martes, 15 de noviembre de 2011

Filosofía y asombro

En Historia de la Filosofía IX terminamos la parte dedicada a Arthur Schopenhauer, a partir de la próxima clase comenzaremos a estudiar algunos escritos de Friedrich Nietzsche. No me referiré ahora a las bases metafísicas de la ética de Schopenhauer (es decir, su idea de la voluntad), ni a sus interesantísimas concepciones acerca de la redención y la santidad.

Lo que quiero mencionar ahora son las palabras con que termina su Metafísica de las costumbres:

"El conocimiento en general tiene un origen secundario, es algo accidental y externo; por ello no es que esa oscuridad sea una sombra casual en medio de la región de la luz, sino que el conocimiento es una luz en medio de la primigenia e ilimitada oscuridad, en la cual dicha luz se pierde. De ahí que estas tinieblas se vuelvan tanto más temibles cuanto mayor sea la luz, al tantear ésta tantos más puntos en los límites de la oscuridad; quiero decir que cuanto más inteligente es un hombre tanto más siente la oscuridad que le rodea, viéndose por ello filosóficamente estimulado. Por contra, el zafio entregado a la ordinariez ni siquiera sabe de qué oscuridad se trata y lo encuentra todo perfectamente natural; de ahí que no precise de la filosofía, sino tan solo de algunos datos históricos proporcionados por la historia de la filosofía."

En otra parte el mismo Schopenhauer anotó:

"Fuera del hombre ningún ser se maravilla ante su propia existencia. Cuando un hombre toma conciencia, se da a sí mismo por hecho, se asume como algo que no necesita explicación. Mas no por mucho tiempo, pues a la par de su primera reflexión, comienza el embeleso que engendra la metafísica, y que hizo decir a Aristóteles el hombre hoy y siempre busca filosofar porque está pasmado. Entre más bajo se encuentre un hombre en los asuntos del intelecto, menos le parecerá la existencia un acertijo... pero entre más clara se haga su conciencia más se apoderará de él este problema. De hecho, esa inquietud, que mantiene andando el incontenible reloj de la metafísica, es el pensamiento de que la inexistencia de este mundo es tan posible como su existencia."

Como dejaré su pesimismo para otra entrada, dejo la cita hasta aquí.

William James por su parte escribió:

"Uno sólo necesita encerrarse en un armario y pensar en el hecho de que uno está ahí, en la extraña forma de nuestro cuerpo (algo que puede hacer gritar a un niño, como dijo Stevenson), en nuestro fantástico carácter, para que el pasmo venza el detalle y al hecho general de existir, y veamos que es sólo la familiaridad lo que lo mitiga. ¡Qué misterioso, no sólo que algo exista, sino que esto exista! La filosofía observa, pero no ofrece razón sensata, pues de la nada a la existencia no hay un puente lógico."

De la nada a la existencia no hay un puente lógico... Pensamiento extraordinariamente fascinante.

Martin Gardner (como breve presentación al texto de James del que tomé la cita anterior) escribió:

"A esa extraña, inquietante pregunta: '¿Por qué existen las cosas?', la ciencia jamás podrá dar respuesta. La razón es sencilla. La ciencia sólo puede responder un ¿por que? si enmarca un evento dentro de una ley descriptiva más general. ¿Por qué caen las manzanas? Por la ley de gravedad. ¿Por qué la ley de la gravedad? Por ciertas ecuaciones que son parte de la teoría de la relatividad. Si los físicos consiguieran un día una última ecuación de la cual se derivaran todas las leyes de la física uno podría aún preguntar '¿Por qué esa ecuación?' Si los físicos redujeran toda la existencia a un número finito de partículas o de ondas, siempre se podrían preguntar '¿Por qué esas ondas?' Tiene que existir un estrato inferior: un 'abismo oscuro', como alguna vez lo describió Santayana, 'ante el que la inteligencia debe permanecer en silencio, por miedo a enloquecer'. Es lo Incognoscible de Spencer, el Nóumeno de Kant, el trascendente mundo que es 'completamente otro' de Platón y la cristiandad y las grandes religiones. Es el Tao que no puede ser visto u oído o nombrado porque si pudiera ser visto u oído o nombrado no sería el Tao.

"Aunque la razón debe ser silenciosa, no es necesario que lo sean las emociones, y es difícil concebir a un físico con el alma tan muerta que nunca haya dicho '¡Esta mano es mía!' Carlyle escribió: 'El hombre sin curiosidad, así fuera presidente de inumerables Sociedades Reales, y estuvieran en su mente la Mécanique Céleste y la Filosofía de Hegel entera, y el compendio de todos los Laboratorios y Observatorios con sus resultados, no es más que un par de gafas tras las cuales no hay un ojo. Que miren los que tienen ojos a través de él: entonces podrá ser útil.'"

Termina su texto haciendo mención de dos posturas: la náusea ante el absurdo de la existencia y el gozo, la maravilla y la gratitud ante la existencia. Eso ya será tema para otra entrada.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Grafología en mi camino

¿Siente usted malestar en alguno de sus chakras? Pues es el momento de darles una buena manita de gato, no deje pasar esta magnífica oportunidad. ¿A qué me refiero? Pues a que hoy es once de noviembre del 2011. ¿Sabe por qué lo digo?, ¿no? Pues porque hoy se abren varios portales dimensionales. Y se abren porque... porque... porque sí, no pregunte.

Bueno esa es la babosada que le escuché decir a un tipo que se presentó en un programa de TV Azteca. "Esto no tiene que ver con niguna religión, es para todos porque las matemáticas son universales", dijo. Y por matemáticas se refería no a la geometría analítica, al cálculo diferencial e integral o al algebra sino a sus creencias supersticiosas. ¿O cómo podría llamarse a eso de que por ser 11/11/11 se abriría una puerta dimensional?

Curiosamente nadie preguntó lo obvio: ¿qué son las puertas dimensionales?, ¿qué características tienen?, ¿cuál es su aspecto? Digo, no sea que nos topemos con una y no sepamos reconocerla. Tampoco le preguntaron la razón por la que se abriría una el día de hoy. Mucho menos le preguntaron sobre la forma en que había obtenido sus conocimientos al respecto. Lo malo es que no dijo a qué hora y en qué parte de la ciudad, ¿qué clase de conductores son los de TV Azteca?, de haber preguntado esto último habrían tenido la oportunidad de ir con sus cámaras a documentar este milagro.

Bueno ya me estoy alargando con esta estupidez (que se parece mucho a las tonterías que suelta Maussán cuando hace mención de supuestos "vórtices cuánticos"), así que ya mejor termino.

Obviamente la naturaleza no sabe que hoy es once de noviembre del 2011. Este asunto de los años es arbitraria, hay varios calendarios para los que no estamos en el 2011. Y además, Dionisio el exiguo, que tuvo como tarea calcular el año de nacimiento de Cristo -y así establecer el año 1 de la era cristiana- se equivocó por algunos años. Fin de la estupidez de la puerta dimensional que supuestamente se abrirá el día de hoy.

Ahora vayamos a la grafología.

Hace varios días caminaba por las calles de la Zona Rosa cuando, en una caseta telefónica, encontré el siguiente anuncio:

No hay evidencia científica de que la grafología funcione. De hecho, es tan efectiva para conocer la personalidad de alguien como lo es la astrología. Aquí le dejo unos enlaces al respecto:

En la wikipedia, el diccionario del ecéptico y Magonia.

Y hace bastantes más días, en el programa La Mudanza, mismo que conduce Ricardo Alemán y que se transmite por Foro tv, se presentó María del Carmen Muñoz, quien dijo ser perito en grafología. La señora Muñoz nos reveló la personalidad de varios presidenciables (en México se elegirá presidente el año próximo) analizando sus respectivas firmas. Entre los analizados estuvieron: Santiago Creel, Josefina Vázquez Mota, Ernesto Cordero, Alonso Lujambio, Andrés Manuel López Obrador, Manlio Fabio Beltrones, Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrad.

No encontré el programa en cuestión, pero sí otro al que fue invitada la grafóloga. En éste dijo ser especialista en criminología y que la grafología sirve para montones de cosas: orientación vocacional, para saber si somos o no compatibles con nuestra pareja y para saber las enfermedades de las personas, hasta habló de ¡¡grafoterapia!! Repito que no hay ninguna evidencia científica de todo lo anterior. El choro mareador en su máxima expresión.

martes, 8 de noviembre de 2011

Otras de Schopenhauer...

