lunes, 25 de octubre de 2010

Picardía palindrómica


Willy de Winter, Mario Méndez Acosta, Víctor Quiroga y Jaime Vázquez conducen el programa de radio Los contertulios, que se transmite todos los miércoles a las 20:30 horas por Radio Educación (hace años el programa se llamaba El hospital de la palabra, posteriormente se llamó Fonemas y Dilemas). En Los contertulios se abordan temas de filosofía, ciencia, literatura, etc. Aquí escribí de cuando hablaron de robots y aquí de cuando hablaron acerca de la ciencia y los misterios que aún no resuelve.

Willy de Winter es políglota, traductor y ajedrecista; además es autor del libro Picardía Palindrómica (Editorial Domés, 1987), las caricaturas que ilustran la obra son de Luis de la Torre y las viñetas de Saskia de Winter, el prólogo es de Juan José Arreola.

Los palindromas –explica Willy en la introducción de su obra- son palabras o frases que se leen igual de derecha a izquierda que en sentido habitual. En este libro, el autor también construye frasindromas (versos que pueden leerse de atrás hacia adelante, tomando la frase como unidad) y palabrindromas (frases palindrómicas que se pueden leer al revés, tomando como unidad mínima, no la letra, sino la palabra); también podemos encontrar palíndromas en otros idiomas.

En su prólogo, J. J. Arreola llama a los palindromas “magia pura”, “juegos de prestidigitación intelectual”. Dice entre otras cosas: “el palindroma obliga a unas condensaciones, a suprimir partículas a veces, hacer que sea un lenguaje mucho muy condensado, muy estricto, y eso le da al palíndroma una especie de aire, de sentencia, de axioma, sobre todo de verdad categórica, aunque sea esa verdad categórica un disparate o un chiste, porque algo que me sorprende y no sé hasta qué punto, dentro de mí mismo, pueda aceptar el giro increíblemente picaresco que ha dado Wily de Winter a tantos de sus palindromas.”

Arreola asegura que la obra palindromática del ajedrecista tiene mucho de filosofía, “Tiene también mucho de psicología y tiene sentimiento, humor constante, casi siempre, y de pronto aparece el dramatismo, porque también hay palíndromas que son amenazantes. Palindromas que nos dan miedo, que nos atemorizan y que aluden a situaciones tan graves, como las misteriosas enfermedades que se propalan de manera no menos misteriosa.”

Bueno, ya sin más choros, aquí van algunos de los palindromas con la picardía de Willy de Winter:


Desalívate la teta, Leta… Vi la sed

Y tápate tu teta, Paty

Seno por poco propones…

Yo, Herculano, lucro poco… Por culona lucré hoy

Ana, su seno pone Susana

¿Es racha “gay” agacharse?

Ano mame, mamona
Ano mama la mamona
Anómala mama mona
Ano. Mámamelo. Olé, mama mona

Si semen sacas, Némesis
Si se matricula a lucir Támesis
Ama calamar. Irá mal a la cama
Amada… cierro, no, gonorreica dama

Oigo con amor. Ese romano no cogió
Oigo cómo cogió
Oí. Decayó tío. Claro, más amor al coito. Ya cedió

Oíd, ojete. Para ser dama tu puta madre, sarape te jodió

Lamo, Luc, culo mal
Lamió culo Luc. Oí mal
La ruta nada natural
La mona usará sus ojos. Usará su ano mal

Ada, mame. ¿Cogiste, Betsi? Gocé mamada
A Dafne la ruta natural enfada

Allá saca Leda a tu puta de la casilla
Allí va ramera. Haré maravilla
Allí te toco tu tetilla
Allí da la ladilla

No lucro pene por culón
No chiche, chichón
No, Zepeda dé pezón
No mame, mamón


Poesía escatológica


Gonzalo Martré es autor de las novelas satíricas Safari en la Zona Rosa (1973), Jet Set (1973), Coprofernalia (1973), Los símbolos transparentes (1978), El Pornócrata (1978), Apenas seda azul (1988), El cadáver errante (1993) y El Címbalo de Oro (2001). Pero además de novelas ha escrito cuentos, ensayos, crónicas, etc. Aquí puede leerse su cuento de ciencia ficción "Cuando la basura nos tape". Fue presidente de la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía (AMCyF) de 1996 a 1998.

