos científicos o dando supuestas explicaciones causales. Además Wittgenstein usaba la persuasión de forma más conciente y a favor de un punto de vista distinto al cientificista.

Cito nuevamente a Meléndez (la cita es larga, pero me parece una explicación importante y que merece ser transcrita): “(Wittgenstein) persuade, no a favor de una explicación, una teoría o una tesis, sino a favor de una manera de pensar y una manera de ver las cosas, opuesta a otra por la que él nos dice que siente aversión. El estilo de pensar contra el que él lucha con armas persuasivas es uno que imita o toma como modelo los modelos científicos de plantear y resolver cuestiones fácticas, empíricas y que extiende la aplicación de éstos a contextos en los que las explicaciones científicas están fuera de lugar. Wittgenstein no se opone a la ciencia, cuando ella se practica en su legitimo dominio, sino, más bien, al cientificismo, esto es, a un estilo de pensar omni-abarcante, que se arroga la ambiciosa tarea de resolver todos lo problemas, (incluyendo los problemas estéticos, éticos, religiosos), por medio de métodos científicos. Este cientificismo condujo, en la época en que Wittgenstein desarrolló su actividad filosófica, al proyecto de una filosofía científica. Tal tipo de filosofía era, para él, fuente de confusiones y malentendidos, que se propuso aclarar y disolver mediante un estilo de pensar diferente. No explicativo, ni teorizante, sino descriptivo y terapéutico.”


Sobre la certeza

Antes de continuar con el tema de la persuasión, mencionemos la obra en la que Wittgenstein trabajó el último año y medio de su vida: Sobre la certeza.

Estas reflexiones fueron motivadas por las ideas del filósofo G. E. Moore. Moore trató de refutar el escepticismo filosófico en sus ensayos “Prueba de un mundo externo” y “Defensa del sentido común”. En 1949 Norman Malcolm y Wittgenstein comenzaron a discutir los artículos de Moore.

Moore deseaba refutar la idea de que nada puede conocerse con certeza, ni siquiera lo que es externo. Su primer artículo comienza intentando probar que puede demostrarse con certeza que existen algunos objetos externos. Escribe Moore:

“Ahora puedo probar, por ejemplo, que existen dos manos humanas. ¿Cómo? Levantando mis manos y diciendo, mientras hago un gesto con la mano derecha: ‘Aquí hay una mano’, y añadiendo, mientras hago un gesto con la izquierda, ‘y aquí está la otra’.”

En el segundo ensayo Moore da una lista de creencias del sentido común, para este filósofo, de todas ellas podemos saber con certeza que son verdaderas. Algunas son: existe un cuerpo, que es el cuerpo de Moore; que ese cuerpo no ha estado lejos de la superficie de la Tierra; y que la Tierra ha existido durante muchos años antes de que Moore naciera. Todas estas afirmaciones podemos aplicarlas también a nosotros mismos.

Para Malcolm, Moore usaba de forma incorrecta el verbo “saber” en esas afirmaciones de conocimiento y así lo había explicado en un artículo.

Levantar una mano y decir “sé que esto es una mano” o señalar un árbol y decir “sé de cierto que esto es un árbol” es para Malcolm un uso absurdo de la palabra “saber”. Posteriormente Moore respondió en una carta a las críticas de Malcolm, en dicha carta argumentó que el uso que le daba a esa palabra era válido.

Cuando Wittgenstein y Malcolm se encontraron en 1949, este último aprovechó para preguntarle su opinión al primero.

Para Wittgenstein “Una expresión sólo tiene significado en el flujo de la vida.” Así, que las afirmaciones de Malcolm tengan o no sentido depende de si puede imaginarse una situación u ocasión en la que puedan utilizarse razonablemente. “Comprender una frase es conocer al menos uno de sus usos. Si no podemos pensar en alguna de sus utilizaciones, entonces no la comprendemos.”

No es que la frase de Moore “Sé que esto es un árbol” sea un mal uso del lenguaje, “es mejor decir que no tiene significado claro, y que el propio Moore no lo sabía cuando la estaba utilizando... Ni siquiera está claro para él que no le está dando un uso corriente.”

Así, Wittgenstein para saber si las frases de Moore tienen o no sentido trata de imaginar usos corrientes para éstas. Encuentra que podemos encontrar o imaginar usos corrientes más fácilmente para algunas frases que para otras.