Pues resulta que ya estamos en la semana ocho del trimestre 11-O en la UAM Iztapalapa, me encuentro cursando los 24 créditos que me faltan para terminar la carrera de Filosofía (la tesina ya la hice -escribí sobre el chingonsísimo rockstar de la filosofía Ludwig Wittgenstein- y ya me liberaron el servicio social). Una de las tres materias que llevo es Historia de la Filosofía IX. Estamos estudiando las bases metafísicas de la ética de Arthur Schopenhauer. Hace algunas entradas transcribí algunas líneas que me gustaron mucho de la "Metafísica de las costumbres" (aquí pueden encontrarlas). Pues aquí van otras que también me gustaron (aunque mis preferidas son esas donde se refiere a los dioses, santos y demonos):

"Al aludir a las éticas basadas en credos religiosos, quiero hacer notar entre paréntesis que aquella fe positiva encuentra su mayor fuerza, y el punto de apoyo gracias al cual apresa el ánimo con firmeza, en su vertiente ética, si bien no lo haga de forma inmediata, sino en cuanto que sus tesis éticas se hallen estrechamente entrelazadas con el dogma mítico propio de aquella fe religiosa y sólo resulten interpretables gracias al mismo; con mucha frecuencia suele darse el caso de que, aunque el significado ético de las acciones no resulte explicable en modo alguno conforme al principio de razón, y aun cuando aquel mito se compadezca con este principio, los creyentes no distinguen entre el significado ético de la conducta y el de su mito, que vienen a constituir una y la misma cosa, por lo que cualquier atentado contra su mito es interpretado como un ataque contra la justicia y la virtud. Sólo gracias a esta asociación de conceptos pudo originarse esa terrible atrocidad que es el fanatismo, el cual no se limita a apoderarse de algunos individuos perversos y trastornados, sino que acaba por adueñarse de pueblos enteros."

sábado, 5 de noviembre de 2011

Los videos y las fotografías como prueba de lo paranormal

Los ufólogos, "cazadores de fantasmas" y demás "expertos" en el mundo de lo paranormal suelen presentar videos y fotografías como pruebas de las visitas de extraterrestres, de la existencia de fantasmas o de los supuestos fenómenos sobrenaturales.

En aquellos programas de Nino Canún, escépticos y creyentes debatían acerca de si las fotos y videos eran prueba de que los extraterrestres visitan nuestro planeta. El punto necesita un tratamiento detallado, así que en otras entradas me ocuparé de éste (sobre todo porque me enteré de que en unos días se expondrá en México la obra Fauna del fotógrafo Joan Fontcuberta).

Por ahora sólo quiero mencionar el ridículo al que llegó un creyente de lo paranormal. Al leer sus críticas a los escépticos y su defensa de lo sobrenatural (tanto en su blog como en los comentarios que dejaba en un blog dedicado al escepticismo) he pensado que no está hablando en serio, que seguramente está bromeando, pero daré por hecho que realmente está convencido de lo que expresa...

En algún momento se refirió a un video en el que se ve levitar a un individuo que sostiene un bastón. Según él, las imágenes eran pruebas de lo paranormal. En realidad se trata de un truco bastante conocido y que puede verse aquí:



Posteriormente afirmó que un video de Criss Angel probaba la existencia de lo paranormal. Pero Criss Angel es ¡un mago! Es decir, esta persona cree que ¡la actuación de un mago prueba lo paranormal! O es una broma o verdaderamente esta persona tiene "relaciones perturbadas con la realidad" (frase de James Randi).

Veamos un video del mago Criss Angel caminando sobre el agua.



Y ahora veamos la explicación.



La revista Quo, en su número 49 (noviembre de 2001) publicó algunos artículos acerca de lo paranormal (el tratamiento fue bueno), en uno de los artículos el mago mexicano Ari Sandy expresa su opinión acerca de lo paranormal y de tipos como Uri Geller (después de leer sus opiniones aumentaron mis simpatías hacia este personaje del espectáculo mexicano). Ari Sandy dice:

"Todo se puede hacer por medio de magia. Hay juegos de magia en que los magos mueven el paquete de cartas sin tocarlas. Y esos científicos, ¿quienes son? En la televisión vemos en los comerciales a un tipo vestido con bata y ya resulta que es un doctor, cuando en realidad es un actor... Yo soy totalmente escéptico. Todo lo que hacen esas personas, al igual que los magos, son juegos preparados. No es nada sobrenatural. Hay mucho fraude en esto, aprovechando que a la gente le gusta creer... A mí me ha pasado algo curioso, yo hago un juego de levitación de una chica con una escoba, y varios doctores, gente preparada, se ha acercado a preguntarme acerca de la forma en que la hipnotizo para levitarla en el aire. Todo depende de qué tanto se quiera fregar uno a una persona para encontrar la forma de hacerlo. Siempre les aclaro que se trata de un espectáculo"

No me extrañaría si en algún momento este creyente en lo paranormal y crítico de los escépticos al que me he referido dijera que las actuaciones de Ari Sandy prueban que lo sobrenatural existe.

jueves, 3 de noviembre de 2011

La serie que viene...

El próximo seis de noviembre a las diez de la noche se estrenará por Once TV la serie Niño Santo, escrita por Mauricio Katz.

La serie está basada en las supuestas curaciones del niño Fidencio. José María de Tavira, uno de los protagonistas dice: "La serie está basada en la historia del niño Fidencio, un curandero que vivió en México en los años treinta. Fue muy famoso y se tienen muchas historias acerca de él. Se contextualizó en el día de hoy pero lo ambientaron en la selva y se desarrolla durante una epidemia de cólera que afecta a varios pueblos."

Sobre la trama, el mismo Tavira expresa: "Tres médicos van al pueblo Aguazul, donde la gente no los quiere recibir porque consideran que su medicina es veneno y que ellos están tocados por la mano de Dios."



Así, en Niño Santo se tratará el conflicto entre la ciencia y los milagros.

Enlaces en los que se habla de esta serie:

Once noticias.

El economista.

Informador.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La muerte y sus enigmas 2

Mi vida es una broma estúpida y cruel que alguien me ha gastado.”, esa fue la conclusión a la que llegó (hacia 1875) León Tolstoi. La muerte se le presentó como un terrible enigma.

Frente a la muerte, frente al inevitable fin... ¿qué sentido tiene cualquier cosa que se haga? Moriré, morirá mi familia, morirán mis seres queridos... La conciencia de la muerte le hizo ver que “todo es un engaño, ¡un engaño estúpido! (...) La pregunta es: ‘¿Qué resultará de lo que hoy haga? ¿De lo que haga mañana? ¿Qué resultará de toda mi vida?’ Expresada de otra forma, la pregunta sería la siguiente: ‘¿Para qué vivir, para qué desear, para qué hacer algo?’. O formulada todavía de otro modo: ‘¿Hay algún sentido en mi vida que no será destruido por la inevitable muerte que me espera?’” Tolstoi comenzó a buscar respuestas en las ciencias y en la filosofía. No las encontró.

En esta entrada veremos que el escritor ruso encontró en la fe esas respuestas que buscaba desesperadamente.

En “Mi confesión”, Tolstoi (1828-1910) menciona el ataque de melancolía que le condujo a sus conclusiones religiosas.

A Tolstoi se le educó en la fe cristiana ortodoxa, sin embargo, explica que al llegar a los dieciocho años nada quedaba de esas enseñanzas, en realidad nunca había sido un creyente.

A los once años llegó a una conclusión: que era preciso estudiar el catecismo e ir a misa, pero que no hacía falta tomárselo demasiado en serio. A esa edad se burlaba de aquellos que se decían creyentes.

El escritor ruso, antes de su trascendente experiencia (su conversión), se daba cuenta de que entre quienes se decían creyentes podía haber personas crueles, inmorales o estúpidas, y entre los no creyentes podía haber personas con valores como inteligencia, franqueza, honradez, bondad y moralidad. Entonces resultaba imposible, juzgando solamente por sus actos, saber si una persona era o no creyente.

Había una separación entre acciones y fe, en sus palabras: “La fe no participa en la vida, no regula en modo alguno nuestras relaciones con los demás ni es preciso que la confirmemos en nuestra propia vida; la fe se profesa en algún lugar lejos de la vida e independientemente de ella. Si nos topamos con la fe, será sólo como un fenómeno externo, no ligado a la vida.”

Una vez que Tolstoi se convierte en creyente le resulta absurdo que la fe no se manifieste en los actos, así, decía que “Por la vida de una persona, por sus actos, hoy igual que ayer, es imposible saber si es creyente o no.”

¿Era Tolstoi ateo antes de su conversión? No. Su postura era la siguiente: “A los dieciséis años abandoné la oración y por iniciativa propia dejé de acudir a la iglesia y de ayunar. Ya no creía en lo que me habían transmitido en la infancia; creía en algo pero no podía decir en qué. Creía en Dios o, más bien, no negaba a Dios, pero no podía decir qué clase de Dios era ése. No negaba a Cristo ni a sus enseñanzas, pero tampoco podía decir en qué consistían esas enseñanzas.”