A finales de 1997 se me ocurrió que yo podía escribir cuentos de ciencia ficción, así que al año siguiente me uní al taller de creación literaria de la AMCyF.

Gonzalo Martré encabezó el taller por un tiempo. Entonces quienes participabamos en éste nos involucramos en un proyecto: escribir cuentos sobre la derecha y su posible llegada al poder (era 1998), Héctor "el chino" Chavarría también participaría.

Mi historia la titulé "¡Ya nada nos detiene!" En mi texto, 74 años después de que el Partido de Acción Neooscurantista llega al poder los condones quedan prohibidos, así, sólo es posible conseguirlos en el mercado negro: "Tan sólo este año se decomisaron del mercado negro un millón de condones y se logró el arresto de uno de los cabecillas de la venta clandestina de dichos adminículos."

El protagonista de la segunda parte es, precisamente, un hombre que transporta los condones de la fábrica clandestina a la nave-taxi que los lleva a la Luna (no recuerdo qué me fumé). En esta historia también aparece ¡Superbarrio!:

"Tanto en la Tierra como en las colonias Selenitas la gente prefería los condones mexicanos por su alta calidad, además de ser fácilmente reconocibles por tener impresa la ya vieja y mítica imagen de Superbarrio acompañado de la Mujer Maravilla en su heróica lucha contra el VIH, una lucha en la que estos superhéroes llevaban muchas batallas perdidas pero no la guerra. Los supervillanos del Partido de Acción Neooscurantista no se saldrían con la suya, seguramente al final quedarían hechos papilla."

La "vieja y mítica imagen" a la que me refería. Foto de Héctor Julián Coronado Cervantes y que publicó en su blog libre pensar


Pero Superbarrio no sólo es mencionado por aquella imagen, el rechoncho personaje aparece en la tercera y última parte (se supone que es 12 de junio del 2087), se improvisa un ring en una colonia lunar y se enfrenta a luchadores que representan a la doble moral, la ignorancia y la mojigatería.

Incluí a Superbarrio porque estaba influído por un libro que acababa de leer: Todos somos Superbarrio de Mauricio-José Schwarz (de hecho Ya nada nos detiene es el título de un documento de la Asamblea de Barrios).

Cuando comencé a garabatear cuentos de ciencia ficción mi ortografía era pésima. H. Pascal me preguntaba la razón por la que yo nunca usaba acentos. Martré también me llegó a comentar que tuviera mucho cuidado con mi ortografía. Recuerdo estas anécdotas no sin sonrojarme, pero también con sentido del humor. De hecho, conservo ¡Ya nada nos detiene! con las correcciones -con tinta roja- de Gonzalo Martré.

Mi texto corregido por Martré


Traje esto a colación porque quiero recomendar la poesía escatológica que puede leerse en el blog de Martré: El club de los satíricos.

He aquí algunos ejemplos:

Los escritores de baño
son poetas de ocasión
que buscan en la mierda
su fuente de inspiración

En este triste cagadero
busco en vano el papel
con los tres ojos abiertos
y no puedo dar con él

Cagar da gusto,
oler da pena,
no seas cabrón
y jala de la cadena

Si tú te sientes pintor
y tus dedos son pinceles
píntale el culo a tu madre
y no pintes las paredes

El pedo es un suspiro
que brota del corazón
y sale por el culo
sólo por equivocación

Qué triste es amar
sin haber sido amado
pero es más triste cagar
sin haber almorzado

Cuando la suerte se empeña
en chingar al desgraciado
por más que se limpie el culo
siempre le queda cagado

A la orilla de la mar
yo me fui a cagar;
le pedí a Manuel
que me trajera papel.
Pero el muy cabrón
me trajo cartón,
y si no me fijo
el culo me lijo

Frente a este frío muro
labrado en piedra
lloraba mi triste culo
lágrimas de mierda

Lo dijo Sócrates
lo afirmó Platón
la última gota
siempre queda
en el pantalón

Aquí se murió una verga
y su alma anda penando.
Tengan cuidado, culeras,
no las vaya a coger cagando

martes, 19 de octubre de 2010

Historias jotas

A principios de abril de este año terminé el curso Narrativa Mexicana del siglo XX, una materia optativa dentro de la carrera de filosofía en la UAM. Leímos cuatro cuentos con temática homosexual.

