domingo, 6 de mayo de 2012

Un orgasmo intelectual

Ludwig Wittgenstein es mi filósofo de cabecera. Un filósofo-místico que aspiraba a la santidad, es de las muchas cosas que se pueden decir del genio; sobre él he escrito algunos textos (ver aquí y aquí).
Pero para picar la curiosidad del lector, mencionaré que Isidoro Reguera dice que en el arte ha influido más la personalidad del autor del Tractatus Logico-Philosophicus que su pensamiento sobre estética: “Porque es más bien, en efecto, su figura extraña y carismática, culpabilizada y arrogante, ensimismada hasta el solipsismo, íntegra hasta la neurosis, fronteriza a la locura y al suicidio, es más bien el tinte general de genialidad que preside su talante personal en cualquier aspecto de su vida, su aura de santón o de gurú, es más bien todo eso que su filosofía el halo de misterio que ha despertado la musa de los artistas.”
Por su parte Alonso Puelles se pregunta sobre las razones por las que la figura de Wittgenstein ha resultado fascinante para muchos artistas. Hay elementos que se conjugan para hacer atrayente al filósofo: su genialidad, que le permitió revolucionar la filosofía no una sino dos veces, la primera con el Tractatus, la segunda con las Investigaciones Filosóficas; el atractivo romántico que despierta la aniquilación de la filosofía; y su biografía, sobre ésta, el autor escribe: “genio precoz, soldado en busca de la muerte, arquitecto, artista, asceta que renuncia a su fortuna, exiliado por voluntad propia... Sin duda alguna, su vida entendida como un ejemplo ético es uno de los aspectos más atractivos. La renuncia a su fortuna, su afán de soledad y ascetismo, sus tormentos personales, su vida al borde del suicidio o de la locura y su inflexible código moral, han permitido crear una figura idealizada. Aunque también en el examen de su biografía algunos comentaristas proyectan supuestas sombras como la homosexualidad; esto originó agrios debates entre legatarios y estudiosos.”
Derek Jarman fue uno de esos artistas que se fascinaron con Wittgenstein. Jarman filmó en 1993 una película sobre el filósofo.


¿Y quién es el director de la película sobre el filósofo-místico que aspiraba a la santidad?
Información de la Wikipedia:
Michael Derek Elworthy Jarman (31 de enero 1942 - 19 de febrero 1994) fue un director de cine, escenógrafo, artista plástico y escritor británico.
Escritor, poeta, actor (actuó en Julio César de Shakespeare, uno de sus autores preferidos intensamente a lo largo de su vida), escenógrafo, diseñador, cineasta, pintor y activista por los derechos de los homosexuales, es reconocido mundialmente por la calidad de sus obras.
El 22 de diciembre de 1986 fue diagnosticado VIH positivo y se hizo más notorio al dar a conocer su condición de seropositivo públicamente. Su enfermedad le llevó a mudarse a Prospect Cottage, Dungeness, cerca de la planta nuclear. Murió en 1994 por una enfermedad relacionada con el síndrome del SIDA. A su muerte, Chumbawamba, banda de rock inglesa, sacó su Song for Derek Jarman en su honor.
Algunos datos de El planeta amarillo:
Durante la década de los 70, Jarman realizó una serie de films en super 8. En 1972, este artista integral publicó su primer libro de poemas, ‘A finger in the fishes mouth’ y en 1976 estrenó su primer largometraje en 35 mm, ‘Sebastiane’. El 22 de diciembre de 1986 le fue diagnosticado el virus VIH, y fue notorio por dar a conocer este hecho más tarde.
El cine de Derek Jarman es tan alucinante como desconocido para el gran público, al menos en nuestro país, y es que su cine independiente nunca anduvo cerca de los circuitos comerciales. De hecho, siempre encontraba muchas dificultades para encontrar productores para realizar sus películas, y es que algunas llegaron a tener menos presupuesto que las películas llamadas de serie b o bajo presupuesto. Los productores buscan dinero, y sus películas no se lo iban a dar.
Además, los productores tenían que trabajar muy duro, por eso él tenía que estar constantemente encima de todo, pendiente de todos los detalles.
Era una persona decepcionada con la situación política de Inglaterra durante la legislatura de Margaret Thatcher, y de esa Inglaterra deprimida sacó inspiración para escribir algunas de sus películas. Fue bastante criticado y atacado por los periódicos, el gobierno y el parlamento, incluso lo declararon personaje no deseado en Inglaterra. Otras de las inspiraciones fue su homosexualidad declarada, que también era palpable en sus películas.
Jarman mostró su fascinación por la violencia, el homoerotismo, la representación gay y las imágenes mito-poéticas. Llegó a compartir con el espectador las noticias sobre su estado de salud, luego de que le diagnosticaran el SIDA, en filmes como ‘The Garden’ (1990) y ‘Blue’ (1993). También investigaba historias de origen homosexual en sus múltiples biopics nada convencionales: ‘Sebastiane’ (1976); la anacrónica ‘Caravaggio’ (1986); la recontextualizada obra de Marlowe ‘Eduardo II’ (1991) y la minimalista y teatralizada ‘Wittgestein’ (1993).
La obra de Jarman comienza con el niño Ludwig Wittgenstein expresando (tomado de aquí):
Nací en 1889, hijo de una familia asquerosamente rica de Viena. Os los presentaré. Ésta es mi madre, Leopoldine. Le chiflaba la música. De hecho, estaba tan ocupada invitando a Brahms y a Mahler que nos dejó a merced de 26 tutores y siete pianos. Hermine, mi hermana mayor, era una pintora aficionada. Gretyl se casó con un americano y fue psicoanalizada por Freud. De Helene no diremos nada. Tres de mis hermanos murieron jóvenes. Hans se fue a América huyendo de mi padre y desapareció en la Bahía de Chesapeake. A Kurt se le rebeló la tropa en la Gran Guerra y, avergonzado, se suicidó. Rudolf, que era marica, pasaba mucho tiempo en Berlín. Cuando no estaba histriónico, se pasaba por el Comité Científico Humanitario. Se mató tomándose un vaso de cianuro en su bar favorito. Nos queda Paul. Era pianista, pero perdió un brazo en la guerra. Ravel compuso Concierto para la mano izquierda para él.


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