¿Qué motivaba a Tolstoi en su vida? Su deseo de superar a sus semejantes, es decir, “ser más fuerte que los otros, es decir, más célebre, más importante, más rico.”

Entonces el escritor se encontró con la siguiente circunstancia: quienes le rodeaban se burlaban de quienes manifestaban el deseo de ser moralmente buenos, y -en cambio- se elogiaba y alentaba a quien se entregaba a las viles pasiones: “La ambición, el ansia de poder, la codicia, la lascivia, el orgullo, la ira, la venganza; todo eso era respetado.”

Tolstoi notó que cuando se mostraba entregado a las que llamaba viles pasiones, la gente lo aprobaba. Y estas mismas viles pasiones eran la base de su trabajo como escritor: “comencé a escribir por vanidad, codicia y orgullo.” Su receta como escritor era “disimular el bien y exhibir el mal.”

A los 26 años comenzó a tratar a otros escritores, al principio sucumbió a este ambiente, pero después de un tiempo se percataría de que los escritores “eran personas inmorales, la mayoría de carácter malo y ruin (...) Esa gente terminó por repugnarme...” A pesar de esas conclusiones, continuó en este ambiente, Tolstoi se volvió enfermizamente orgulloso, su objetivo –al igual que el de los otros escritores que trataba- era obtener mucho dinero y muchas alabanzas.

A lo largo de los siguientes años a Tolstoi se le venían a la mente preguntas sobre el sentido de la vida, pero las ignoraba pensando que cuando tuviera tiempo resolvería todas sus dudas. Pero estas preguntas comenzaron a atormentarlo: “Comprendí que no era un malestar fortuito, sino algo muy serio, y que si se repetían siempre las mismas preguntas era porque había necesidad de contestarlas. Y eso traté de hacer. Las preguntas parecían tan estúpidas, tan simples, tan pueriles... Pero en cuanto me enfrenté a ellas y traté de responderlas, me convencí al instante, en primer lugar, de que no eran cuestiones pueriles ni estúpidas, sino las más importantes y profundas de la vida y, en segundo, que por mucho que me empeñara no lograría responderlas.”
La pregunta que debía responderse era: ¿y después qué? Podía tener riquezas, fama, etc., pero... ¿y después qué? “Y no podía responder nada, nada.”
Así, llegó a sentir que su vida era un absurdo. La idea del suicidio le pasaba por la mente.

Sobre esto, William James, en Las variedades de la experiencia religiosa, anotó: “Se trata de un caso claro de anhedonía, de pérdida pasiva de la apetencia por cualquiera de los valores de la vida... En el caso de Tolstoi, la sensación de que la vida poseía algún significado desapareció por completo durante largo tiempo. Tolstoi explica que cuando contaba unos 50 años comenzó a padecer momentos de perplejidad, a los que llamó de suspensión, en los que se sentía como si no supiese ‘cómo vivir’ o ‘qué hacer’... La vida, antes fascinante, era ahora sobria, y más que sobria muerta; aquello que siempre había mostrado un significado evidente, no tenía ahora ninguno y comenzaron a asediarle las preguntas: ¿por qué?, ¿y ahora qué?”.

Tolstoi escribió: “Sentía que algo dentro de mí, donde había reposado siempre mi vida, se había roto; que no me quedaba nada a donde agarrarme, y que moralmente mi vida se había detenido. Una fuerza invisible me impelía a desligarme de mi existencia de alguna manera; no puede decirse exactamente que deseara suicidarme porque la fuerza que me alejaba de la vida era más grande, más poderosa y general que cualquier simple deseo. Era una fuerza parecida a la vieja aspiración de vivir, pero que me impelía en dirección contraria (…) Imaginad un hombre feliz y lleno de salud escondiendo la cuerda para no colgarse en la viga de la habitación donde cada noche duerme solo. Imaginadme no yendo a cazar más por miedo de rendirme a la fácil tentación de matarme con la pistola”.

Tolstoi sentía todo esto en un período de su vida en el que debería haber sido completamente feliz (la crisis del escritor comenzó en 1875 y se hizo mucho más intensa hacia 1877): no estaba enfermo, amaba a su esposa, ella le correspondía, sus demás relaciones familiares eran armoniosas, económicamente estaba bien, era famoso, ya era considerado uno de los más grandes literatos, era capaz de escribir hasta ocho horas diarias.

A pesar de lo anterior, su vida carecía de sentido: “no podía dar ningún significado razonable a acción alguna de mi vida (…) El hombre sólo puede vivir mientras está intoxicado, embriagado de vida; sin embargo, cuando vuelve a estar sobrio no puede dejar de ver cómo todo consiste en una estúpida estafa (…) ¿Cuál será el resultado de lo que haga hoy?, ¿y de lo que haré mañana? ¿Cuál será el resultado de toda mi vida? ¿Por qué debo hacer nada? ¿Hay algún otro objetivo en la vida que la muerte inevitable que me espera no anule o desmienta?... Sin una respuesta es imposible, como bien he experimentado, que la vida pueda continuar”.

El estado de Tolstoi resultaba incomprensible para quienes le rodeaban, su esposa Sonia le escribió: “Cuando pienso en ti (cosa que me sucede en todos los instantes), mi corazón sufre, porque das la impresión de ser desgraciado. Siento tanta lástima por ti y, al mismo tiempo, tanta estupefacción: ¿por qué, por qué razón? Alrededor de nosotros, todo es tan bueno, tan feliz... Si te place, esfuérzate en ser feliz y alegre.” Ella misma usó el término “muerte moral” para referirse al estado de su esposo.

Tolstoi cuenta que buscaba la manera de salir de tal estado, pero no lograba su objetivo, y escribió “que aquello que nos conduce a la desesperación y al absurdo sinsentido de la vida es el único conocimiento incuestionable accesible al hombre”. Para apoyar esta conclusión cita a Buda, a Salomón y Schopenhauer. Durante todo este tiempo, Tolstoi reconoce que una parte de su corazón tenía “sed de Dios”. Habla de su corazón debido a que era algo que no provenía de sus razonamientos.

Hay una frase del propio Tolstoi que resume a la perfección su estado (y que ya mencioné al inicio de esta entrada): “Mi vida es una broma estúpida y cruel que alguien me ha gastado.”

La muerte llegó a atormentarlo con sus enigmas.

¿Qué sentido tiene cualquier cosa que se haga si moriremos, si morirán nuestros seres queridos? Repito la cita del principio: “todo es un engaño, ¡un engaño estúpido! (...) La pregunta es: ‘¿Qué resultará de lo que hoy haga? ¿De lo que haga mañana? ¿Qué resultará de toda mi vida?’ Expresada de otra forma, la pregunta sería la siguiente: ‘¿Para qué vivir, para qué desear, para qué hacer algo?’. O formulada todavía de otro modo: ‘¿Hay algún sentido en mi vida que no será destruido por la inevitable muerte que me espera?’”

Las ciencias y la filosofía no le proporcionaban respuestas satisfactorias. Cita largamente el Eclesiastés. También cita las palabras de Schopenhauer.

Y al no encontrar respuestas ni en las ciencias ni en la filosofía, ¿dónde decide buscar? En las personas. ¿Cómo enfrentan sus semejantes estas cuestiones? ¿Cómo responden las personas que le rodean a la cuestión del sentido de la vida frente a la muerte?

Se percató de que la gente de su clase social enfrenta estas preguntas de cuatro formas: algunos no comprenden que la muerte es un dilema, otros lo saben pero no piensan en el futuro y se dedican a aprovechar la vida, otros más se suicidan, algunos más deciden continuar viviendo aun estando concientes de lo absurdo de la vida.

Decidió entonces buscar el sentido de la vida no entre los hombres que buscan matarse “sino entre esos miles de millones de personas que han vivido y viven todavía, que crean la vida y llevan sobre sí el peso de su existencia y de la nuestra.” Tolstoi se percató de que la gente sencilla, analfabeta y pobre encuentra el sentido de la vida en lo que las personas de su clase desprecian: la fe.

Sobre la fe escribió: “Desde que la humanidad existe, allá donde ha habido vida, también hubo fe que hizo posible vivirla. La fe constituye el sentido de la vida, el sentido por virtud del cual el hombre no se autodestruye, sino que continúa viviendo. Si el hombre no creyese que hemos de vivir por algo, no viviría. La idea de un Dios infinito, la de la divinidad del alma, la de la unión de las acciones del hombre con Dios, son ideas elaboradas en las ilimitadas profundidades secretas del pensamiento humano. Hay ideas sin las que no habría vida, sin ellas yo mismo no viviría. Comencé a ver que no tenía derecho a confiar en mi razonamiento individual omitiendo las respuestas que proporcionaba la fe, ya que son las únicas respuestas para la cuestión”.