1. De Inés Arredondo leímos su única novela corta: Opus 123.

Pepe Rojas y Feliciano Larrea son los protagonistas de esta historia. Arredondo nos cuenta lo que sucede con ellos desde que son niños hasta que son ancianos. La historia sucede en un pueblo conservador que no comprende ni tolera (de respeto ni hablamos) a quienes se apartan de lo que se espera socialmente; en este caso se trata de dos niños que padecen las burlas y humillaciones de sus compañeros de clase, es su delicadeza lo que provoca esas agresiones.

Así, ambos comparten dos cosas: el sufrimiento por esas burlas y el gusto por la música, los dos toman clases de piano. Ellos no se conocen pero saben de los avances de cada uno, pues ambos tienen a la misma maestra y ella les platica al respecto.

Ninguno de los dos participa en las actividades sociales del pueblo. Pepe Rojas termina dedicándose a las labores domésticas y a cuidar a sus hermanas mientras su madre atiende el negocio familiar. Feliciano Larrea deja la primaria en el quinto año y toma –a disgusto del padre- clases particulares, de tal forma que llega hasta el bachillerato. Pepe termina la primaria con excelentes notas, pero no es llamado a recibir –en la ceremonia de fin de cursos- el reconocimiento que le corresponde, aquí vemos la intolerancia que practican los habitantes del pueblo, incluyendo a las autoridades de la escuela.

El título del texto se debe, precisamente, a que ambos personajes tocan el piano desde pequeños. El día que una hermana de Feliciano se casa, Pepe –sin que lo sepa el pueblo- es quien toca el órgano durante la ceremonia. Lo hace magistralmente pero no recibe reconocimiento alguno. Cuando durante la fiesta le preguntan a Feliciano padre por la identidad del músico, él miente, sabe que se trata del “afeminado”, pero afirma que era un pianista extranjero. Algunos saben que se trata de una mentira, entre ellos su hijo. Esto provoca el rompimiento familiar, pues hay un enfrentamiento definitivo entre padre e hijo.

Feliciano es la vergüenza de su padre, así que su madre toma la decisión de irse con él al extranjero. El padre se indigna, pues considera un insulto que su matrimonio se rompa por culpa del “mariconcito”. En realidad –y de esto se dará cuenta Feliciano años más tarde- la señora se va con su hijo por amor al esposo, ya que piensa que de esa forma Feliciano padre no tendrá que soportar la presencia del muchacho.

La soledad es una constante en los protagonistas. Feliciano se convierte en un gran músico, pero como siempre es acompañado por su madre, nunca socializa ni puede iniciar amistades o relaciones amorosas. Pepe en el pueblo siempre es una persona marginada, aunque es el músico de la iglesia, nunca obtiene el reconocimiento o respeto de la comunidad.

Cuando finalmente regresa Feliciano al pueblo, ambos son ya mayores. Arredondo cuenta que sólo se encuentran en sus paseos nocturnos y que nunca pasan de un rápido saludo. Pero en realidad la autora insinúa más de lo que cuenta, de forma que resulta válido preguntarnos ¿qué hubo entre Feliciano y Pepe?


2. De Joaquín Hurtado leímos Señoritas en el Tahúr comidas por los sardos para ser más valientes.

Hurtado escribe “Crónica Sero” en el suplemento Letra S de La Jornada. Dice de sí mismo (en una entrevista realizada por Alejandro Brito) que se ha metido en el asunto del sida por necesidad y obligación moral. Ha vivido de cerca la catástrofe sanitaria, social, política, económica, cultural y sexual que implica el sida. Ha escrito “Guerreros y otros marginales”, un libro de crónicas urbanas de chavos banda, prostis, locas, soldados, policías y drogos de la ciudad de Monterrey; “Laredo Song”, relatos con temática homosexual, es en esta antología en la que aparece Señoritas en el Tahúr; y "Crónica Sero", una recopilación de algunas de sus colaboraciones para Letra S. La siguientes son algunas de las declaraciones que ha hecho Hurtado:

