miércoles, 16 de enero de 2013

EL MISTERIOSO CASO DE LOS ESQUELETOS EXTRATERRESTRES

Héctor Escobar Sotomayor

En medio de toda la enorme cantidad de información que tuvimos en la década de los setenta, con mucho la que mayor cantidad de informes ha proporcionado hasta la fecha, hubo algunos elementos bastante curiosos y que llamaron la atención de más de un ufólogo. Merecen mención aparte los incidentes de los pilotos Carlos Antonio de los Santos y Rafael Pacheco Pérez, los cuales analizamos y describimos ampliamente en el primer volumen de este texto. Igualmente interesantes -por la investigación y los detalles que reveló sobre la psicología del rumor- el famoso caso Puebla, que también ya comentamos y que resultó ser finalmente fragmentos de la tercera etapa del cohete que puso en órbita al satélite soviético Cósmos 749.

Un hecho que llamó grandemente la atención en México y el extranjero fue el famoso caso de pequeñas osamentas que semejaban un pequeño torso humanoide, que corresponderían a un ser de no más de 20 ó 30 centímetros de estatura. Fue tanta la atención que llamó el hecho, que posteriormente empezaron a aparecer numerosos esqueletos de este tipo en diversas partes del mundo como Panamá y Perú, pero empecemos por el principio.


El esqueleto de playa Eréndira 

La historia inicia en el año de 1977, cuando la revista Contactos Extraterrestres publica en su portada del número 8 la fotografía de frente de una extraña pieza ósea con el título "¿Es esto un esqueleto extraterrestre?". La foto hace referencia a un artículo interior firmado por Fernando Téllez y que lleva por título "El extraño esqueleto de playa Eréndira".


En dicho artículo, Fernando Téllez daba su versión de la historia del famoso esqueleto, el cual se decía había sido encontrado en Playa Eréndira, Bja California, por un trabajador, quien a su vez lo había dado a su patrón el Sr. Humberto Romero, mismo que lo tenía en exhibición en un restaurante de su propiedad.


Cuenta Romero que el esqueleto había sido encontrado en el interior de una hogaza de arena y que en el momento de encontrarlo vestía extrañas ropas y tenía un pequeño cráneo en forma de pelota de ping-pong. Supuestamente las ropas y la cabeza se habían perdido.


El artículo agregaba que, según el Sr. Romero, el esqueleto había sido examinado por personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia, pero que no había podido ser identificado. Estas declaraciones, además de la ropa y la cabeza, que recordemos, se habían perdido y jamás fueron vistas por Fernando Téllez, le permitían afirmar que se trataba de un esqueleto extraterrestre.


 Tal fue el éxito de la noticia del esqueleto extraterrestre que -como sañálabamos párrafos atrás- pronto empezaron a surgir noticias similares provenientes de otras partes del mundo, todas ellas acompañadas de esqueletos de características similares.

Así, desde Perú se informaba de un esqueleto similar encontrado por el señor Jaime Rosillo, en -casualidad- la playa de Zorritos, situada en las cercanías de la ciudad de Tumbes.

Poco tiempo después un esqueleto similar fue encontrado, también en una playa, se trataba en esta ocasión de una noticia proveniente del Ecuador, en la que se informaba de un esqueleto de las mismas características.


Un esqueleto más se encontró en 1979 en Panamá. La noticia panameña añade que el esqueleto también fue hallado en una playa cercana a la ciudad de San Carlos. El que lo encontró fue un niño, quien lo vendió al doctor Francisco Ramón de Aguilar, presidente del Centro de Investigaciones Panameñas Extraterrestres. Según De Aguilar, el niño encontró el esqueleto vestido con extrañas ropas, pero las tiró -¿?-. Añade de Aguilar que este esqueleto contaba a su vez con brazos, piernas y cabeza pero -adivine- también se perdieron. Una vez más se repiten en esta ocasión la historia de la playa y las ropas dejadas en la playa, a las que ahora debemos añadir cabezas y demás huesos también dejados en la playa.