CONVERSIÓN

De 1877 a 1879 se convirtió en un practicante ejemplar. Daniel Gillés, en la biografía de Tolstoi, escribe: “Rezaba cada día sus oraciones, se levantaba frecuentemente al amanecer para asistir a misa, no faltaba nunca al oficio del domingo, se confesaba y comulgaba, hacía vigilia los miércoles y los viernes.”
Sonia se alegró de este volcarse a la religión de su marido, pues pensaba que gracias a la fe Tolstoi encontraría alivió a su muerte moral.

El escritor ruso, una vez que supero su estado de anhedonía, decidió cambiar su hasta entonces equivocada manera de vivir. Decidió trabajar para satisfacer las necesidades materiales, solucionar necesidades comunes, abjurar de mentiras y vanidades, ser simple, creer en Dios. En esto consiste la felicidad: “Conocer a Dios y vivir es la misma cosa. Dios es lo que es la vida. Bien, así pues, ¡vive, busca a un Dios, no habrá vida sin Él!”. Estos pensamientos entraron de súbito, como una revelación: “(así) como la fuerza de la vida había sido anulada en mí... así también la energía de la vida volvió”.

Puede afirmarse que Tolstoi se convirtió al cristianismo. Pero hizo una particular interpretación de los Evangelios.

Con la filosofía no basta, es imposible vivir sin religión, pero no puedo creer. Esa era la postura de Tolstoi. ¿Entonces puede hablarse de una conversión?

Al escritor se le presentó el conflicto de cómo conciliar la fe con la razón. A pesar de que se le presentaba como un problema difícil, consideraba que la razón llevaba al desprecio de la vida, mientras que la fe llevaba a encontrar el sentido de la existencia. “La fe es la fuerza de la vida”, escribió.

Tolstoi interpreta el cristianismo. ¿Qué significa esto? Que el escritor ruso no cree en los aspectos sobrenaturales de los evangelios, lo que hace es encontrar el mensaje moral que hay en esos textos. En Confesión expone cómo, al participar en los rituales religiosos, le causaban un gran conflicto las afirmaciones sobrenaturales.

Escribió que si la resurrección había sucedido o no carecía de importancia, lo importante era responder a las preguntas "¿cómo debo vivir?", "¿qué debo hacer?"
Si tanto conflicto le causaban dichas afirmaciones (como la resurrección de Cristo) ¿por qué acudía a los rituales? Gillés escribe: “Sin duda, porque, en su espantosa angustia moral, Tolstoi estaba cansado de estar solo y quería sentir en torno suyo a la gran familia de los creyentes; porque se aterraba de la nada sobre la que se abría su incredulidad; en fin, porque tenía nostalgia de la fe y creía que ésta no puede, en definitiva, encontrarse de nuevo más que si la practica. Quizás esperaba también que aplicando el ‘embrutécete’ de Pascal, a quien leía por esta época, llegaría a fuerza de humildad, a vencer sus dudas. Tolstoi, además, había quedado vivamente impresionado por la fe, a menudo grosera, pero muy sincera y profunda, que animaba al pueblo ruso, y, por esta época, se mezclaba a él con frecuencia, con la esperanza de comprender mejor y de compartir sus impulsos. Quería aproximarse a los simples, quienes –cosa que él creía desde hacía mucho tiempo- conocen mejor las verdades profundas y esenciales que los filósofos y los sabios, y en todo caso saben aceptar, con una conmovedora serenidad, las miserias, la enfermedad y la muerte misma.”

La ruptura con la Iglesia ortodoxa muestra claramente el conflicto que vivía Tolstoi, escribe Gillés: “Después de largos debates interiores, se decidió por la ruptura una mañana en que acababa de comulgar. Por lo general, se sometía gustosamente ese rito, que consideraba como un signo de aceptación total de la doctrina de Cristo, e incluso se sentía feliz al humillarse ante un simple sacerdote y unirse así a la gran familia de los creyentes. Pero esta vez se sintió escandalizado, irritado, por las palabras del oficiante proclamando que se trataba del ‘verdadero Cuerpo y de la verdadera Sangre de Jesucristo’, palabras que el ritual le obligaba a repetir; desconcertado, comprendió en seguida que había comulgado por última vez. Poco después renunciaba igualmente a las demás prácticas religiosas.”

Durante 1877 Tolstoi acudió a la carretera que servía de camino a los peregrinos para encontrarse con ellos. Los peregrinos se sentaban con Tolstoi al borde de la carretera y platicaban largamente. Aquellos hombres humildes caminaban por semanas (por ello es que por lo general tenían los pies ensangrentados) y se alimentaban gracias a la caridad de los campesinos. Tolstoi llevaba un cuaderno en el que anotaba “los dichos sabrosos, las palabras coloristas, los proverbios y adagios desconocidos de los que se servían frecuentemente estos analfabetos.”

Para Tolstoi lo importante eran el mensaje moral y la forma de vivir, no tanto las creencias sobrenaturales en sí mismas. De ahí que llegue a la conclusión de que no encontraba el sentido de la vida porque vivía mal, cometía malas acciones.
Tolstoi encuentra a Dios, piensa que debe cambiar su forma de vida: “La misión del hombre en la vida es salvar su alma. Para salvar su alma es preciso que viva según la voluntad de Dios, y para vivir según la voluntad de Dios es necesario renunciar a todos los placeres sensuales de la vida, trabajar, sufrir, ser humilde y misericordioso.”

Como explicaba líneas atrás a Tolstoi se le presentó el problema de cómo conciliar fe y razón, cómo conciliar los supuestos hechos sobrenaturales con la razón, de forma más general, se le presenta el problema de reconocer entre la verdad y la mentira. Así termina Confesión, afirmando que emprenderá la tarea de separar la verdad de la mentira.


EL CRISTIANISMO TOLSTOIANO

Tolstoi tomó seriamente el estudio de los Evangelios. Trabajó simultáneamente en cuatro obras: “Confesiones”, “Crítica de la teología dogmática”, “Concordancia y traducción de los cuatro Evangelios” y “¿Cuál es mi fe?” En estas obras explicaba Tolstoi la evolución de sus pensamientos, cómo, partiendo del agnosticismo, había llegado a una interpretación personal de las enseñanzas de Cristo. El escritor llegó a convencerse de que la Iglesia había traicionado el mensaje de los evangelios: “Desde el siglo II, la Iglesia no es más que mentiras, engaños, imposturas.” En 1893 publica su ensayo “El reino de Dios está entre nosotros”.
Ya hemos mencionado el contenido de Confesiones, Gillés afirma que se trata de una especie de “testimonio contra sí mismo” y que al estar escrito desde su nueva perspectiva religiosa contiene errores y exageraciones que su Diario ayuda a corregir. Pero ¿puede un hombre ser objetivo al mirar su vida, sus pensamientos y emociones?

En la Crítica de la teología dogmática, Tolstoi ataca las enseñanzas de la Iglesia ortodoxa. Considera supersticiones estúpidas la Trinidad, los demonios, los ángeles, la creación del mundo en seis días, la salvación y la condenación eternas. Afirma que los dogmas que van contra la razón son blasfemias contra el Espíritu Santo.
Concordancia y traducción de los cuatro Evangelios es su versión de la doctrina de Cristo. Los Evangelios no son una revelación divina, tampoco hechos históricos. Son una explicación del sentido de la vida, una moral. Los milagros de Jesucristo son interpretados por Tolstoi. Así, la multiplicación de los peces y de los panes la interpreta como una invitación a compartir los alimentos, cuando un ciego de forma milagrosa recupera la vista Tolstoi escribe que se trató de una iluminación espiritual. Para el escritor ruso Jesucristo tuvo un diálogo socrático consigo mismo en el desierto, de forma que las tentaciones que se le presentaron no eran promesas del demonio. El mismo Tolstoi reconoció que en ocasiones su interpretación podía parecer demasiado forzada.

Así, Tolstoi no creía en la divinidad de Cristo. El escritor ruso consideraba que la afirmación de la divinidad de Jesucristo no hacía sino distraer la atención de lo importante: el mensaje moral. Escribe Gillés: “El mensaje de Cristo no consiste en la salvación por la gracia o en el establecimiento de una Iglesia, sino en enseñarles a los hombres cómo deben vivir.”

Por otro lado denunciaba que la Iglesia le atribuía falsamente enseñanzas a Jesucristo, Tolstoi concluyó que Cristo jamás dijo que salvaría a la raza humana, nunca habló de la Trinidad o de la forma en que debía llevarse a cabo el ritual de la comunión.