“Ya no puedo vivir sin el sida. No sabría cómo dialogar con la vida ni con la muerte.”
“Jamás podré traducir con palabras el vacío que traigo en el corazón y en el alma con la muerte de mis amigos.”
“La mejor vacuna contra el estigma es tomar cada mañana la navaja del autoescarnio y desfigurarme el rostro para que ningún idiota venga y me diga: ‘¡pero qué cara tan jodida traes hoy, ¿no te han avisado de tu muerte?’ Nada me hacen semejantes flores si ya me adorné yo mismo con ellas.”

Señoritas en el Tahúr cuenta la historia de dos chavos de ambiente originarios de Monterrey, pero la historia sucede en la Ciudad de México. Después de salir del Viena victimadas (los protagonistas se hablan en femenino) por un chichifo, deciden conocer El Tahúr “famoso por sus soldaditos y su ambiente extravagante”.

Ya en El Tahúr conocen a unos soldados: “el trabajo ligador fue casi innecesario: ellos traían peores intenciones que nosotras. Nos lo propusieron desde el principio. O sea, acababan de ver a sus novias el día de ayer, y desde que las dejaron instaladas en sus respectivas residencias (eran sirvientas), andaban parrandeando y sólo les faltaba un buen bujero para descargar su fiera hombría militarizada y quedar renovaditos para las chingas que ordenaran los generalotes, en la salvaje jerarquía de la soldadesca.”

Abela, su amiga y los dos soldados (con otro soldado completamente ebrio) salen del Tahúr en busca de un taxi que los lleve a un hotel barato. Finalmente encuentran uno. “Hasta el quinto piso, sin elevador, entre olores a humedad y sudor de ratas. Camas rechinadoras, excusado descompuesto y rebosante de mierda, sin agua caliente, y lechos erizados de resortes como para suicidarse contrayendo el tétanos.”


3. Nomás no me quiten lo poquito que traigo es un texto corto de Eduardo Antonio Parra, éste aparece en su antología Tierra de Nadie. Es autor de una novela sobre el Benemérito de las Américas: Juárez. El rostro de piedra. También es autor de Los límites de la noche, Nostalgia de la sombra, Sombras detrás de la ventana y Parábolas del silencio (historias de putas y putos, tráfico de droga, traición, asesinato, violencia, desesperanza).

¿Qué nos cuenta Eduardo Antonio Parra?

Fue una estúpida y lo supo de inmediato. “Pendeja, de lo que se trataba era de coger, dejarlos bien exprimidos y contentos y después largarse muy oronda a esconder el dinero debajo del colchón.”

Pero su error era comprensible: Estrella sólo tenía dieciocho años y a penas tres meses en la calle vestida de minifalda, tacón y blusa ombliguera.

Un caballero elegante, bien parecido y de buenos modales la llevó al lujoso departamento de un edificio que parecía la torre de un castillo. A través de los ventanales se veía toda la ciudad. Y sólo tuvo que bailar mientras se desnudaba. El caballero sólo quería observarla. “Cuando llegó el momento de completar el desnudo titubeó, pues no quería mostrar ese miembro flácido que le daba tanta vergüenza y que siempre trata de ocultar con bragas de refuerzo doble. Sin embargo, una desesperación vibrante en la voz del hombre la hizo darse cuenta de que eso era precisamente lo que él deseaba ver. Reprimió los escrúpulos y pensó en cualquier cosa para no imaginar cómo se vería con sus senos siliconeados y su verga infantil, hasta que con un sonoro resuello el caballero acabó de masturbarse en un rincón oscuro de la habitación.” Eso había sido todo. Así de fácil había obtenido hartos billetes.

Pero había cometido el error de mencionar lo del dinero. “Háganme lo que quieran, nomás no me quiten lo poquito que traigo.” A los polis les cambió la expresión, a fin de cuentas se habían acercado sólo buscando que el “putito” les hiciera un trabajito.