Pero finalmente, Moore –desde esta perspectiva- había fracasado en su intento de refutar el escepticismo filosófico-. Sobre eso Wittgenstein expresó:

“Cuando los filósofos escépticos dicen: ‘No lo sabes’ y Moore replica: ‘Lo sé’, su réplica es bastante inútil, a menos que les asegure que él, Moore, no tiene ninguna duda. Pero no es ésa la cuestión.”

Para Wittgenstein las proposiciones de sentido común de Moore no eran ejemplos de conocimientos ciertos sino ejemplos en los que la duda es absurda. Wittgenstein se refería a lo siguiente: hay afirmaciones de las que si dudamos se derrumba todo el sistema desde el que se suscitan las dudas: “Ciertas proposiciones pertenecen a mi ‘marco de referencia’. Si yo renunciara a ellas, no podría juzgar nada.”

Por ejemplo, si al levantar nuestras manos dudáramos seriamente de su existencia, entonces tendríamos que dudar de todo, incluso de nuestros sentidos.
Entonces hay juicios –entre ellos algunas afirmaciones de sentido común de Moore- que pertenecen a nuestro marco de referencia, y de los que no podemos dudar razonablemente.

Por otro lado, ya había mencionado que para Wittgenstein la lógica era algo más complejo de lo que estaban dispuestos a admitir los mismos lógicos, ahora veamos cómo el filósofo decidía si ciertas proposiciones eran hipótesis empíricas o si pertenecían a la lógica.

Decía Wittgenstein que si la contradicción de una proposición tiene sentido, entonces se trata de una hipótesis empírica (y su verdad o falsedad depende de cómo se den las cosas en el mundo). Pero si la contradicción de la proposición no tiene sentido, entonces no describe al mundo sino a nuestro sistema conceptual, y por tanto pertenece a la lógica.

Pensemos en la proposición “Existen los objetos físicos”, la proposición opuesta no es falsa sino incomprensible, por tanto no es una proposición empírica. Lo mismo pasa con la proposición “Las manos de Moore existen”, por tanto estas “proposiciones de referencia” no describen lo que conocemos sino la forma como comprendemos el mundo.

Así, podemos decir que existen proposiciones que parecen proposiciones de la experiencia, pero que son en realidad proposiciones gramaticales que describen el marco de referencia dentro del cual puede describirse nuestra experiencia.

Por lo anterior Wittgenstein incluía dentro del dominio de la lógica las discusiones de la “Defensa del sentido común”.


La persuasión en Sobre la certeza

Las siguientes palabras aparecen en Sobre la certeza:

Puedo imaginarme un hombre que hubiera crecido en unas circunstancias especiales y a quien se le hubiera dicho que la Tierra apareció hace cincuenta años y que, por lo tanto lo creyera. Podríamos enseñarle: la Tierra existe desde hace... etc. –Trataríamos de darle nuestra imagen del mundo.
Tal cosa sucedería por medio de la persuasión.


Cuando lo que se enfrenta realmente son dos principios irreconciliables, sus partidarios se declaran mutuamente locos y herejes.

¿Qué puede entenderse por una “imagen del mundo” (término que aparece en la primera cita)? Una base fundamental de convicciones y certezas sobre las que se apoyan otras creencias, acciones, juicios, razones, justificaciones y criterios para aceptar argumentos y explicaciones. Esto hace que cualquier justificación a favor de la verdad de una imagen del mundo no pueda ser sino circular. Por otro lado, nuestras razones o justificaciones de nuestra imagen del mundo pueden no ser siquiera comprendidas por quienes no compartan nuestra imagen del mundo. Una persona con una imagen del mundo radicalmente distinta a la nuestra, podría tener ideas diferentes acerca de la validez y razonabilidad de un argumento o explicación. Citemos nuevamente a Wittgenstein:

“Si alguien dudara de si la Tierra existe desde hace más de cien años, no lo entendería por lo siguiente: porque yo no sabría lo que tal persona estaría dispuesta a admitir como evidencia y lo que no admitiría.”

Conclusión: nuestra imagen del mundo no puede justificarse. Meléndez explica: “Entendida en este sentido, nuestra imagen del mundo no puede justificarse; es, por así decirlo, el suelo no justificable sobre el que descansan nuestras justificaciones y argumentos. Nuestras distinciones entre verdadero y falso, entre argumentos válidos y no-válidos, entre lo razonable y lo disparatado, todas ellas tienen una aplicabilidad y un sentido, que son relativos a una imagen del mundo particular.”

Wittgenstein anota: “He dicho que ‘combatiría’ al otro –pero, ¿no le daría razones? Sin duda; pero, ¿hasta dónde llegaríamos? Más allá de las razones, está la persuasión. (Piensa en lo que sucede cuando los misioneros convierten a los indígenas).”