De igual forma consideraba que creer en la divinidad de Jesucristo impedía la unión de todos los hombres: “Si Jesús no es Dios sino un gran hombre, su enseñanza no puede dar lugar a tantas sectas. La enseñanza de un gran hombre es grande sólo porque expresa de forma comprensible y clara lo que otros expresaron confusa e incomprensivamente (...) Buscaba respuesta para la pregunta de la vida y no para las preguntas teológicas e históricas; y por eso me daba igual si Jesucristo era Dios o no lo era, de quién procedía el espíritu santo, etcétera.”

En el prólogo de su interpretación de los Evangelios afirma: “Leyendo mi versión el lector se convencerá de que el cristianismo no sólo no es una mezcla de lo elevado y lo bajo, no sólo no es una superstición, sino que es la enseñanza metafísica y ética más rigurosa, pura y completa, que hasta ahora no ha sido superada por la razón del hombre y alrededor del cual, sin ser conciente de ello, gira toda actividad humana superior.”

Con este trabajo Tolstoi deseaba encontrar lo verdaderamente valioso de los Evangelios, se comparaba con un hombre que habiendo recibido un saco hediondo de suciedad encuentra que dentro hay perlas preciosas, ahora el trabajo es encontrarlas y limpiarlas. En otra parte se compara con un hombre que se dedica a reparar una estatua rota, al principio no está seguro del lugar en el que debe colocar una pieza, pero conforme avanza en su labor, sus dudas van apagándose. En resumen: para Tolstoi los Evangelios no son una revelación divina ni cuentan hechos históricos, son una obra que da sentido a la vida. Explica que llegó al cristianismo no por sus investigaciones teológicas o históricas sino por las preguntas que se hizo sobre el propósito de la vida.

¿Cuál es mi fe? es una exposición de la verdadera moral cristiana: “No te encolerices, sino vive en paz con todos los hombres. No te abandones a relaciones sexuales ilícitas. No prestes juramento. No resistas al mal con la violencia. No seas enemigo de nadie. Ama a Dios y a tu prójimo como a ti mismo.”

Sobre los anteriores preceptos Gillés anota: “Tlostoi pasará los años que le quedan de vida tratando de explicar, de vivir y de hacer que las gentes admitan estos pocos principios, muy simples y que, aunque pueda uno asombrarse un poco, le ha costado tanto trabajo y tantos sufrimientos redescubrir. Lo hará siempre con una sinceridad muy grande, a menudo con exageración o con una especie de ingenuidad muy simplista. Pero todavía no se imagina que, al definir su moral, acaba de fundar, porque sus preocupaciones responden a las de millares de sus contemporáneos, una nueva religión: el ‘tolstoísmo’.”

¿Qué tesis defiende en El reino de Dios? Que el reino de Dios en la Tierra será una realidad cuando todos los seres humanos vivan según los principios de Cristo. Aparece también su idea de la “no violencia opuesta al mal”, cito nuevamente al biógrafo de Tolstoi: “Todos los males de que sufre la Humanidad nacen, directa o indirectamente, de la violencia, ejercida por gobiernos corrompidos y sostenidos activamente por Iglesias seudocristianas. El gran principio que hay que oponer a la violencia es, y esto puede parecer paradójico a primera vista, el de la no resistencia al mal mediante la violencia.”

Y aunque Sonia pensó que su amado Tolstoi encontraría la felicidad en la fe, no tardaron en aparecer los problemas. Éstos fueron causados por los nuevos ideales del escritor. Al aspirar al perfeccionamiento moral, es decir, a la santidad, Tolstoi renunció a los “placeres viciosos”: la caza, el alcohol y el tabaco. De igual forma dejó de comer carne y pan blanco, la castidad fue otro de sus valores (no alcanzado). Pero lo que causó conflictos muy serios en aquel matrimonio fueron los votos de pobreza.

A partir de 1881 Tolstoi comenzó a preocuparse por la miseria. En 1882 participó en la elaboración del censo de la población de Moscú y eligió el barrio más pobre.
Así, llegó a sentirse incómodo en su propia casa, consideraba que su esposa e hijos llevaban una vida de castillo, despreocupada y fácil, que se dejaban llevar por un torbellino de fiestas mundanas. Vecinos, familiares y amigos sólo pensaban en divertirse. Escribió: “mi verdadero ‘yo’ es despreciado por todos los que me rodean.” El ocio y el lujo le comenzaron a irritar.

En cierto momento se sintió un parásito que vive de los pobres y decidió hacerse zapatero. Gillés dice: “Tolstoi, que no parecía darse cuenta de la paradoja que era profesar semejante teoría siendo él el dueño del lugar –de aquella gran casa confortable por la que circulaban lacayos de librea-, les explicaba (a sus visitantes) gravemente que para él nada era comparable a sus tres horas diarias de trabajo manual.”

Su molestia llegó al punto de querer abandonar a su familia. Por su parte, Sonia estaba embarazada (por duodécima ocasión) y sentía que Tolstoi le dejaba todos los asuntos domésticos: dirigir la casa, llevar las cuentas, educar a los niños, etc.
Tolstoi soñaba con no poseer nada, deseaba distribuir sus tierras entre los campesinos y renunciar a sus derechos de autor. Gillés anota: “Pero como Sonia, que no quería verlo despojar a sus hijos, se oponía ferozmente a esos proyectos, en aquel final de año de 1884 él acabó por proponerle un compromiso en verdad bastante extraño. Como él consideraba que la propiedad era un gran mal, le cedería a ella la gestión de todos sus bienes. Al principio, Sonia se indignó al ver que le transmitían aquel ‘gran mal’; luego se resignó a tal arreglo paradójico. Recibió de Lev un poder general que le cedía la gerencia de sus propiedades y de sus derechos de autor para las obras escritas antes de 1881, antes de lo que Tolstoi llamaba ‘su segundo nacimiento’. Muy activa, Sonia emprendió inmediatamente una nueva edición de las obras de su marido e hizo gestiones para poder hacer figurar entre ellas los textos prohibidos de Confesiones, ¿Qué debemos hacer? y ¿Cuál es mi fe? (...) Desde su ‘segundo nacimiento’, Tolstoi quería ser asceta. Había renunciado sucesivamente a la propiedad, al bienestar y a los ‘placeres viciosos’ de la caza y del tabaco. Ahora quería renunciar a la voluptuosidad, a toda voluptuosidad, incluso a la santificada por el matrimonio.”

En 1891, después de discusiones con Sonia por la forma en que esta administraba las propiedades, Tolstoi repartió sus bienes y renunció a los derechos de ciertas obras (tan fuertes eran las discusiones que Sonia llegó a considerar el suicidio). Tolstoi consideraba que su esposa e hijos le impedían vivir una vida santa. Sin embargo, el resultado fue paradójico, en palabras de Gillés: “He aquí, pues, a Tolstoi despojado del ‘fardo de la propiedad’: teóricamente, jurídicamente es pobre. Si fuese lógico consigo mismo, debería ahora vivir también la vida del pobre, cambiar su mansión por una modesta isba, trabajar con sus manos para asegurase el sustento y nutrirse con gachas de avena. Ahora bien, no cambia nada en su forma de vida, aunque ésta sea muy modesta. No abandona su biblioteca, ni los salones de su mansión, ni sus caballos de silla; continúa sentándose a la mesa señorial, siendo servido por criados, y no renuncia tampoco a sus costumbres de anfitrión espléndido que acoge multitud de discípulos y curiosos.”

Desde el momento de su conversión y hasta el último de sus días lo acompañaría el deseo siempre postergado de vivir humildemente.

Queda entonces claro que Tolstoi fue cristiano a su manera, de igual forma, creía en Dios pero no en el “Dios judío, grosero y personal” sino en un Dios “ilimitado e impersonal”, al cual le expresaba “¡Señor, despiértate en mí, alumbra mi vida!”.
De tal forma que a Tolstoi su conversión le traería conflictos no sólo con su familia. Las autoridades religiosas y políticas lo veían con recelo.

De hecho, la Iglesia ortodoxa decidió excomulgarlo en 1901. El decreto decía: “Dios ha permitido que en nuestros días aparezca un nuevo falso doctor: el conde León Tolstoi. Escritor de reputación mundial, ruso de nacimiento, ortodoxo por el bautismo y la educación, el conde Tolstoi, cegado por su espíritu de orgullo, ha tenido la insolencia de alzarse contra el Señor Jesucristo y contra su santo legado, y públicamente y a los ojos de todos ha renegado de la Iglesia ortodoxa materna, que lo había nutrido y educado. Ha dedicado su actividad literaria y el talento que Dios le había dado a esparcir en el pueblo doctrinas contrarias a Cristo y a la Iglesia, y a destruir en el espíritu y en el corazón de los hombres su fe nacional, esta fe ortodoxa confirmada por el universo y a la cual, hasta ahora, la santa Rusia ha permanecido fiel y por la que ha sido fuerte. Por eso la Iglesia no lo cuenta ya como uno de sus miembros y no podrá considerarlo como tal más que si se arrepiente y vuelve a entrar en su seno.” Nunca sucedió esto último, el escritor ruso murió sin recibir los sacramentos.