Y he ahí a Estrella, en la patrulla, en medio de los dos polis que sabían lo del dinero. Así es como se dirigen a un lugar desolado. Teme ser despojada del dinero, pero también le excitan los dos policías.

Una vez debajo de la patrulla, comienzan a desnudarla violentamente. La linterna de uno de los polis se dirige a la ropa interior de Estrella, hay en ésta un dobladillo de billetes verdes. “Son para mi operación”, balbucea. “Ah, chingá, ¿pos a poco estás enferma?”, se burla uno de los polis. “Por favor no me lo quiten. Son para...”, trata de explicar la puta. “Eran, preciosa.”, le informan los uniformados.

Así es como Estrella aprenderá una lección: “¿Cuántas veces le han advertido las otras que con la ley chitón, sí señor, lo que usted mande, ya sabe que estoy para darle gusto?”


4. ¿Te gusta el látex, cielo? Es una novela corta de la escritora chiapaneca Nadia Villafuerte (más información aquí).

Las historias de Villafuerte tratan de migrantes, personas acosadas por la miseria, el amor, el desamor, las traiciones, los fracasos, el dolor, los deseos de venganza o redención por medio de la muerte.

Helena, quien antes de trabajar en El Bombay no llevaba la H en su nombre, es una prostituta. Es “reclutada” por Glenda, el travesti dueño de El Bombay, lugar que heredó de sus padres como restaurante, posteriormente él/ella le dio el “pequeño” giro al establecimiento.

Para la protagonista “ser puta había consistido más en hacerse tramposa que en desnudarse. Se paseaba por los pasillos del Bombay como un ángel infeliz capaz de pegarse a cada rato, con resistol, las alas.”

Duda de todo cuando ese todo esté saliendo demasiado bien. Tal parece ser la terrible y cruel enseñanza de esta historia. Pero no es la única.

A veces hay que arrojar nuestros sueños al bote de basura. ¿Otra lección más? “en cualquier parte buscamos la oportunidad de tirar al de arriba para poder comprar unos zapatos un poquito más caros.”

Lecciones y más lecciones. Y cada vez más cruentas, a fin de cuentas, la vida pocas veces es amable...

Helena reflexiona: “es que sale cada tipo que cree que una puede aceptar lo que sea por dinero... Lo peor es que es cierto.” Helena exigiendo honestidad a sus compañeras de trabajo: “no sean hipócritas, brincos dieran por tener un cúter y ensartárselo a sus madrecitas, no vengan con que las extrañan...”

Helena había descubierto su vocación desde pequeña, es decir, algo le decía que había nacido para putear. “El destino, escrito o no, era irreversible: se lo decía la punzada en sus tetas cuando le crecieron, el calor sensual de la costa, ese cosquilleo que sintió al escuchar por primera vez a su madre: terminaría igual, de putilla infeliz como le dijo el borracho aquel, o de puta con categoría en alguna cantina de ciudad grande. Supo que había sacado lo piruja y lista porque no se quedaría ahí, y fue entonces cuando de pronto, caída del cielo, bajó esa mujer que tenía una actitud rara, indefinible, incluso cuando algo intuyó entre las cortinas del primer hotel donde se quedaron, escuchando a Glenda bañarse. Ya tenía mala sangre, como la leche agria de los hombres que la montaban. Nunca había creído en el amor (...) Definitivo, no creía en las mujeres que dormidas sobre el pecho de sus machos, obtenían la promesa de matrimonio, ese requisito en el que de todas maneras se entregaba el coño envuelto en una tela de fino encaje.”

Instigada por Antero Rojas, Helena asesina a Julio Nazar. Ambos políticos. Rojas recurre a Helena porque a Nazar –a pesar de estar casado- le gustaba ir de putas; además, de esa forma sería más fácil deshacerse de cualquier evidencia que pudiera señalarlo como culpable.

“¿Es de esos que, si se encela, es capaz de ensartar un cuchillo en las nalgas?”, preguntó Rojas a Helena, se trataba de una información valiosa acerca de Glenda. Así fue como el plan comenzó a tomar forma.