Lo anterior quiere decir que si dos personas con distintas imágenes del mundo discuten, pueden no aceptar o comprender los argumentos y razones del otro, entonces sólo queda la persuasión.

A través de la persuasión Wittgenstein trataba no sólo de hacer que alguien cambiara el modo de ver o valorar algo sino de cambiar su estilo de pensar. Wittgesntein se esforzó por llevarnos a cambiar nuestra manera de ver los problemas filosóficos. Y para lograr esa persuasión el filósofo se valía de imágenes, metáforas, ejemplos, preguntas, diálogos, etc.

Entonces Wittgenstein intentó –mediante la persuasión- que viéramos los presuntos problemas filosóficos desde una perspectiva desde la cual perdieran su carácter problemático. Que un fenómeno o un hecho resulte o no problemático, que requiera de una justificación, una explicación o una descripción depende de cómo lo veamos o de cómo lo deseemos ver. Y digo “deseemos ver” porque el mismo Wittgenstein escribió: “Lo que hay que vencer no es una dificultad del entendimiento sino de la voluntad.”

Esto último se refiere a resistir la inclinación de seguir viendo los “problemas filosóficos” como han sido vistos en la filosofía tradicional, seguir viéndolos como problemas a resolver haciendo teorías. Wittgenstein describió esta inclinación de la siguiente manera: “Un hombre está preso en una habitación que no tiene llave y cuya puerta se abre hacia dentro, si no se le ocurre tirar de ella, en vez de empujarla.” El hombre preso es el filósofo que se empeña en seguir viendo los problemas filosóficos desde la perspectiva de siempre.

En una de sus clases dio el siguiente ejemplo:

“Es como si un hombre estuviera parado en una habitación mirando hacia una pared en la que están pintadas una puertas falsas. Queriendo salir, el hombre trata ansiosamente de abrirlas, prueba en vano con todas ellas, una tras otra, una y otra vez. Pero, por supuesto, esto es inútil. Y todo el tiempo, aunque él no se da cuenta, hay una puerta real en la pared detrás de él y lo que tiene que hacer es, simplemente, voltearse y abrirla. Para ayudarlo a salir de la habitación, todo lo que tenemos que hacer es llevarlo a que mire en otra dirección. Pero es difícil hacer esto, pues, queriendo salir él resiste nuestros intentos de apartarlo de donde él cree que está la salida.”

Precisamente Wittgenstein mediante la persuasión es llevar a los filósofos a que miren en otra dirección.

Pero Wittgenstein, además de persuadirnos de ver los problemas filosóficos como si no necesitaran de explicaciones teóricas, debe persuadirnos de que tal enfoque es mejor que el de la filosofía tradicional.

Termino este apartado con unas palabras aparecidas en Zettel:

“Esto tiene que ver, según creo, con el hecho de que erróneamente aguardamos una explicación; mientras que la solución de la dificultad es una descripción, si la ubicamos correctamente en nuestras consideraciones. Si nos detenemos en ella y no tratamos de ir más allá. La dificultad aquí está en: hacer alto.”


¿Perturbaciones mentales?

En opinión de Wittgenstein, tomaríamos por loco a quien expresara lo contrario de las proposiciones de sentido común que Moore declara ciertas (recordemos que son proposiciones que para el mismo Wittgenstein pertenecen a nuestro marco de referencia). La negación de esas afirmaciones no sólo es falsa sino incomprensible. “Si doy como ciertas afirmaciones falsas, es incierto que las comprenda.”

Posteriormente Wittgenstein habla de los errores que podrían considerarse una perturbación mental. Un ejemplo es equivocarse con respecto a nuestro domicilio: “Si un buen día un amigo mío imaginara que había vivido durante largo tiempo en tal y tal lugar, etc., etc., yo no lo consideraría un error, sino una perturbación mental, quizá transitoria.”

Un error puede considerarse una perturbación mental cuando no sólo contradice una determinada proposición que consideramos verdadera sino todo el marco de referencia que da sentido a nuestras creencias.