¿Y en cuanto a las autoridades políticas? Los problemas (también) se debieron a su interpretación del cristianismo. El escritor ruso predicaba la humildad, la no explotación de los semejantes.... En ocasiones enviaban a la policía a vigilarlo. Eso sí, no le castigaban, ¿por qué? En palabras del Zar Nicolás II: “No quiero añadir a su gloria la aureola de mártir.”

Basten las siguientes líneas para mostrar lo anterior. Los “luchadores del espíritu” eran una secta que tomaba al pie de la letra el mandamiento “no matarás”, de forma que se negaban a empuñar las armas. En 1895, debido a que los miembros de la secta se deshicieron de armas y se negaron al servicio militar, las autoridades decidieron castigarlos. Cuenta Gillés que “los desgraciados fueron azotados a golpes de nagaika, sus moradas fueron saqueadas, confiscadas sus tierras y sus comunidades dispersadas.” Tolstoi se identificaba con los ideales de la secta, así que decidió ponerse de su lado. A consecuencia de estas actividades consideradas subversivas por las autoridades, la policía sometió a Tolstoi y a sus simpatizantes a estrecha vigilancia. Algunos de los discípulos de Tolstoi fueron castigados con el destierro, pero –por lo ya explicado en el anterior párrafo- el escritor ruso permaneció intocable.


REFERENCIAS

James, William. “Las variedades de la experiencia religiosa”. Ediciones Península. Barcelona. 1986.
Tolstói, Lev. “Confesión”. Acantilado. Barcelona 2008.
Gillés, Daniel. “Tolstoi”. Editorial Juventud. España. 1963.
Leo, Tolstoy. “The Gospel in Brief. The life of Jesus”. Harper Perennial. USA. 2011.

lunes, 31 de octubre de 2011

La muerte y sus enigmas...

¿Qué inquieta tu corazón? ¿Los enigmas irresolubles? ¿Crees que puedan decirse palabras verdaderas acerca del misterio de la vida? Todas las respuestas científicas, filosóficas y religiosas ante el misterio no son más que balbuceos. ¿Quiénes saben algo?

Las preguntas no cesan porque no hay respuestas satisfactorias, y tal vez nunca las habrá.

El problema se niega a morir. Nos mentimos al responder, ¿deberemos conformarnos con sólo hacer las preguntas?, ¿deberemos aprender a convivir con el enigma?

¿Es el canto la única forma de hacer frente a lo que nos perturba? Tan sólo la poesía, los cantos y las flores pueden ser un camino para decir palabras verdaderas en la tierra. Así lo entendieron los tlamatinime.

¿Se llevan las flores a la región de la muerte?
¿Estamos allá muertos o vivimos aún?
¿Dónde está el lugar de la luz pues se oculta el que da la vida?

***

Lloro, me siento desolado:
recuerdo que hemos de dejar las bellas flores y cantos.
¡Deleitémonos entonces, cantemos ahora!
pues que totalmente nos vamos y nos perdemos...

No se aflijan vuestros corazones, amigos míos;
Como yo lo sé, también ellos lo saben,
Una sola vez se va nuestra vida.
¡Venid y gocemos!
Que no lo hagan los que viven airados,
La tierra es muy ancha...

***

¿Acaso allá somos verdaderos?
¿vivimos donde sólo hay tristeza?
¿Acaso es verdad, acaso no es verdad, como dicen?
No se fijan nuestros corazones.
¿Cuántos de cierto dicen qué es verdad o qué no es verdad allí?
Tú sólo te muestras inexorable, Dador de la vida.
No se aflijan nuestros corazones.

De verdad no es el lugar del bien aquí en la tierra:
de verdad hay que ir a otra parte:
allá está la felicidad.
¿O es que sólo en vano vinimos a la tierra?
Ciertamente otros sitio es el de la vida.

***

¿Acaso se vive con raíz en la tierra?
No para siempre en la tierra:
sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
aunque sea de oro se rompe,
aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
sólo un poco aquí.

***

Sólo un instante dura la reunión,
por breve tiempo hay gloria...
Ninguno de tus amigos tiene raíz,
sólo un poco aquí nos damos en préstamo;
tus flores hermosas...
sólo son secas flores.

¿A dónde iremos
donde la muerte no exista?
Mas ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:
aquí nadie vivirá para siempre.
Aun los príncipes a morir vinieron,
hay incineramiento de gente.
Que tu corazón se enderece:
aquí nadie vivirá para siempre.

***

¿Qué era lo que acaso encontrabas?
¿Dónde andaba tu corazón?
Por esto das tu corazón a cada cosa,
Sin rumbo lo llevas: vas destruyendo tu corazón.
Sobre la tierra, ¿acaso puedes ir en pos de algo?

***

¿A dónde iremos?
Sólo a nacer venimos.
Que allá es nuestra casa:
donde es el lugar de los descarnados.

Sufro: nunca llegó a mí alegría, dicha.
¿Aquí he venido sólo a obrar en vano?
No es ésta la región donde se hacen las cosas.
Ciertamente nada verdea aquí:
Abre sus flores a la desdicha.

¿A dónde iré?
¿a dónde iré?
El camino del Dios de la dualidad.
¿Acaso es tu casa en el sitio de los descarnados?
¿en el interior del cielo?,
¿o solamente aquí en la tierra es el sitio de los descarnados?

jueves, 27 de octubre de 2011

LA LITERATURA DE LUIS ZAPATA

Una de mis novelas favoritas es El vampiro de la colonia Roma. Curioseando en la sección de literatura mexicana de la entrañable Biblioteca de México José Vasconcelos encontré el libro Crónica literaria. Un siglo de escritores mexicanos (ediciones cal y arena) de José Joaquín Blanco.

En esta obra Blanco hace crítica literaria. ¿Por qué realizar dicha labor? El autor escribe: “Converso libros, creo mis lecturas. Los libros sin respuesta se quedan en una especie de impunidad solitaria que equivale a la inexistencia, al limbo; la lectura hace existir los libros, y la respuesta crítica les ofrece una corroboración inmediata de su existencia, un frontón ostensible de que no son meros fantasmas tipográficos en delirio.”



En su libro José Joaquín Blanco incluye seis ensayos sobre la literatura de Luis Zapata. Estos ensayos fueron escritos en diferentes épocas (el primero es de 1979 mientras que los dos últimos son de 1992). Joaquín Blanco escribe sobre El vampiro de la colonia Roma, En jirones, La hermana secreta de Angélica María y ¿Por qué mejor no nos vamos? Pero en esta entrada sólo me referiré a lo que escribe sobre El vampiro; específicamente señalaré lo que Blanco anota sobre tres cuestiones: lo que ha logrado Luis Zapata con su literatura, las virtudes de El vampiro de la colonia Roma (mismas por las que, paradójicamente, fue duramente criticado) y los rasgos distintivos y cualidades de Adonis García.

¿Qué escribe Blanco sobre el carácter y la personalidad de Adonis? “El personaje por ahí declara que quien no es feliz, se lo merece por pendejo; y bajando y subiendo por sus recuerdos, sus sueños y sus reflexiones –otra excepción: es el único personaje inteligente, pensante, fuerte y sobre todo capaz de decidir a cada momento su destino, entre todos los guiñapos que ha producido la onda coloquialista-; yendo, regresando, sesgando y finteando, siempre vive con una altísima dignidad y un sentido del humor tan alegre como cabrón. Es un personaje que la literatura vuelve persona; jamás se tipifica, o representa, o clasifica: vive, y con una dureza que es una forma superior de amor por su propio cuerpo, por su vida y los cuerpos y las vidas de los demás, y por los placeres y las realidades que en su variadísima vida ha aprendido a ejercer; a los que ninguna chingadera, ni aun las más gruesas, ha corrompido con el cinismo y el odio. Dudo absolutamente que la narrativa mexicana de las últimas décadas tenga una persona tan compleja y viva como este Adonis, con tanta nobleza dura e irónica y capacidad de estímulos. Y así va contando su vida, como para sí mismo, sin tomarse el trabajo de seducir, agredir, concienciar o sensibilizar al lector. Así es él en su libertad. Tómenlo o déjenlo...”