Helena finge ante Glenda: “¡Me humilló! Ese cabrón al menos se va a acordar de mí antes de que me chingue, si de todos modos me deporta, al menos va a quedarse con una cicatrizota como la que me hizo... ¡Lo voy a madrear, lo voy a hacer yo, me vas a ayudar, cómo diablos no, una navaja y voy a ensartársela en la cara!”

Helena miente. Le asegura a Glenda que Nazar, además de golpearla, le ha marcado el rostro con una navaja. La herida, a petición de ella, se la hizo Rojas. Tenía que ser convincente. Helena, a fin de cuentas sabía mentir bien.

El plan consistía en provocar el enojo de Glenda, de forma que entre las dos le dieran una golpiza a Nazar. Bueno, Helena tiene en mente que “se les pase la mano”.

Helena lo hacía para asegurarse un futuro mejor. “¿Sabes cuánto es mucho dinero?”, le preguntó Rojas. A Helena le brillaron los ojos.

Helena debía confiar en Rojas, y Rojas en Helena. “¿Cómo se que me vas a cumplir?”, pregunta Helena. Rojas responde: “¿Y cómo sé que no te vas a rajar? Porque si te rajas, óyeme bien, esa boca preciosa que tienes, ya no me la va a chupar.”

Helena traicionará a Glenda, pero Helena será traicionada por Rojas.

Al final de su novela corta, Villafuerte reconoce su deuda de gratitud con varios escritores, entre ellos Ed. Wood Jr.

El travesti dueño del Bombay se llama Genaro, a veces le llaman Glen, a veces Glenda.

"Glen o Glenda" es el título de una cinta dirigida por Ed. Wood Jr, dicha cinta trata el tema del travestismo. Wood ha sido llamado el peor director en la historia de la industria cinematográfica (título que se disputa con Juan Orol). El mismo Wood dirigía sus cintas travestido.

En 1994 Tim Burton le rindió un homenaje a Wood al dirigir una película sobre su vida. Johnny Depp interpretó al excéntrico director de cine. La cinta -específicamente- muestra la forma en que Wood filmó Plan 9 del espacio exterior.

Burton ha dicho que es muy delgada la línea que separa al éxito del fracaso, de Plan 9 se ha dicho que es la peor película de la historia, sin embargo -nota Burton- hoy ganas premios filmando películas así.

lunes, 11 de octubre de 2010

CASA LIBERTAD 1

En mayo del año pasado comencé a fotografiar grafittis. Ahora tengo el proyecto de hacer fotografía urbana. En esta entrada subo algunas imágenes de los murales que se pueden ver a las afueras de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), plantel Casa Libertad (que se encuentra en Iztapalapa).


martes, 5 de octubre de 2010

El cine Teresa apareció en la portada del número 68 de la revista Generación, y aunque éste salió a la venta en el año 2007, yo lo compré el año pasado en la librería de la Biblioteca José Vasconcelos, que está a las afueras del metro Balderas (esa biblioteca ha sido uno de mis lugares favoritos en mi vida de pata de perro; tienen un buen acervo de libros, cuentan con hemeroteca, proyectan películas, constantemente se imparten talleres –en el 2008 participé en uno de literatura de terror impartido por el escritor Alberto Chimal, a quien le realicé una entrevista que puede leerse aquí-, hay exposiciones y servicio de cómputo; además, el tianguis que se pone a un costado tiene revistas, libros, cómics, discos, fotografías, etc. Como ya dije, se encuentran tesoros de todo tipo).


El director de Generación era Carlos Martínez Rentería. En el editorial, entre otras cosas, expresaban: “El tema central es resultado de una conversación etílica con el escritor y reseñista cinematográfico Mauricio Montiel, quien propuso coordinar un número especial con el tema ‘Historias de ir al cine’, y con la premisa de advertir como en muchas ocasiones, que la simple experiencia de ir al cine es más trascendente en nuestras vidas que la película misma.”

Guillermo Samperio abre el tema central con el relato “Penélope”. Samperio imagina la mejor compañía que puede tenerse para ir al cine... Después de todo ¿no te agradaría recibir un buen sexo oral en caso de que la cinta resulte aburrida?