Para De Aguilar, el esqueleto corresponde a un niño extraterrestre, cuya especie debe medir, cuando adultos, algo menos de 90 centímetros.


Más esqueletos en México

A todo esto, en México empezaron a aparecer más esqueletos, por ejemplo en Contactos Extraterrestres se publica la carta de un grupo de hermanos apellidados Salinas Cantú, de Tamaulipas, quienes informaban tener un esqueleto igual del cual enviaban fotografías. El esqueleto había isdo encontrado por el joven Arturo Salinas también en una playa, en esta ocasión en las cercanías de Soto la Marina, Tamaulipas.

Años después, la revista Reporte OVNI informa de otro esqueleto de características muy parecidas, encontrado en el norte de México.



La respuesta de los biólogos

Hay varias características que llaman la atención en estos casos de supuestos esqueletos extraterrestres.

En primer lugar llama la atención que las evidencias más importantes como podrían ser las ropas, cabezas, huesos y similares estén "desaparecidas", de modo que lo único que tenemos en todos estos casos no sean sino esqueletos de las mismas características.

Llama igualmente la atención que todos los esqueletos hayan sido encontrados en playas. Aquí cabría preguntarse, cosa que al parecer ningún ufólogo hizo, ¿por qué todos en playas?, ¿no se tratará acaso de huesos de animales marinos?

Esta es la respuesta que proporcionó finalmente el biólogo ecuatoriano, Carlos Ortíz Crespo, director del Instituto de Ciencias de la Universidad Católica de Quito y asesor del Museo de Ciencias Naturales del Ecuador, al ser interrogado por los periodistas de la revista brasileña OVNI Documento.

Crespo demostró que en realidad los supuestos esqueletos extraterrestres no eran sino el condocráneo (un cráneo cartilaginoso) de numerosas especies de tiburón. He aquí la explicación de por qué los esqueletos se encontraban en playas. La opinión de Ortíz era avalada a su vez por el padre jesuita nicaragüense Ignacio Astorqui, especialista en tiburones.

                                    Esquema aparecido en la revista Perspectivas Ufológicas

A fin de comprobar la veracidad de estas afirmaciones, el equipo de la revista mexicana especializada Perspectivas Ufológicas compró en una pescadería una cabeza de tiburón (cazón), encontrando que en su interior había un esqueleto con las mismas características que el esqueleto de playa Eréndira. La historia completa apareció en el número 2 de dicha revista en un artículo de Luis Ruiz Noguez titulado El tiburón que destrozó los esuqletos extraterrestres.


Todo esto nos señala que en el mundo de los OVNI es necesario estar alertas y no creer a ciegas sin antes analizar, cualquier cosa que se nos diga. Al igual que el caso Puebla que tiene una explicación perfectamente normal, el caso de los esqueletos extraterrestres obedece a confusiones y al deseo de ganar un poco de publicidad. Obviamente las cabezas, huesos y ropas jamás existieron y fueron inventadas para dar más extrañeza al caso.


Esto no significa en modo alguno que los casos OVNI sean todos falsos o errores de interpretación, esto nunca puede afirmarse a priori, pero sí nos debe alertar sobre posibles errores. Si eliminamos de la casuística OVNI los casos de este tipo, habrá mayor evidencia seria en favor de la existencia del fenómeno, y estaremos ofreciendo materiales verdaderamente valiosos y no meras especulaciones e ideas sin sentido que sólo alejan al fenómeno OVNI del terreno de la ciencia.


El texto anterior corresponde al capítulo cinco del volumen II del libro 500 años de ovnis en México (Editorial Mina) de Héctor Escobar Sotomayor. Luis Ruiz Noguez también escribió sobre estos casos en su libro 100 fotos de extraterrestres (también de editorial Mina). Aquí puede leerse el artículo.

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