Blanco escribe sobre algunos de los problemas que Zapata enfrentó:

“Desde su primera edición (junio de 1979), El vampiro de la colonia Roma fue un estallido: al mismo tiempo escándalo social que éxito de crítica y de ventas, lo que ya es mucho decir en un país antilibresco donde generalmente no importa nada que no salga en la televisión. Pero las cuentas de su impacto público distaron de ser alegres: el machismo, la ignorancia, el oscurantismo y la beligerante cursilería se encarnizaron contra Luis Zapata como contra ningún otro novelista mexicano vivo. En la prensa y en la más peligrosa tenebra del chismorreo, en intentos de sabotaje desde el propio concurso que legítimamente ganó; en grandes y pequeños obstáculos desde la tipografía misma hasta las cadenas comerciales y más de una librería que se negaron a exhibir y vender su obra; en injurias insólitas públicas y privadas, que lo mismo sonaron en las superiores jerarquías políticas que entre los personajes prestigiosos o desprestigiados de la academia y de la comunicación, se dio una especie de linchamiento moral y literario capaz de turbar los nervios más templados.”



Adonis García no solamente es un homosexual, es un chichifo, un joven dedicado a la prostitución; ¿fue esa la razón por la que Zapata enfrentó estos problemas? Sí, pero sólo en parte. ¿Qué otra cosa influyó para que la novela fuera tan atacada? He aquí la respuesta de Blanco: la seriedad profesional con que está escrita.

“Creo que fue esto, la seriedad literaria, la razón del escándalo y no la mera anécdota de homosexualidad y prostitución. Las películas, las revistas, los periódicos, las carpas, las conversaciones de cantina y excusado jamás se han apartado de tales asuntos, pero siempre como algo sucio, falso, ridículo; la sociedad mexicana ha tolerado relativamente a personajes serviles y pretendidamente refinados dentro de su corte, pero nunca homosexuales sin caricatura, que no exigen nada más pero nada menos que la cabal condición humana y civil. El escándalo consistió en que el tema homosexual escapara del WC, de la carpa, de la nota roja y de los melodramas de tisú y de organdí, y se instalara abierta y desnudamente en las calles y las plazas como un asunto integralmente humano en la dignidad social y personal de su diferencia. Un libro obsceno más, como los millones de revistas y periódicos amarillistas, no hubiera resfriado a nadie; un libro serio, digno y hermoso pareció un abuso.”

En la interpretación de Blanco, las razones anteriores explican la táctica que se aplicó a la novela de Zapata: negarle respetabilidad. Continúa el crítico: “La ignorancia y la cursilería supusieron que lo vulgar, lo fácil o superficial era hablar de ello (de la sensualidad, el erotismo y el sexo), cuando ocurre precisamente lo contrario: no hay nada más difícil, nada que requiera mayor inteligencia y sostenido rigor intelectual. Lo pésimo, lo trillado, lo oportunista habría sido recurrir al sentimentalismo o a las perversidades de circo. Intentar la desnudez, la naturalidad y la plenitud de la carne, sin pedir disculpas, sin la súplica patética del corazón melodramático o las perversidades de guardarropía, no sólo era un reto moral, sin un arriesgadísimo proyecto literario. Y si, en efecto, las andanzas eróticas del Vampiro no deben espantar ni excitar a ningún lector adulto, es precisamente porque su eficacia se limpió de toda morbosidad y al ventilar los secretos de cama y de la calle, los volvió perfectamente naturales y cotidianos, iluminados además por la transparencia solar de un humor franco.”

Una última pregunta: ¿Qué ha logrado Zapata con su literatura? Blanco dice que sus novelas “sacaron finalmente del clóset a la literatura homosexual y la volvieron literatura plena; ya no los meros desvanes de la nota roja, el WC, el rincón sentimental, el zoológico de cristal o el aparador de modas. El vampiro de la colonia Roma fue el parteaguas –de ahí el escandalizado escarnecimiento con que la sociedad y la academia mexicanos lo recibieron-, el momento en que se acabó con una literatura homosexual de gettho, detenida en la queja o la autocomplacencia enrarecidas, y se ganó la calle y la expresión seria y franca: cuando ya sin medias voces, referencias en clave o discreción atemorizada, los libros y autores homosexuales pudieron ocupar el mismo sitio que los demás, sin ningún prestigio especial, pero sin ninguna prerrogativa de menos. Y a partir de entonces sólo los valores comunes de honestidad, inteligencia y belleza habrán de diferenciar los diversos tipos de expresión.”

Para finalizar esta entrada podemos decir, junto con José Joaquín Blanco, que Luis Zapata, con El vampiro de la colonia Roma, además de haberse atrevido a escribir el libro prohibido, lo escribió bien.

sábado, 15 de octubre de 2011

Los fraudulentos detectores moleculares GT-200

Al fin los periodistas mexicanos están poniéndose las pilas. Lo digo porque han comenzado a tratar el tema de la llamada "ouija del diablo". Un ejemplo es el periodista Jorge Armado Rocha, quien platicó con el doctor Luis Mochán del Instituto de Ciencias Físicas de la UNAM. El doctor Mochán se refirió al GT-200 como un "aparato milagro".



Otro ejemplo es la periodista Laura Castellanos, quien publicó una interesante y muy completa nota en El Universal: "La pesadilla de los señalados por la ouija del diablo." Puede leerla aquí.

Por su parte Denise Maerker publicó, también en El Universal, su nota El gobierno compra productos milagro.

Así que si usted desea mantenerse informado sobre todo lo que está sucediendo entorno a este tema, no deje de visitar el blog El viaje de lonjho.

jueves, 13 de octubre de 2011

¿Filosofía o superación personal?

Hace poco le eché un vistazo a lo que iba leyendo una persona que estaba a mi lado en el vagón del metro. Se trataba de un librito de superación personal o de reflexiones cuyo nombre no recuerdo exactamente, era algo como "Palabras de sabiduría". Las sabias palabras no eran más que frases pendejas.

Otras veces los vagoneros ofrecen CDs con las palabras de Mariano Osorio o con textos como "La mamá más mala del mundo" o "Papá, dime cuánto ganas para comprar un minuto de tu tiempo". Pura pendejada y media.

En Historia de la Filosofía IX estamos leyendo la "Metafísica de las costumbres" de Arthur Schopenhauer. Vamos en el capítulo 4: "Del estado de la voluntad en el mundo de su manifestación, o del sufrimiento de la existencia". La visión que Schopenhauer tenía de la vida humana no deja de ser trágica: no es posible evitar el sufrimiento, ya que éste es la esencia de la vida. En este capítulo incluso se refiere críticamente a los optimistas (como Leibniz y su idea de que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Idea a la que Voltaire respondió con su novela "Cándido o el optimismo"). Para el filósofo la vida del ser humano, vista en general, es trágica, vista en sus detalles, un sainete. Así, nuestra vida es una mezcla de tragedia y comedia. Menciona Schopenhauer que la no satisfacción de los deseos provoca dolor y que la satisfacción de todos los deseos lleva al hastío.

¿Con qué visión de la vida se queda usted: con la de los expertos en superación personal (y su optimismo pendejo y su extremada cursilería) o con la de Shopenhauer? He aquí una muestra del pensamiento del autor de "El mundo como voluntad y representación."

"Al tomar aliento ahuyentamos una muerte que nos acecha en todo momento y con la que luchamos de ese modo a cada segundo; de la misma manera, la nutrición, el descanso o el abrigo suponen otros tantos aplazamientos respecto de su postrera victoria, habida cuenta de que, desde el preciso instante del nacimiento, somos presa de una muerte que se limita a juguetear un rato con su víctima antes de devorarla. En ese intervalo proseguimos nuestra vida con mucho esmero, tanto tiempo como sea posible, al igual que inflamos cuanto podemos una pompa de jabón, aun cuando tengamos la certeza de que acabará por estallar."

"El hombre se crea demonios, dioses o santos a su propia imagen y semejanza, debiendo ofrendarles luego oraciones, sacrificios, templos y exvotos, así como cuanto va ligado a esto, como las consignas, las peregrinaciones, las salutaciones, los ornamentos de imaginería u otras cosas por el estilo. Su culto se entrelaza con la realidad, llegando incluso a eclipsarla; cualquier acontecimiento de la vida es tomado como un contraefecto de aquellos seres, el trato con ellos llena la mitad de la vida, alimenta constantemente la esperanza y llega a ser, por mor de la mistificación, más interesante que el trato con los seres reales. Dicho trato constituye la expresión y el síntoma de una doble menesterosidad del ser humano: asistencia y apoyo, por una parte, ocupación y entretenimiento por otra; y aun cuando su cultivo atente con mucha frecuencia contra la primera clase de menesterosidad, dado que, cuando acechan los peligros y los percances, se invierten en rogativas y ofrendas un tiempo precioso, un valioso esfuerzo que más valdría haber aplicado a atajar aquellos contratiempos, la segunda menesterosidad se ve mejor servida merced a esa fantástica plática con un imaginario mundo espiritual, algo que supone la ganancia menos desdeñable de cualquier superstición."

miércoles, 12 de octubre de 2011

Ovnis y más ovnis...