A continuación encontramos una entrevista al crítico de cine Jorge Ayala Blanco, misma que realizó Donato M. Plata y que lleva por título “Perder la virginidad en el cine”. Veamos algunas de las mejores declaraciones de Ayala Blanco:

He dicho que perdí mi virginidad a los 16 años en la sala Mina y es literal. Antes la gente no sólo vivía en las salas, sino hasta copulaba en ellas. Eran salas tan gigantes que había tiempo de todo: ir a platicar, de pasearse, de fajar con la novia. También ahora, pero es mucho más impersonal. Los cines de antes eran más eróticos, afrodisiacos. Yo descubrí mi vocación viendo películas en este tipo de cines desde muy pequeño. La película que más recuerdo de aquellas épocas es La Bella y la Bestia (1946) de Jean Cocteau.

Sobre la gente de la que aprendió:

Yo tuve como maestros a gente como Juan Rulfo, Juan José Arreola y Efraín Huerta. Rulfo por ejemplo era un cinéfilo formidable. Le gustaba mucho el cine y platicaba mucho de cine. Le encantaba lo que escribía y me defendía con los otros escritores que me apabullaban porque mi prosa les parecía mucho de vulgaridades, de muchas palabrotas. Y él era el único que me defendía. De hecho él trabajó en la RTC, en la Dirección de Cinematografía, en censura. No duró mucho, pero de todas maneras se acordaba de eso. Entonces sí, Rulfo era un buen cinéfilo. A mis otros dos maestros como Juan José Arreola no les gustaba mucho el cine. Otro de los grandes maestros y amigos que tuve, y del que aprendí mucho en la forma de escribir crítica, mezclando lo popular con lo exquisito fue Efraín Huerta, quien era además un cinéfilo maravilloso. Por él decidí ser crítico de cine a los 12 años de edad, cuando leía Luneta de Cuatro Pesos y Cuéntame la Película que eran críticas suyas escritas para el Fígaro, las cuales nunca firmó. Sí, Huerta era un cinéfilo maravilloso, adoraba el cine. Toda esa erotomanía la volcaba en la pluma y en sus críticas, que constataba con toda la mamonería y pedantería de los escritores de esa época.

Sobre los críticos actuales:

Hay de todo. Hay gente muy rescatable, gente preparada como Rafael Aviña, Carlos Bonfil, José Felipe Coria. Y gente que finalmente no son más que simples críticos de espectáculo, que podrían escribir de cine, futbol o toros, y da exactamente lo mismo. El problema claro es el de abuso del marketing, es el punto de vista de las distribuidoras que todos los periódicos, incluso los de izquierda, reproduzcan el mismo resumen y hasta la misma crítica, lo cual es vergonzoso.

¿Son los críticos de cine cineastas frustrados?, pregunta M. Plata y Ayala Blanco responde con un genial sentido del humor:

Pues más bien sería al contrario: los cineastas son los críticos frustrados porque les gustaría hacer la crítica de su película y no la porquería que tienen que dirigir. Más bien es al contrario.
Ese comentario me recuerda cuando asistí a un ciclo de cine-debate de cine mexicano en el Museo de la Ciudad de México en el que –y es lo que lo hacía más interesante- participaron los directores y actores. Al director de Y tu mamá también el público le preguntó sobre la crítica, a lo que éste respondió que su trabajo estaba más allá del bien y del mal y que la crítica le valía un pepino. Obviamente no fue la respuesta textual, no estoy citando de memoria, pero esa fue la idea.


Rafael Salgado colaboró con el texto “De los de piojito a las MEGAPANTALLAS”. Se trata de un texto bastante sobrosón que comienza así (se les llama “salas piojito” a las salas populares y baratas):

Los cines de antaño son como los viejos amores, conforme pasa el tiempo se idealizan, rememoran, reinventan y añoran. Y las nuevas salas cinematográficas se presentan como las top models: grandotas, llenas de accesorios, exageradamente artificiales y frías, muy frías.
Desde el nombre, las agringadas salas ya llevan las de perder. Imposible comparar nombres como “Savoy”, “Cosmos”, “Lido”, “Opera”, “Palacio Chino” v.s. Sala 1 de Miramontes; 4 de Santa Fe; 6 de Pericoapa; Sala Cinplus 3 Bosques.