Puede haber personas con marcos de referencia distintos, también los marcos de referencia pueden cambiar dentro de la misma cultura en épocas distintas: algo rechazado como absurdo durante una época puede terminar siendo aceptado; certezas sólidas pueden desmoronarse. Pero hay que tener siempre en mente que un marco de referencia no puede justificarse ni probarse que sea correcto, ya que éste proporciona los límites dentro de los cuales tienen lugar las justificaciones y demostraciones. En palabras de Wittgenstein: “Pero no tengo mi imagen del mundo porque me haya convencido de que sea la correcta; ni tampoco porque esté convencido de su corrección. Por el contrario, se trata del trasfondo que me viene dado y a partir del cual distingo lo verdadero de lo falso.” También hay que recordar que hay proposiciones que describen el mundo y proposiciones que describen el marco de referencia.

Wittgenstein siempre mostró respeto por las personas con creencias religiosas. En su juventud leyó con interés, por ejemplo, la obra de William James Las variedades de la experiencia religiosa. Durante su participación como soldado durante la Primera Guerra Mundial leyó la obra de Tolstoi sobre los Evangelios. No se consideraba un hombre religioso, aunque decía que veía con los ojos de un hombre religioso.

Pero no era católico. “Posiblemente yo no podría llegar a creer todo lo que ellos creen.”, comentó en alguna ocasión. Sobre las creencias de los católicos abundó:
“Sí, creo que tenemos dos progenitores humanos; sin embargo, los católicos creen que Jesús sólo tuvo una madre humana. Y otros podrían creer, ignorando toda la evidencia en contra, que hay hombres que no tienen padres. Los católicos creen que una oblea, en circunstancias determinadas, cambia completamente de naturaleza, y, al mismo tiempo, también creen que todas las pruebas contradicen ese hecho. Por lo tanto, si Moore dijera: ‘Sé que esto es vino y no sangre’, los católicos le llevarían la contraria.”

Para los católicos, durante el ritual de la comunión, el vino y las hostias se transforman literalmente en la sangre y el cuerpo de Cristo. Se trata del misterio de la transubstanciación. Dentro de la misma Iglesia Católica se discutió si realmente sucedía este milagro, algunos afirmaban que no, ya que las palabras de Cristo “hagan esto en conmemoración mía” debían interpretarse como un acto para recordarlo. Sobre lo anterior, en el concilio de Trento (1545-1564) se afirmó: “Si alguno dice que en la misa no se ofrece un sacrificio real y verdadero, sea anatema (maldito o excomunión). Si alguno dice que por las palabras ‘Haced esto en conmemoración mía’ Cristo no instituyó a los apóstoles como sacerdotes, ni ordeno que los apóstoles y otros sacerdotes ofreciesen su propio cuerpo y su propia sangre, sea anatema. Si alguno dice que el sacrificio de la misa es sólo de alabanza y acción de gracias, o que es meramente una conmemoración del sacrificio consumado en la cruz pero no es propiciatorio, se anatema.”

Pero si revisamos el vino y las hostias antes y después de la consagración, no encontramos diferencia alguna. Se ven y saben exactamente igual. De igual forma ¿qué resultado creen los católicos que se obtendría en caso de hacer un análisis químico del vino después de la consagración? Entonces ¿por qué mantienen que realmente (literalmente) el vino y las hostias se transforman en la sangre y el cuerpo de Cristo? ¿Se trata de una “perturbación mental, quizá transitoria”?

Wiitgenstein daba una respuesta negativa a la última pregunta.

Regresemos al asunto de los marcos de referencia: “Tengo una imagen del mundo. ¿Es verdadera o falsa? Ante todo, es el sustrato de todas mis investigaciones y afirmaciones.” Y ahora repito las palabras citadas líneas atrás: “Pero no tengo mi imagen del mundo porque me haya convencido de que sea la correcta; ni tampoco porque esté convencido de su corrección. Por el contrario, se trata del trasfondo que me viene dado y a partir del cual distingo lo verdadero de lo falso.” Wittgenstein consideró que –gracias a una educación ciento por ciento religiosa, por ejemplo- una fe religiosa podía proporcionar ese trasfondo.

Entonces el misterio de la transubstanciación (junto con otras creencias) podría –al igual que las proposiciones de sentido común de Moore- estar en el marco de referencia de los católicos.


Referencias

Holguín, Magdalena. (comp.) “Del espejo a las herramientas. Ensayos sobre el pensamiento de Wittgenstein.” Siglo del Hombre Editores. Colombia. 2003.
Wittgenstein, Ludwig. “Tractatus Logico-Philosophicus”. Alianza Editorial. Madrid. 1994.
Wittgenstein, Ludwig. “Sobre la certeza”. gedisa editorial. España. 1995.
Wittgenstein, Ludwig. “Lecciones y conversaciones sobre estética, psicología y creencia religiosa”. Ediciones Paidós. Barcelona.

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