Para que no le digan y no le cuenten, decidí agregar a mis enlaces páginas y blogs dedicados al análisis crítico del llamado "fenómeno ovni", pueden verse en la barra de la derecha bajo el título de "Todo lo que usted siempre quiso saber sobre ovnis y ufología pero nunca se atrevió preguntar". En esos enlaces pueden encontrarse algunos de los textos que considero necesarios leer para comprender todo este rollo de los platillos voladores.

Debajo de dichos enlaces pueden encontrarse algunos textos de mi autoría sobre algunos casos: el platillo volador de las Lomas, la esfera Victoria, las fotos del "contactado" Carlos Díaz, el fraude de Mauro Flores, el "extraterrestre" de Mérida y el ovni grabado por Mauricio Ruiz. Bueno, los dos últimos textos aún están en construcción.

En Las patillas de Asimov ya había presentado esos escritos, pero decidí darles mayor visibilidad y poner todo lo escrito de cada caso en un solo espacio.

Así que si no los ha leído, hágalo y después dígame en dónde la regué.

jueves, 6 de octubre de 2011

Ufología del 90%

El 90% de la ciencia-ficción es una porquería;
pero es que el 90% de todas las cosas también lo son.

Theodore Sturgeon

Dentro del programa Los Archivos Secretos de la KGB mencionaron que entre mayor es la visibilidad y presencia en los medios que tiene un ufólogo, menos confiable es. Lo anterior me parece cierto y me hizo recordar algunas declaraciones de un investigador parcial que gusta de presentar fotografías y videos de ovnis en la TV…

Herencia estelar es una malísima novela de ciencia-ficción, Gabriel Chávez Aguirre (quien doblaba al español al Sr. Burns) es su autor. El libro trata acerca de la llegada de los extraterrestres a la Tierra. Sobre esta novela Jaime Maussán expresó: "Un gran libro, uno de los mejores que he leído en cuanto al tema ciencia-ficción, OVNI, extraterrestre."

De hecho, el prólogo fue escrito por el mismo Maussán.

El ufólogo sensacionalista escribe: "En la actualidad, la investigación del fenómeno OVNI se ha convertido en una verdadera ciencia, desde luego informal, ya que no es reconocida por los científicos que no pueden entender cómo podrían trasladarse hasta la Tierra seres de otro planeta. Con base en la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein nada podría moverse en el espacio más allá de la velocidad de la luz (300 mil kilómetros por segundo) sin desintegrarse."

La desaparecida revista Contacto Ovni publicó un número especial sobre "Los OVNIs en el espacio", ese número estuvo a cargo de Maussán, en su editorial escribió: "…El día de hoy todos aquellos que afirmaban la imposibilidad de la vida en otros planetas han tenido que callar. Pronto lo harán todos aquellos que afirmaban que es imposible viajar a la velocidad de la luz. Y poco después aquellos que afirmaban la inexistencia de la vida extraterrestre en la Tierra…"

Antes de intentar refutar o contradecir un “argumento”, Maussán debería tratar de entenderlo. Los físicos jamás han dicho que un objeto se desintegraría si alcanzara la velocidad de la luz.

En su libro Cuando la ciencia nos alcance (de la colección La Ciencia para Todos del Fondo de Cultura Económica), el físico Shahen Hacyan explica lo que en verdad se desprende de la teoría de la relatividad. En el capítulo "Viaje a las estrellas: ¿Realidad o Ilusión?" explica:

Einstein demostró que un cuerpo masivo necesitaría una cantidad infinita de energía para alcanzar tal velocidad (la velocidad de la luz) o, dicho de otro modo, todo el Universo usado como combustible no le sería suficiente.

Por su parte, el físico Armando Arellano Ferro, en su libro Por qué no hay extraterrestres en la Tierra (también de La Ciencia para Todos), asegura:

Viajar a la velocidad de la luz no es posible para nadie, para ninguna civilización por muy adelantada y tecnológica que sea. La razón es que para que un objeto con masa viaje a la velocidad de la luz, es necesario darle una cantidad infinita de energía, lo que no es posible.

Por ello es que no tiene sentido tratar de especular lo que pasaría con una nave si “violara” esta ley de la naturaleza. No tiene sentido preguntarse ¿qué pasaría con una nave si llegara a la velocidad de la luz? Es decir, la Teoría de la Relatividad dice que no es posible para una nave alcanzar (mucho menos rebasar) la velocidad de la luz.

Estos límites en cuanto a la velocidad que podría alcanzar una nave no son una “imposición” de los científicos, los físicos simplemente están explicándonos cómo funciona el universo. Carl Sagan -en El mundo y sus demonios- escribió:

Los científicos no pretenden imponer sus necesidades y deseos a la naturaleza, sino que humildemente la interrogan y se toman en serio lo que encuentran… Es irritante que la ciencia pretenda fijar límites en lo que podemos hacer, aunque sea en principio. ¿Quién dice que no podemos viajar más deprisa que la luz? Solían decirlo del sonido, ¿no es cierto? ¿Quién nos va a impedir, si tenemos instrumentos realmente poderosos, que midamos la posición y el momento de un electrón simultáneamente? ¿Por qué, si somos muy inteligentes, no podemos construir una máquina de movimiento perpetuo “de primera especie” (una que genere más energía de la que se le suministra), o una máquina de movimiento perpetuo “de segunda especie” (una que nunca se pare)? ¿Quién osa poner límites al ingenio humano? En realidad, la naturaleza. En realidad, una declaración bastante completa y breve de las leyes de la naturaleza, de cómo funciona el universo, se refleja en una lista de prohibiciones como ésta. Significativamente, la pseudociencia y la superstición tienden a no reconocer límites en la naturaleza: “Todo es posible” Prometen un presupuesto de producción ilimitado, aunque sus partidarios hayan sido engañados y traicionados tan a menudo.

Pero los físicos no se quedan ahí, continúa Sagan: De modos diversos, otros muchos físicos ponen a prueba la relatividad general… Confían en forzar la teoría hasta el punto de ruptura y descubrir si existe un régimen de la naturaleza en el que empiece a no ser sólido el gran avance de comprensión de Einstein… Estos esfuerzos continuarán siempre que haya científicos. La relatividad general es ciertamente una descripción inadecuada de la naturaleza a nivel cuántico, pero, aunque no fuera así, aunque la relatividad fuera válida en todas partes y para siempre, ¿qué mejor manera de convencernos de su validez que con un esfuerzo concertado para descubrir sus errores y limitaciones?

Maussán se niega a aceptar las leyes de la naturaleza y trata de refutar los descubrimientos científicos, pero comienza con el pie izquierdo: ni siquiera entiende las ideas científicas. Por otro lado, hay maneras de “hacerle trampa” a la naturaleza, y que al parecer el charlatán desconoce.

Sergio de Régules, colaborador de la revista de divulgación científica de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) ¿Cómo ves?, escribe acerca de los trabajos del físico Miguel Alcubierre. Según el divulgador de la ciencia, Miguel veía el programa Viaje a las estrellas cuando encontró cuál podría ser el sistema de propulsión del Enterprise: “…este sistema de propulsión imaginario (warp drive) permite al Enterprise viajar más rápido que la luz mientras el pobre Einstein se revuelca en su tumba. Miguel buscó la manera de reconciliar la teoría de la relatividad con las velocidades superlumínicas que alcanza el Enterprise con singular desenfado (y poca verosimilitud). La solución de Miguel describe una especie de burbuja. El espacio-tiempo se expande detrás de la burbuja y se contrae delante, arrastrándola como una ola a velocidades arbitrarias y sin sufrir el fenómeno de dilatación del tiempo…. El problema, por supuesto, es que nadie sabe cómo poner en práctica la solución matemática de Miguel. Al parecer, igual que el agujero de gusano, requiere densidades de energía negativa gigantescas.”

Por otro lado, Sagan en su novela Contacto no imagina que a fin de cuentas es posible para una nave alcanzar la velocidad de la luz, la nave que se construye a partir de los planos que envían los extraterrestres utiliza un agujero de gusano o puente de Einstein-Rosen, estos agujeros serían un atajo entre dos regiones del espacio-tiempo.

Le sugerimos a Maussán que antes de hablar sobre física (o ciencia en general) se informe aunque sea un poco.

Bibliografía

De Régules, Sergio, Volver al Futuro, ¿Cómo Ves?, México, No. 20, Año 2, UNAM.
Sagan, Carl, El mundo y sus demonios, Barcelona, Ed. Planeta, 1997.
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