La comodidad que ofrecen los recién construidos es relativa; en los antiguos cines “Río” y “Teresa” exclusivos para calenturientos y chaqueteros quien llegaba temprano tenía el privilegio de subir las patas al respaldo de adelante y al “gil” que le tocaba sentarse ahí tenía de dos: se jodía toda la película o la armaba de pedo si era picudo y venía en flota. En otras butacas no faltaba quien se acurrucara sobre las rodillas de su reinita y tenía función privada. Eso sí era pasarla bien.

Tampoco había pedo de poder meter a escondidas una buen aginebra camuflageada en el clásico jugo boing de naranja; si no se hacía mucho pancho, la acomodadora –generalmente una ñora regordeta y excesivamente pintada- ni cuenta se daba, pues prefería atender los embates jariosos del boletero o el poli en turno, que ¡cómo evitarlo!, también se les subía la temperatura al ver aunque fuera en blanco y negro las, en aquel entonces, atrevidas escenas de mundialmente reconocidas reinas de las hot pictures, quienes dejaban ver sus grandes “cualidades”, eso sí todas naturalitas.

El desmadre en los cines de barriada o “piojito” “Tlacopan”, “La Raza”, “Monumental”, “Bahía” comenzaba al atravesar las gruesas cortinas y cómplice de la penumbra no faltaba el clásico grito “¡ya llegué hijos de su pin...!”

El sitio de los ladillas B era en medio y del lado izquierdo. Ahí se colocaban todos los mentamadres, quienes armados de garbanzos, cerbatanas o cacahuates japoneses se dedicaban durante la doble o triple función a molestar a quienes buscaban lo más obscurito, el rinconcito para el clásico RCA (Rico Caldo Amistoso).

Cuantos chamacos, hoy muchos de ellos ya treintones no fueron engendrados en los cines “Lux”, “Majestic”, “Roxy”, de las colonias San Rafael y Santa María, los cuales tenían entre sus principales clientes a las docenas de estudiantes de los turnos vespertinos de las secundarias cercanas, quienes para no tener “perejil” con algún inspector que no permitía la entrada a menores se ponían el uniforme color caqui camis, playera o suéter de vestir y poder colarse.


El “Lexicom del cine pornográfico” estuvo a cargo de Francisco Oyarzábal. Van a continuación algunos términos.

Annilingus (besar el ano). Esta práctica, igualmente conocida como beso negro, lo practican más los varones con las mujeres, ellas lo hacen de manera irregular pues muchos hombres por ciertas resistencias lo consideran acto de homosexuales.

Cum shot (eyaculación). Como regla no escrita toda buena película porno debe presentar una provocadora escena de eyaculación. En Holanda se realizó el filme recopilatorio 1,001 cum shots, y presenta sólo eso: sesiones múltiples de eyaculaciones sobre bocas, tetas, vaginas, nalgas y...

Cunnilingus (sexo boca-vagina). De empleo común y probada eficacia en películas de relaciones heterosexuales hoy se utiliza más en filmes lésbicos con cunnilingus simultáneos.

Fellatio (sexo boca-pene, felación). Ante la cámara y reflectores la actriz chupa el pene de un actor hasta causar el orgasmo, para agrandar el efecto visual debe exagerar la gestualidad, movimiento corporal y fogosidad, en ocasiones chupa varias vergas a la vez. Son de las porno-stars más deseadas por el cinéfilo varonil.

Fist-fucking (penetración con el puño). El ano o la vagina son los receptores de esta parte del cuerpo, las nalgas deben ser firmes, carnosas y respingadas, hoy día parece que esta práctica está erradicándose en Estados Unidos.

Colaboraron también: Fernando Nachón, Bibiana Camacho, José Uzquiza Araúzo, Carlos Bortoni y Eusebio Ruvalcaba.

Además hay un artículo sobre José Agustín y la contracultura, otro sobre el padre del LSD: Albert Hofman. Aparecen también fotografías de Héctor García, se trata de un experimento fotográfico llamado “Las hijas de Eva” y que consistió en una sesión de desnudo femenino.